Autor: Herren, Ricardo. 
 Informe. 
 La ciudad ideal de España  :   
 Santander es la capital ideal para vivir plácidamente. 
 Cambio 16.    20/04/1981.  Página: 40-43. Páginas: 4. Párrafos: 40. 

Informe

La ciudad ideal de España

Santander es la capital ideal para vivir plácidamente

EN qué ciudad española se vive mejor? Posiblemente cada uno de los treinta y ocho millones de españoles, más algunos extranjeros, tendrán una respuesta personal. Pero, probablemente, poco válida para todo el mundo, porque es bien sabido que cada uno habla de la feria según cómo le fue en ella. Y, además, porque en las muy respetables opiniones de cada uno se mezcla el sentimentalismo, las predilecciones individuales y otros factores que carecen de validez universal.

CAMBIO 16 intentó responder a esa pregunta por un método más frío, clasificando y analizando indicadores matemáticos que fueran capaces de dar una idea suficientemente objetiva y aproximada de las condiciones de vida en cada una de las capitales de provincia, además de Ceuta y Melilla.

Es cierto que hay ciudades españolas sin capitalidad que. a priori, presentan encantos mayúsculos y que no están incluidas en este estudio. Pero no había más remedio que hacer una selección previa, a riesgo de perderse en las complejidades de una tarea ciclópea y, en definitiva, poco clara.

Ya fue casi ciclópeo el largo peregrinaje por ministerios y otros organismos oficiales a la búsqueda de estadísticas válidas. No sólo porque España parece estar a niveles tercermundistas de escasez en la materia, sino también por otras dificultades adicionales. Entre ellas, la vieja manía de nuestros burócratas de sacudirse el problema de encima mandando al curioso al responsable del siguiente departamento, éste a un tercero y así sucesivamente. Dificultad que se suma a esa pasión paranoica de la Administración (tan poco democrática, por cierto) de asegurar que el más irrelevante dato estadístico es

un secreto de Estado, para desvelar el cual se necesita poco menos que la autorización del presidente del Gobierno.

La ineficacia de los responsables de centralizar las estadísticas se advertirá no sólo en la ausencia de algunos datos que hubiesen sido ilustrativos y que no existen, sino también en la vieja data de los últimos estudios disponibles y en la dispersión de otros que se convierten en prácticamente inasequibles.

En un trabajo de esta naturaleza hubiese sido deseable incluir un parámetro básico como la alimentación,, cuyos niveles se podrían medir aproximadamente por el consumo de proteínas por unidad poblacional, lo mismo que en el mercado de productos alimenticios. Tales estadísticas no existen. Del mismo modo que no existen las referidas a otros aspectos básicos como la proporción de espacios verdes que ofrece una ciudad, la medición completa y fidedigna de los niveles de contaminación del aire y de las aguas por capitales de provincias, el déficit de puestos escolares y un largo etcétera.

Es probable que cada uno de los cincuenta y dos ayuntamientos capitalinos dispongan de algunos de estos datos.

Pero un prolongado periplo por toda la geografía nacional hubiese obligado a fijar como fecha de publicación de este trabajo las calendas griegas.

Con todo, por primera vez se ha conseguido reunir un número suficiente de indicadores como para permitir establecer una clasificación verosímil respecto a la calidad de vida por ciudad capital de provincia.

Economía y trabajo

En el aspecto económico se ofrecen los índices de coste de vida calculados por el Instituto Nacional de Estadística, los que sorprenderán a más de uno: no es Madrid, Barcelona o Valencia la ciudad más cara de España, sino Burgos (con la salvedad de que las cifras únicas disponibles- son por provincias y no por capitales).

El ingreso per cápita en cambio -igualmente provincial- no deja espacio para muchas sorpresas: las ciudades ricas son las que todos conocen o imaginan, y las pobres lo mismo.

Por último, se ha tomado el índice de paro sobre la población activa que sólo tiene un rasgo curioso: donde hay pocos habitantes (y, consecuentemente, nunca hubo abundancia de puestos de trabajo) también hay poco desempleo, como es el caso de Avila o Soria.

En la sanidad hay dos indicadores suficientemente elocuentes de las disponibilidades existentes cuando llegue el mal momento de enfermar: el número de habitantes que corresponde a cada médico y el número de habitantes que corresponde a cada cama de hospital. Salamanca donde al parecer se quedan muchos graduados en la Universidad local dispone de un alto número de médicos, lo mismo que las dos grandes

capitales de España. Ciudad Real y Orense aparecen en la cola.

Con respecto a la salud mental, el número de suicidios que se registran a lo largo del año, en relación con la población, suele tomarse como un indicativo aproximado de mayor o menor malestar -generalmente, síndromes depresivos-que conducen a adoptar esa decisión fatal. Y aquí puede haber otra sorpresa: no son las grandes urbes y su stress las que provocan el mayor número de suicidios, sino ciudades o provincias tan bucólicas como Huesca o Toledo, aunque a la cabeza esté Gerona (¿será por la tramontana?), con seis gerundenses suicidados por año cada 10,000 habitantes.

COTÍ todo, en Gerona parecen dirigir la agresividad nías contra sí mismo que contra el prójimo. Porque en materia de seguridad ciudadana (tanto por mil de delitos comunes en general) la ciudad no ocupa un sitio demasiado destacado. El palmares se lo lleva, sin lugar a dudas, Pontevedra, con un índice equivalente a más del doble del de Alicante, que le sigue detrás. Las ciudades más

seguras parecen coincidir con las más apartadas y deshabitadas o. al menos, con algunas de ellas: Teruel, Guadalajara. Avila, Albacete, Ciudad Real, Cuenca.

Clima

En materia de clima hay gustos para todos. Sin embargo, parece ser un criterio mayoritario que es mejor vivir en un clima seco (las lluvias suelen ser más útiles en el campo que en la ciudad), con temperaturas no muy extremas. Teniendo en cuenta la diferencia entre máxima y mínima anual, Albacete sufre el clima más extremo de todo el país, mientras que las capitales cananas gozan de una primavera consterne durante casi todo el año. Claro que a Las Palmas habría que añadirle la pega de la panza de burro y a ambas capitales los periódicos sirocos del desierto.

Para los que gusten de los climas predominantemente húmedos y lluviosos. o secos y soleados, se ofrece un cuadro de la pluviometria anual.

La estética urbanística y ¡as posibilidades de escapadas de fin de semana a tas cercanías con atractivos turísticos son imposibles de medir en guarismos estadísticos. Se recurrió a consultar a expertos en turismo, proponiéndoles una clasificación global de toda la ciudad (y no sólo de su parte monumental o más atractiva de I a 5. Lo misino se hizo con los encantos turísticos de las cercanías dentro de un radio de 100 kilómetro;,. No hubo matrícula de honor ¡5 puntos) para la belleza de ninguna ciudad, aunque sí para sus aledaños: al parecer, es mejor lo que hizo la naturaleza que lo que hace el hombre.

Es posible que esta clasificación levante ampollas en algunos de Albacete o Ciudad Real, que vean a su ciudad con un modestísimo I. Lo único que se puede replicar es que ni esta revista ni las personas encargadas del estudio se confiesan forofos de ninguna ciudad, provincia o región en particular y que han procurado ser objetivos dentro del natural riesgo de subjetividad que tiene este aspecto del tema.

La proximidad del mar también se ha tomado en cuenta, porque esto es algo

más que una cuestión estética "o turística. El mar es un morigerador de las temperaturas extremas, un proveedor gratuito e indispensable de yodo, un limpiador de la atmósfera urbana. Y, además, tiene un efecto psicológico nada despreciable.

Educación y transportes

Hubiera sido muy deseable poder ofrecer el dato del déficit de puestos escolares en cada capital. Sin embargo, esas cifras no están disponibles y las que se manejan -dicen los expertos-están adulteradas y manipuladas en función de ciertos intereses de la Administración. Por eso brillan por su ausencia.

Hubo que conformarse con hacer constar si cada una de las capitales provinciales dispone de la posibilidad de seguir estudios superiores completos allí mismo (o en sus proximidades) o no.

Ese mismo criterio se empleó con respecto a los transportes. Hay capitales, como Almería o Pamplona, cuyas vías de comunicación terrestres son deficientes e incompleta. Otras que están apartadas de los grandes centros del resto del país, como sería el caso de capitales gallegas. Pero no hay un criterio objetivo para expresar estas circunstancias de un modo sencillo y fácilmente asequible. Se optó, entonces, por señalar si existe o no un aeropuerto civil con vuelos regulares que comunique a esa capital con el resto del país y el extranjero: quienes viven en una ciudad sin aeropuerto y deben viajar a menudo saben la importancia que este aspecto tiene para la calidad de la vida.

Otro aspecto difícil de sintetizar es el de la contaminación ambiental. En España no sólo hay criterios legales de exagerada largueza en cuanto a la fijación de los niveles de contaminación admisibles, sino que no se detectan componentes químicos en la atmósfera contaminada que son altamente peligroeos, como el plomo. Para no complicar al lector en la lectura de datos químicos inexpresivos para los no iniciados, se eligió consignar la cantidad de días por año en los que los niveles de contaminación han rebasado los máximos admisibles por la legislación vigente, tanto en materia de humos como de óxido de azufre. Esto ya es suficientemente grave y expresivo.

Por último, se han añadido otros datos puramente indicativos que hacen referencia a la cultura o a la distracción, como puntos de referencia. Ha sido imposible medir un aspecto que para muchos puede tener radical importancia: las diversiones disponibles. Murcia, por ejemplo, posee indicaciones de ser una de las ciudades más habitables de España. Sin embargo, la falta de vida nocturna puede convertirla, para muchos, en un soponcio poco soportable. Pero en este aspecto lo importante son los criterios cualitativos sintéticamente inconmensurables- y no los cuantitativos.

Con esta suma de datos se han podido establecer dos categorías opuestas: las diez mejores ciudades españolas en cuanto a calidad de vida y las diez menos favorecidas. No ha sido difícil determinar la mejor y la peor.

Indudablemente, la vida es más fácil en Santander. Dispone de un coste de vida relativamente bajo y un ingreso per cápita (índice de riqueza) más que medio. El paro, a su vez, está por debajo de los límites máximos aceptables ´(8 por 100).

La relación de médicos y camas de hospital por habitante es apropiada en termines comparativos. Los santanderinos se suicidan poco. Y los delitos se mantienen en niveles aceptablemente bajos para una ciudad de 180,000 habitantes.

En materia de clima las temperaturas son poco menos que ideales, aunque las lluvias mojan a los cántabros tal vez demasiado. Sin embargo, gracias a eso el paisaje ofrece encantos poco comunes, que han recibido la máxima clasificación de los expertos: 5. Picos de Europa, mar, escasa polución y pueblos costeros y serranos de una incomparable belleza, de la que no escapa ni la misma capital,

Santander ofrece, además, posibilidades educativas en todos los niveles, aeropuerto bien conectado, un tamaño razonable como ciudad traducible en menos atascos, menos contaminación, menos aglomeraciones, ritmo de vida más tolerable. La suma de todos estos encantos no los tiene -al menos en el mismo nivel- otra capital española.

San Sebastián, tal vez. Pero no se puede ignorar el flagelo del terrorismo, los disturbios casi permanentes, las negras perspectivas de la economía vasca, aunque por ahora Donosti mantenga niveles más que aceptables de riqueza. La capital guipuzcoana ocupa, así. un cuarto lugar.

Murcia y Salamanca se colocan después de Santander. La primera tiene dos encantos por encima de la vieja villa universitaria: la proximidad del mar y la bonanza del clima. Pero Salamanca, aparte de sus bellezas arquitectónicas. es una ciudad bastante más alegre y divertida, con mayor oportunidad de vida cultural que la capital murciana.

Casi tantas oportunidades corno Pamplona, que sigue en orden de prelación. Tiene también la misma pega de su mediterrancidad y su clima extremo, aunque la primera está compensada con la proximidad del Cantábrico. Pero Pamplona se encuentra en un medio politicamente conflictivo.

Algo similar pasa con Vitoria, otra de las capitales ideales. Zaragoza reúne las condiciones apropiadas para figurar después de Vitoria, con. las dificultades de su tendencia a la macrociudad y su índice de contaminación y de paro. Guadalajara, lejos del mar pero próxima a los servicios que ofrece Madrid y la Universidad de Alcalá de Henares, le sigue en orden decreciente. Lérida y Valladolid completan la decena.

En el furgón de cola

Al confeccionar las listas fue más fácil encontrar ciudades poco apetecibles que capitales ideales. La serie de las diez peores no se agota con las escogidas, aunque sí puede afirmarse que hay otras que no son tan malas, aunque dejen mucho que desear. Jaén, una bonita ciudad, ofrece, sin embargo, los peores indicadores. Le siguen Ciudad Real, tan escasa de atractivos, y Albacete, en condiciones similares.

Zamora, aislada en Castilla, y Badajoz, la menos bonita de las capitales extremeñas, acuciada en estos días por la falta de agua y la dura situación económica, completan las primeras cinco del furgón de cola. Lugo, en Galicia, y Huelva, en Andalucía, tienen dificultades suficientes como para aparecer en sexto y séptimo lugar. Por último, Orense, Soria y Cádiz, aunque menos problemáticas, presentan deficiencias en la riqueza, el desempleo (Cádiz, sobre todo), la falta de atractivos y oportunidades que obligan a incluirlas entre las menos favorecidas.

Y ¿de las grandes capitales, qué? Las tres grandes -Madrid. Barcelona y Valencia-quedan descalificadas de la lista de las mejores por su alto índice de contaminación ambiental (algo parecido le ocurre a la bella La Coruña). Accesoriamente la macrociudad no contribuye a hacer la vida más agradable, con los problemas que van unidos a su tamaño. Sin embargo, es el gran conglomerado urbano el que mayores ofertas culturales, y de servicios en general tiene, lo que también las descalifica para aparecer entre las menos favorecidas.

Por eso, a pesar de los forofos madrileños, barceloneses o ches, y a pesar de los que viven protestando por tener que vivir en esos --infiernos», las grandes capitales han quedado excluidas de los primeros puestos para mal o para bien. Todas, "o buena parte de las ventajas que ofrecen, no alcanzan a que sea posible equipararlas a ciudades que favorecen la calidad de la vida. Es mejor gozar de esas virtudes en visitas periódicas que con una residencia prolongada.

Ricardo Herrén

 

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