Autor: Apostua, Luis. 
   La segunda sucesión     
 
 Ya.    23/07/1972.  Páginas: 1. Párrafos: 19. 

SEMANA ESPAÑOLA

LA SEGUNDA SUCESIÓN

Se ha interpretado muy a la ligera el alcance de la última ley, creyendo ver en ella un simple mecanismo de rápida transición • La buena salud del Estado y de la nación salta a la vista

SI las cosas siguen como esestán y no hay previslbilidad de cambio, el almirante don Luis Carrero Blanco» dfi SS-senta y nueve años de edad, ha recibido un nombramiento "pro futuro" como primer ministro del Gobierno. Aunque es un nombramiento sometido a plazo desconocido — el cumplimiento d« los eventos sucesorios—y a condición resolutoria—si entretanto Su Excelencia el Jefe del Estado no provee el cargo—, reviste una importancia básica para el futuro del país en período que puede fácilmente ser una dícada.

Las leyes españolas

De hecho, en España hay tres clases de leyes. Primero, las llamadas Leyes Fundamentales, que constituyen una superlega-lidad constitucional y que sólo son modificables mediante referéndum.

Segundo, laa leyes normales, discutidas y aprobadas por las Cortes y sancionadas por el Jefe del Estado. Tercero, las llamadas "leyes de prerrogativa", sólo dictablea por Franco, puesto que se trata de un poder especial y carismático no heredable ni delegable y que tiene su expresión jurídica en las leves de 30 de enero de 1938 y 8 de agosto 3e 1939. El artículo 17 de la primera dice en su primer párrafo: "Al Jefe del Estado, que asumió todos los poderes por virtud del decreto de la Junta de Defensa Nacional de 29 de septiembre de 1936, corresponde la suprema potestad de dictar las normas jurídicas de carácter general." Dicha potestad es respetada por la disposición transitoria primera, párrafo segundo, de la Ley Orgánica del Estado,

Las interpretaciones

En cuanto al alcance dado por los intérpretes periodísticos a esta última ley de prerrogativa ha habido serias divergencias; quizá por quedarse con la cascara de una lectura de pasada en vez de buscar la "ultima ratio" y su expresión material en el propio texto de la ley.

Para unos, se trataba simplemente de llenar prudentemente el vacío de ocho o diez días en la Jefatura del Gobierno para que no haya solución en la continuidad; para otros, se trata de una resolución de mucho más alcance.

Al día siguiente de la ley escribía en YA: "Instalado el nuevo jefe del´ Gobierno (tras los eventos sucesorios), el Rey, para cambiarlo, tiene que sujetarse al artículo 15 de la Ley Orgánica. O sea, dejar que transcurra el plazo de cinco años, esperar que dimita voluntariamente o recibir la propuesta de destitución hecha por dos tercios del Consejo del Reino. También puede ser destituido por decisión del Bey, pero siempre de acuerdo con el Consejo del Reino. ¿Es políticamente Imaginable un planteamiento tan brusco como el de las dos últimas hipótesis? No; porque el sistema es profundamente reacio a estos radicalismos. El Jefe del Gobierno en la Ley Orgánica tiene un mandato de cinco años."

Estas interpretaciones de la voluntad litera} de la ley conducen necesariamente a la interpretación política.

Según vemos hoy las cosas, la sucesión del Generalísimo Franco se va a realizar en dos órdenes. En la Jefatura del Estado 1« sucederá el Príncipe de España, don Juan Carlos de Borbón, con el título de Rey e instaurando una nueva dinastía. En la política de Gobierno, su sucesor—vistas las cosas hoy— será el almirante don Luis Catrera Blanco, quien se verá automáticamente revestido como jefe de Gobierno sin necesidad de tramita previo ante, el Conseje del Reino y sin necesidad de que sea aceptado por el Rey. A partir de ahi inicia su funcionamiento la Ley Orgánica, pero no antes.

Es evidente tjue la última ley de prerrogativa del Jefe del Estado tiene un alcance sensacional.

El máximo definidor general, don Gonzalo Fernández de la Mora, dice: "Cuando las instituciones son adecuadas y robustas, perduran después de la desaparición de quienes las alumbraron. Y ésa es la suprema gloria del estadista." Estas palabras del ministro de Obras Públicas, difundidas el mismo día en que salían a la luz las nuevas leyes, hablan inequívocamente de una voluntad de permanencia política muy superior a ese plazo de transición de que han hablado algunos periódicos. Como decía el propio don Gonzalo Fernández de la Mora, "no habrá posfranquismo, sino franquismo después de Franco".

Evidentemente, el medio elegido, entre varias alternativas, ha sido el de designar al vicepresidente.

Los fuerzas en presencia

¿Cuál ha podido ser el mecanismo que haya orientado o haya tratado de orientar la mano de Su

Excelencia el Jefe del Estado? Existe una imposibilidad práctica de saberlo, pues forma parte sustancial de la personalidad de Su Excelencia su exquisita reserva para los asuntos de Estado que son de su competencia.

Pero los rumores previos pueden darnos una idea de qué es lo que quería cada cual.

El más consistente de los mismos hacía referencia a que se preparaba una disposición ensanchando y profundizando las competencias del vicepresidente, de forma que pudiera cooperar más activamente con el Jefe del Estado y descargarle más del pesado trabajo de papeleo que entraña la Jefatura del Gobierno.

El Estado y la nación

Por debajo de estos problemas políticos, el Estado y la nación están estupendos. El primero Sigue con todo ímpetu su trabajo en los más variados campos; las Cortes aprobaron el régimen económico fiscal de Canarias y un régimen para favorecer la comercialización agrícola; en el Consejo de ministros se presentó el plan de autopistas, y por doquier se comprueba, a simple vista, el gran esfuerzo creador de riqueza. Por su parte, la nación se divierte en las vacaciones, se preocupa un poco por la Universidad del próximo curso y, en general, presenta síntomas de una buena salud cívica que estalla por las costuras. En una palabra, se vive una época prometedora que facultaría al poder para dar un impulso decisivo a la estructura política. Pero ¿lo hará?

Luis APOSTUA

 

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