Autor: ;GALLEGO & REY. 
   González: la Constitución y la democracia     
 
 Cambio 16.    18/11/1991.  Página: 80-81. Páginas: 2. Párrafos: 11. 

González: la Constitución y la

JOSÉ Manuel Cuenca escribía hace escasas semanas un artículo titulado «Un personaje histórico», referido a Felipe González (Diario 16, 24-X-91) en el que este profesor señalaba, entre otras cosas, que «la figura del actual jefe del Gobierno no ha inspirado estudios biográficos de cierta ambición y análisis de algún calado». Causa sorpresa ciertamente la insistencia de Cuenca Toribio en la supuesta complejidad personal y política de González, porque no es la primera vez que dice esta banalidad. Ya en su momento, al haber realizado Cuenca una crítica tan superficial como desenfocada y malintencionada del libro La ambición del César—retrato biográfico de González—, recibió el correspondiente varapalo respuesta por parte de Amando de Miguel, uno de sus coautores.

La verdad es que la persona de Felipe González, a estas alturas es ya algo transparente, cristalino incluso para los iniciados, sin mayores recovecos ni rincones oscuros en sus perfiles psicológicos, ideológicos o políticos y más allá de sus calculados silencios al amparo de la famosa «ambigüedad calculada», Ignoramos qué misteriosas honduras, qué insondables y densas profundidades espera Cuenca Toribio que se desvelen.

Este profesor sustenta su a todas luces excesivo titular, «Un personaje histórico», primero en lo que parece un claro desconocimiento del funcionamiento de las democracias europeas y la verdadera separación de poderes y el respeto a las minorías.

Y en segundo lugar, en el hecho de que el jefe del Gobierno español es el que más tiempo ha permanecido en el poder ininterumpidamente sin haber cumplido ni siquiera los 50 años. Bien es verdad que Cuenca se guarda mucho de pronunciarse sobre la maldad o la bondad del decenio felipista, aunque la tesis del artículo y el titular ya introducen un subrepticio y evidente sesgo a su texto.

Este tipo de análisis cae siempre en esa gruesa disfuncionalidad óptica —a la que tan aficionados son los espíritus autoritarios cuando alguien analiza su trayectoria política o histórica— que se deriva de intentar realizar un análisis microbiológico para dilucidar la naturaleza de un germen o acaso las peculiaridades histológicas de un tejido humano, pero utilizando un telescopio.

Arduo intento hablar de González como personaje histórico, desdeñando la utilización del microscopio para conocer la verdadera situación de la democracia española. Es un ejercicio de muy escasa seriedad intelectual cuando no una burda trampa para obtener fines muy determinados.

Analicemos someramente dos recientes acontecimientos que desvelan hasta qué punto el espíritu y hasta la letra de nuestra Constitución son tenidos en cuenta por parte de Felipe González. Una serie de circunstancias, felices unas, casuales otras, se concatenaron para convertir Madrid en el primer lugar de encuentro de árabes y judíos en torno a una mesa de paz.

democracia

JOSÉ LUIS GUTIÉRREZ Y GALLEGO & REY

Nuestro papel, como se sabe, no era otro que el de meros anfitriones y el hecho histórico —ése sí— ofrecía una ocasión de oro para que el jefe del Estado —que según el artículo correspondiente de la Constitución asume la más alta representación de la nación en los asuntos internacionales— leyera el discurso de bienvenida, que, por tanto, hubiera debido ser pronunciado por el Rey Juan Carlos. En su lugar, lo hizo González y, para colmo, con una pieza oratoria llena de tópicos, lugares comunes, sin altura, en la que incluso llegó a mencionar el tráfico de Madrid.

Por otra parte, hemos visto cómo recientemente los barones socialistas han acudido al Palacio de la Moncloa donde habían sido llamados por González para intentar contrarrestar la imagen y la sensación de enfrentamiento y división en el seno del PSOE que se han transmitido a la opinión pública con este encuentro, todos sonrientes y en fotogénica armonía.

Tras desvelarse las críticas de Guerra contra Felipe

González se hace una foto igual que se hizo en Andalucía intentando inútilmente recuperar aquella armonía del pasado de la foto del dan de la tortilla de hace 25 años.

A esto le llaman «hacer política». Se trasladó por tanto una reunión típica del partido a la sede de la presidencia del Gobierno. Nunca en tan corto espacio de tiempo y con tan reducido número de elementos y decisiones se ha llegado a plasmar en la realidad, esa situación, de tintes claramente autoritarios, con tanto anclajes en el régimen anterior, en la que se confunden tres dimensiones institucionales —partido Gobierno-Estado— para convertirse en un extraño y nada edificante ejemplo.

Desestabílizar a Aznar

ES todo lo mismo, las mismas prácticas de siempre. Aznar, de cara a las próximas elecciones, es enemigo a batir o por lo menos a desestabilizar, como también lo es Izquierda Unida. Jesús Gil y Gil, este estrafalario y lamentable personaje con su no menos atrabiliario partido, el GIL, será apoyado por el PSOE para que cumpla las mismas funciones que realizó el disparatado Ruiz-Mateos en las europeas de 1989, que le restó al PP y al CDS más de 700.000 votos. Por otra parte, se está atizando desde el PSOE la disidencia interna contra Aznar y como siempre aparece el inevitable nombre de Miguel Herrero —que menudo papel está haciendo en la transición de este país— y algún otro que revelaremos en un futuro próximo.

 

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