El "test" de Bilbao     
 
 ABC.    20/08/1983.  Página: 11. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

EL «TEST» DE BILBAO

CIUDAD por ciudad, pueblo por pueblo, aldea por aldea prosigue el pulso de la bandera española en las provincias vascongadas. La cadena de fiestas de cada uno de estos colectivos urbanos y rurales es transformada en un rosario de tensiones y provocaciones en torno a la enseña nacional. Hoy comienzan las fiestas de Bilbao, le toca el turno a esta gran urbe vasca, y ya en sus vísperas los concejales socialistas acordaron no participar en los actos oficiales municipales si en la casa consistorial no ondea la bandera española junto a la de la Comunidad autónoma. La posibilidad de que se reproduzca en las calles bilbaínas lo que sucediera hace unos días en San Sebastián es algo más que una probabilidad.

Frente a la presión del Grupo independentista Herri Batasuna, en el sentido de izar solamente la bandera vasca, se alza en solitario el Grupo Socialista defendiendo la obligación constitucional de que la bandera española ondee en todo el territorio español. No ha sido ése el criterio de la Comisión permanente municipal de Bilbao, que ha decidido no colocar ninguna bandera en el exterior del Ayuntamiento «en evitación de situaciones difíciles». Es decir, una vez más el Partido Nacionalista Vasco rehusa hacer frente a sus responsabilidades gubernamentales en Vascongada Vasco y opta por ceder una solución de compromiso, precisamente con quienes tienen como estrategia el fracaso de la democracia, y la rotura de la unidad de España.

Pero no sólo es un error político y una equivocación moral hacer de Poncio Pilatos en este crucial asunto, sino que, además, es ilegal. Un acuerdo de una Comisión, permanente del Municipio de Bilbao no tiene competencia para modificar una disposición con rango de ley, que establece el «uso de la bandera nacional y otras banderas y enseñas». Desde el punto de vista político, moral y legal, los concejales del Partido Nacionalista Vasco actúan incorrectamente y facilitan el campo de actuación de Herri Batasuna.

La parte de razón que pudieran tener en el difícil contencioso autonómico la

pierden con este tipo de acuerdos, que proporcionan toda clase de argumentos a los que son firmes adversarios de la concepción constitucional de España

Todo conduce, pues, a que las fiestas de Bilbao se transformen en un «test» sobre la capacidad del Gobierno Central de hacer cumplir la Ley . La política socialista es clara y tajante, ABC que no es socialista reconoce los méritos gubernamentales en este capítulo, y sólo falta comprobar cómo se traducen en hechos. El dilema es claro: o se hace respetar la Ley democráticamente o se podrían plantear situaciones de videncia, lamentables para todos los que defendemos la Monarquía constitucional.

 

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