Posible reforma constitucional     
 
 ABC.    12/08/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

POSIBLE REFORMA CONSTITUCIONAL

DESPUÉS de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre la LOAPA, que queda desarbolada y prácticamente inútil para la finalidad de armonización que pretendía, resulta patético el intento del Gobierno, manifestado por el ministro de Administración Territorial, de proceder a la inmediata entrada en vigor de los restos flotantes de una norma hundida.

El fracaso de la LOAPA es irreversible y no puede ser disimulado por muchas y sutiles diferencias que se hagan entre el fondo y la forma, entre la jurisprudencia precedente y la sentencia posterior, al servicio de un triunfalismo gobernante que en un régimen democrático de libertades carece de sentido.

. Solamente una consideración, importante desde luego, abona el propósito de mantener vigentes los residuos de la

LOAPA: eludir, de momento, el grave asunto de la reforma constitucional del título VIII. Planteamiento que no rehuyen ya algunos partidos de los situados en los escaños de la oposición, pero que significaría, evidentemente, un desafío arriesgado e inoportuno del Partido Socialista, en el Poder, a amplias masas de su electorado, en el País Vasco y en Cataluña, ante las próximas elecciones autonómicas.

Entran, así, en conflicto loa intereses de partido y los intereses políticos nacionales, que deben ser precedentes, en todo caso, porque no es admisible que la expresión del pluralismo político, que corresponde a los partidos, se sobreponga, como finalidad, al mantenimiento de la unidad de la nación española, definida «indisoluble» en la Constitución.

El gran tema por resolver, y que alguna vez tendrá que ser abordado con claridad y con plenitud, sigue siendo una estructuración el sistema autonómico, del llamado Estado de las Autonomías, qué haga compatible una razonable transferencia de funciones y competencias con una España unida, vertebrada. Pues bien, en la medida en la que la LOAPA perseguía esta finalidad, su propósito era digno de mejor suerte. Y de ahora en adelante será necesario buscar otros caminos que conduzcan a la misma meta.

Porque ¿cómo no comprender que España será un país ingobernable con diecisiete Gobiernos y Parlamentos que resulten colocados, al menos de hecho, al mismo o análogo nivel de competencias?

Este horizonte, aun siendo menos inmediato que el de las elecciones autonómicas; no está tan lejano en la perspectiva política española. Y la política, en la mayor parte de lo que no es anticipación, con previsión de soluciones, es fracaso.

Considerar posible una reforma constitucional, cuando la propia Constitución regula su trámite, no debe producir escándalo alguno. Prever que, en relativamente poco tiempo, puede resultar inesquivable un debate parlamentario sobre el título VIII, sin excluir su posible reforma, no nos parece ni opinión osada ni previsión que el realismo político permita descartar.

 

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