Países catalanes     
 
 ABC.    20/08/1983.  Página: 11. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

PAÍSES CATALANES

POR sí tuviéramos pocos problemas autonómicos reales y profundos —llevamos un estío repleto de sus expresiones más virulentas—, la estulticia de los responsables de un programa televisivo, ayudada por la vagancia de la canícula, ha facilitado el marco de la pequeña pantalla para reabrir las viejas heridas no cerradas de la polémica entre los partidarios de la tesis del Reino de Valencia y los partidarios de la tesis del País Valenciano; disputa tras la que se esconde la controversia sobre los denominados Países Catalanes.

Cerrada hace ahora justamente poco más de un año, con la firma del Estatuto de autonomía de la Comunidad valenciana, Televisión Española se complace en resucítarla emitiendo un programa enlatado que fuera filmado meses antes de la rúbrica que, precisamente, puso punto final a una amplia discusión sobre este tema. Emitir en la actualidad la opinión de cuatro intelectuales, defensores de una sola de las posiciones, es, cuando menos, una torpeza y una provocación gratuita para quienes entienden que desde cualquier punto de vista Valencia no tiene nada que ver con Cataluña.

Resucitar en estos momentos la propaganda sobre la catalanidad de los valencianos, tesis muy discutible y que se sustenta sobre una visión muy sesgada y parcial de la Historia, es, envenenar aún más el enturbiado clima autonómico.

No existe hoy ninguna fuerza política responsable, ningún Gobierno central o autonómico, que sustente tan peregrina tesis. Los mismos órganos autonómicos catalanes son ajenos a este «show» intelectual y nadie con responsabilidad es partícipe de esta frivolidad, que nunca debió de ser emitida.

Con excepción de reducidos núcleos de intelectuales, es ya una polémica cerrada y bien cerrada, y demasiados son los problemas de Valencia o de Cataluña para entrar en una guerra «histórica» entre unas Comunidades autónomas y otras. La discusión quedó zanjada en su momento y ahora con la firma del Estatuto, y cada cual puede ser libre de entregarse a las disquisiciones o interpretaciones históricas que desee sin que las pantallas de televisión sean cajas de resonancias de estas divagaciones.

Sólo faltaba a la cuestión autonómica que a las tensiones entre el Gobierno central y las Comunidades históricas se añadiera artificialmente tensiones entre unas autonomías y otras atonomías, y conflictos entre los simpatizantes y adversarios de una autonomía vecina en el interior de otra autonomía. La España de las autonomías es ya lo suficientemente un galimatías, lleno de potenciales efectos destructores, para que la irresponsabilidad de la televisión estatal añada leña al fuego. Hurgar en estas viejas heridas carece de sentido, si se actúa desde una perspectiva democrática.

 

< Volver