Informe. 
 El patito feo español  :   
 En un lugar de La Mancha, Ciudad Real dormita, abandonada y sola. 
 Cambio 16.    20/04/1981.  Página: 47-48, 50-51, 53. Páginas: 5. Párrafos: 33. 

El patito feo español

En un lugar de La Mancha, Ciudad Real dormita, abandonada y sola

DICEN las malas lenguas en Toledo que hace tiempo una emisora local organizó un concurso en el que los oyentes tenían que responder acertadamente una serie de preguntas de cultura general. El primer premio era una estancia de siete días con todo pagado en Ciudad Real; el segundo premio -dicen era una estancia de quince días con todo pagado en Ciudad Real.

El chiste, que no hace ninguna gracia a los ciudarrealeños, expresa al menos la triste fama de la capital manchega. «Por Ciudad Real, pasa: ahí no está tu casa», dice una vieja sentencia que parecen tener en cuenta los viajeros que, día a día, van de norte a sur y de sur a norte, de Madrid a Andalucía ida y vuelta, sin fijarse siquiera en esa pequeña ciudad echada a un costado (sesenta y pico kilómetros) de la carretera nacional.

Es que Ciudad Real, pobre, se quedó así chiquita y fea como pocas desde que el rey castellano Alfonso X el Sabío la fundara allá por el siglo XIII, como un pequeño baluarte contra las órdenes militares que por ahí andaban fastidiando al poder real. Ni siquiera montaron el poblado junto a un río, ni en lo alto de un cerro. Por allí cerca ta diez kilómetros) quedan los Ojos del Guadiana, el nacimiento del río que más adelante hace de límite natural con Portugal, más allá las Tablas de Daimiel. Pero en aquellos tiempos no había cómo sacudirse el paludismo que transmiten los abundantes anopheles de las zonas pantanosas y no hubo más remedio que edificar Ciudad Real en medio del páramo manchego.

Los siglos pasaron sobre la fundación monárquica sin mayor pena ni gloria, con su importancia disputada por Almagro, hasta que en la organización provincial española del siglo pasado a Ciudad Real le inventaron una provincia alrededor, una de las más grandes del país y ahí te quedas, le dijeron.

La especulación del suelo y el boom de la construcción de los años del desarrollo franquista, convirtieron en material de demolición las pocas casas típicas y solariegas que quedaban en la ciudad.

Hoy, a la capital manchega le ha quedado lo peor de la vieja y caótica urbanización antigua en el trazado de sus calles, y lo más feo de la arquitectura contemporánea del desarrollismo opusdeiano. Las callejas de Ciudad Real son como los pelos de una melena despeinada con el agravante de que se estrechan y se ensanchan a capricho, se convierten súbitamente en dirección prohibida, se interrumpen sin ninguna compasión por el pobre forastero que, transitando por ellas, termina por pedir a gritos el hilo de Ariadna antes de que se lo coma el Minotauro de la impaciencia.

¿Quién quiere a C. R.?

Por suerte, la ciudad es pequeña, tiene escaso tráfico y uno siempre acaba saliendo al respiro de los paseos que, en forma de avenida de circunvalación, rodean la villa alfonsina, y desde donde se puede salir huyendo de la ciudad.

Huyendo porque para los visitantes no hay mucho que ver en Ciudad Real. Queda, de los viejos tiempos, alguna que otra iglesia y la bonita puerta morisca de Toledo que se ha mantenido en pie interrumpiendo uno de los paseos de circunvalación.

El orgullo de la ciudad es, tal vez, el Ayuntamiento, un edificio moderno de dudosísimo gusto que parece una patada visual colocada allí, junto a viejos soportales, a esa placita de pueblo que todavía sigue llamándose para variar del Generalísimo, y a la piel desconchada de unas casonas de tejas que tiene enfrente.

La sede municipal, obra del arquitecto Fernando Higueras, ha sido levantada con visión de futuro y como olvidándose de un pasado que, por cierto, se ve poco ya: las ordenanzas quieren que cada nueva casa o edificio que se construya en torno a la plaza siga el estilo perpetrado por Higueras.

Los visitantes, claro, suelen recalar

durante muy corto tiempo en la capital manchega, la capitaleja, como dicen sus habitantes. No sólo hay poco que ver, sino que también hay escasos sitios donde estar. La ciudad dispone de un solo hotel de tres estrellas, donde suelen alojarse los cazadores en temporada, los viajantes de comercio y algún turista despistado. Y otro de la misma categoría en la carretera a Daimiel, ocupado por gente de paso que está dispuesta a compartir las habitaciones con las cucarachas y a aguantarse las consecuencias

de la falta de personal de servicio: Sí. «La capitaleja», pobre, tiene bien poco que ofrecer, Y eso no pueden dejar de reconocerlo ni sus propios habitantes, que optan siempre por aludir a que «...sí, pero hay unos sitios preciosos en el oeste de !a provincia que casi nadie conoce...».

Mirando pasar la vida

El cubilete de dados es golpeado estruendosamente sobre el mostrador una y otra vez. En uno de los bares de la plaza del Pilar, Rafael, veintinueve años, aparejador, está jugándose las copas de chinchón con un amigo: eso y las máquinas electrónicas son los deportes tabernarios predilectos de Ciudad Real, para matizar el aburrimiento.

-¡Hombre, claro que esto no es Madrid! Pero es una ciudad tranquila, no hay mucho que hacer, como no sea trabajar y tomar copas con los amigos. Se va tirando...

Rafael gana bien, aprovechando que hay trabajo en las viviendas sociales que se construyen en el Polígono Torreón del Alcázar. Cuando quiere echar una cana al aire, el aparejador coge su coche y en dos horas- llega a Madrid, «porque la verdad, juerga, lo que se dice juerga, aquí no la hay». Tampoco hay menos de eso. Ciudad Real cuenta con sólo dos cines, una que otra sala de fiestas, dos bingos, una discoteca y un solo buen restaurante aparte de los de los hoteles

«Sí, no hay mucha diversión que digamos», reconoce Lorenzo Salas Céspedes, alcalde (UCD) de la capital manchega. «La diversión aquí es en grupos de amigos y en ambientes familiares. En Ciudad Real todos nos conocernos.»

Tristeza manchega

Y, «pueblo chico, infierno grande», claro. El control social funciona mejor que una policía de costumbres: cotilleo, murmuraciones y toda la gama de presiones cotidianas que hacen huir a muchos jóvenes con inquietudes y ansias de libertad.

Como Paco y sus amigos, todos adolescentes, que. sentados en el rellano de una de las ventanas del Ayuntamiento, se dedican a tomar el solecito tibio de la mañana, tras haber decidido hacer pellas en el Instituto.

-Aquí, lo único que puedes hacer es mirar cómo pasa la vida y, mientras tanto, te lo montas como puedes, esperando ser mayor para poder pirarte de Ciudad Real. Aquí por no haber no hay «curro», ni marcha, ni siquiera agua.

A Paco, en realidad, ¡e preocupa muy poco que casi no haya agua, que hasta el café sepa a lejía, que salga el líquido por los grifos con un color marrón de barro, porque el pantano de Gasset que provee a la ciudad se está secando, reducido al 10 por 100 de su capacidad. El y sus amigos se pasan buena parte del día soñando con alguna otra latitud que imaginan mucho más venturosa, linea de marcha y de gente maravillosa.

-Del pantano de Gasset se están yendo hasta los peces: los está retirando leona para que no se mueran.

Es probable que con sus sueños de viajero, tampoco le importe mucho que no haya trabajo en Ciudad Real.

Las capitales en números paro golpea mucho más duramente en los jóvenes. Es un paro de primer oficio, dado el carácter eminentemente familiar de las empresas locales: los que no están vinculados a familias con empresas tienen en estos momentos muchas dificultades para encontrar un primer puesto de trabajo», explica Carlos

María San Martín, director del único periódico local, Lanza.

Eso trae como consecuencia el gamberrismo y aumento de la delincuencia, que tanto preocupa al alcalde Salas Céspedes, autor de un bando reciente exhortando a la población a dar muestras de civismo, escrito en un curioso lenguaje decimonónico. O la emigración, una vieja tradición ciudarrealeña también.

Habitantes de una población triste y sola, los ciudarrealenos han acuñado con motivos una excesiva sensibilidad hacia el mundo exterior. «Se sienten con un complejo de marginación», dice

( mas bella )

(3) Valoración de las disponibilidades en una grabación convencional de 1 (mínimo) a 5 (máximo de posibilidades). En amarillo: las diez primeras de cada columna vertical. En azul; las diez últimas de cada columna vertical.

San Martín. «Por Ciudad Real todos pasan, nadie se queda.»

Los habitantes de la Cenicienta de España tienen, por supuesto, un largo pliego de quejas que presentar al resto del país, sobre todo a Madrid. No hay desarrollo industrial porque nunca se hicieron planes nacionales para beneficiar a Ciudad Rea!. No hay carreteras ni ejes que pasen por la capital y conecten bien a los distintos pueblos de la provincia, porque Ciudad Real ha sido abandonada por los poderes centrales. No hay turismo porque el Ministerio, o Secretaría de Estado, correspondiente no se ha ocupado de promocional las bellezas locales, que son muchas y desconocidas. «Ni siquiera dice el alcalde se conoce la excelente gastronomía local, que es de una variedad inimaginada.»

-Ciudad Real se ha desarrollado poco, pero es que también ha recibido muy poco

Pero no todo es negativo, por supuesto. Los ciudarrealeños han hecho considerables esfuerzos por mejorar el aspecto de la ciudad (los resultados son poco visibles, claro), por erradicar las chabolas y construir viviendas para todos, por dotar a la población de los medios modernos de confort y comunicaciones Y, sobre todo, por mantener una actividad cultural relativamente intensa que venza el aislamiento virtual en que se encuentra la capital.

Vida cultural

«Los anuncios de tipo cultural ocupan diariamente media página casi del periódico», se enorgullece San Martín. Cada semana no faltan las conferencias, exposiciones, espectáculos y conciertos.

Hay asociaciones de todo tipo dedicadas al cultivo de las artes y la cultura en general: desde grupos de coros y danzas, de amas de casa preocupadas por el tema, hasta las actividades programadas por la Escuela de Artes y Oficios local, la Casa de la Cultura y la Escuela Universitaria de Ingeniería y Técnica Agrícola, única casa de estudios superiores con que cuenta hasta ahora !a ciudad.

Ciudad Real, pequeñita y fea, tiene un núcleo de vecinos inquietos que huyen del cotilleo, de los cubiletes de dados, de la teleadicción, de los sueños de emigración y los bostezos provincianos para mamar y difundir cultura en esta ciudad, abandonada en un lugar de La Mancha, que, gracias a ellos, sigue viva.

 

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