Informe. 
 Bostezos en el sur  :   
 Jaén, bonita pero pobre, lleva una vida gris desde hace siglos. 
 Cambio 16.    20/04/1981.  Página: 53. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

Bostezos en el sur

Jaén, bonita pero pobre, lleva una vida gris desde hace siglos

COMO se le ha ocurrido a CAMBIO 16 venir por aquí? ¿A qué se debe?», preguntó sorprendido el alcalde de Jaén, Emilio Arroyo (PSOE), no bien abrió la puerta de su despacho al enviado de esta revista.

Por Jaén no se pasa, a Jaén hay que ir expresamente. Y «los de Madrid» suelen ir a la capital jiennense sólo a cobrar las ganancias de sus explotaciones agrícolas. O al menos eso creen en Jaén, donde son conscientes de que la ciudad tiene pocos atractivos para los forasteros.

La ciudad se va a dormir temprano, y sobrevive con cierta tristeza arrinconada en los locales nocturnos de «mala fama», como El Periquito o Pirámide, donde se reúnen los escasos «progres» que hay en Jaén, o en La Cabana, una discoteca de alterne. Hasta hace poco había tres cines (ahora hay cinco) que se llenan sólo los domingos por la tarde. No hay teatro. Ni abundan otros sitios de diversión nocturna como las discotecas.

Quedan, eso sí, algunos bares y tabernas, como los de la calle del Arco del Consuelo, donde los jiennenses queman las horas muertas, acodados en las barras y bebiendo el buen vino de la región. «Es el principal entretenimiento de la ciudad», dice un parroquiano de la taberna, conocida como «la del Gorrión». «Habría que averiguar el índice de alcoholismo de Jaén -reflexiona Leocadio Marín, presidente de la Diputación Provincial-. Debe ser de los más altos de España.»

La vida cultural languidece. A Jaén le falta, entre otras cosas, una burguesía afincada en la ciudad con preocupaciones culturales que impulse las actividades de esta naturaleza. Está, si. el Instituto de Estudios Jienrienses, un organismo conservador y demasiado cerca para que resulte atractivo para la gente joven, organizador del Premio Internacional de Piano. Están también los esfuerzos de las corporaciones por organizar conciertos de canto gregoriano, música renacentista, barroca y contemporánea. Pero estas preocupaciones parecen un oasis en medio del desierto, más que una pradera cultivada.

Al profesor Víctor Garrido le desespera el tedio de la ciudad, a pesar de haber nacido en ella. «Ya ni se pide vida cultural aquí, sino simplemente que la ginebra sea Laríos y no un alcohol etílico cualquiera», dice amargamente.

Garrido y su mujer, Lourdes, están preparando con ahínco unas oposiciones. «A ver si podemos irnos de aquí» dicen. Ese es el camino tradicional de la gente de Jaén. La provincia ha perdido la cuarta parte de sus habitantes entre 1955 y 1970, aunque la capital haya seguido creciendo, merced a la migración de población rural de las cercanías, que se convierten en pequeños comerciantes, empleados de la burocracia local, o se convierten en rentistas y traen sus hijos a estudiar en la ciudad.

Retener a la juventud

«Sufrimos una doble emigración», explica Marín. «La del peonaje de siempre y la de la élite intelectual joven que encuentra demasiado estrecho el campo de esta ciudad. Esto me parece lo más grave. Desde hace diez años, la Diputación trata de retener a los jóvenes en su Colegio Mayor, donde se dictan los primeros ciclos de varias carreras universitarias. «Pero luego se van a Granada o a otros centros universitarios y no vuelven más», acota Marín. «O regresan a buscar la vida calma provinciana cuando ya son mayores y tienen la vida hecha.»

Esto es lo que más le gusta al alcalde Arroyo, treinta y tres años de edad. «La ciudad puede ser aburrida para los que llegan de fuera, pero no para los que vivimos en ella, lejos del tráfago de las grandes urbes. Jaén tiene dimensiones que permiten un contacto muy humano, y se puede vivir de un modo distinto.» También, claro, con la dificultad del severo control social, propio de cualquier población pequeña donde todos se conocen. «Antes era mucho peor, pero en los últimos años ha habido una evolución muy marcada también en eso», celebra el jefe del Ayuntamiento.

La capital es, por cierto, lo menos conflictivo de toda la provincia», como explica Arroyo, merced a que el paro golpea allí menos que en las zonas rurales, entre otras cosas.

Pero, lejos de las grandes carreteras, con pésimas comunicaciones internas, con una economía cada vez más deprimida. Jaén no puede menos que bostezar. La pobreza no es divertida. O

 

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