Esperanza y equívoco de las instituciones     
 
 ABC.    03/01/1973.  Página: 26. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

ABC. MIÉRCOLES 3 DE ENERO DE 1973. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 28.

ESPERANZA Y EQUIVOCO DE LAS INSTITUCIONES

«Después de Franco, las instituciones» « la respuesta oficiosa a una pregunta planteada desde los más dispares observatorios sobre el futuro de España. Una respuesta cuyo pleno cumplimiento es un deseo profundo de la gran mayoría de los españoles. En su mensaje de fin d« año, recibido en los hogares dt España con el respeto de siempre, matizado esta vez con una sensación de reapertura a horizontes de esperanza común, el Jefe del Estado se ha referido a ta «eficacia de las restituciones». Conviene analizar este término, capital en el dinamismo de la vida política de un pueblo; conviene analizarlo con el mismo espíritu del mensaje, que por sus expresas alusiones a una fecha de remanso y arranque puede considerarse como «el espíritu de 1966», con autoridad y energía más que suficientes para superar algunas cerrazones anteriores y posteriores a esa fecha, auténtico hito en la voíución de la conciencia nacional española.

Toda institución profunda se enraiza simultáneamente en la sociedad y en el Estado: es a la vez social y política. Normalmente Jos regímenes no crean de la nada todas sus instituciones. Por lo general las heredan, las modelan, las transforman, En todo país multisecular destacan, por encima de todas, las instituciones históicas. que ante la marcha vacilante de las demás alcanzan la hondura de instituciones medulares, como el Ejército y la dimensión nacional de la Iglesia. Hay •tras instituciones —que por su intimidad podrían Mamarse celulares— insertas en la base del pueblo, identificadas con las raíces de la convivencia; así; fe familia y ese municipio en parcial° transformación desde el predominio agrario a la gran vecindad urbana. En otros campos de conciencia y convivencia colectiva -la comunicación, el trabajo, la economia- toda una gama de instituciones se tiende desde la sociedad hasta el Estado —la Prensa, los Sindicatos, los núcleos profesionales y empresariales— para crear una zona de diálogo, de compromiso, de participación, de justa defensa de individuos y grupos. La tendencia es social; la regulación es política; Ja inversión d« >este equilibrio degenera en totalitarismo. Por fin, el propio Estado se organiza en instituciones netamente políticas, si bien e! espíritu de servicio confiere incluso - a tales instituciones —-que encarnan 1» clásica distinción de poderes, todo lo matizada y coordinada que se quiera^— un claro sentido social.

Desde eus dramáticos momentos fundacionales el Régimen actual ha pretendido ser, ante todo, un régimen nuevo; he aquí su diferencia específica respecto a la anterior Dictadura de los años veinte. Este Régimen «e considera como corte definitivo con el pasado; pero por tu mismo horizonte de instauración se define como fecunda y serena transición hacia un futuro común, ya que no M instaura lo que ya existe. A lo largo de casi cuatro décadas el Régimen ha acometido una empresa institucional que ya es histórica. Jamás, desde mediados del siglo XVIII, ha alcanzado la institución suprema del país, la Jefatura del Estado, un reconocimiento más indiscutible en circunstancias más difíciles. Unas Fuerzas Armadas desorientadas y divididas —por más de un siglo, hasta 1936— forman hoy, unánimes en Jo esencial, la más firme garantía del futuro; esa garantía que en otros tiempos ´era paralegal hoy es nada menos que constitucional. Pese a tantas borrascas que son, por definición, superficiales, la Iglesia va encontrando nuevos fundamentos para entrañar su marcha histórica española; y las etapas de la Iglesia en países constitutivamente cristianos, como España, se han medido, y así será, por siglos. Ante otras grandes instituciones político-sociales —las Cortes, los Sindicatos— el indudable camino pendiente no puede ocultar las clarísimas cotas de esperanzadora evolución ya alcanzadas, no siempre reconocidas dentro ni fuera. Las instituciones administrativas —y a la cabeza de ellas el continuado Gobierno de estos treinta y cinco años, modelo de estabilidad— muestran hoy sus defectos con viveza que se debe, ante todo, al paso gigante de su nueva eficacia. El cuadro de instituciones económicas públicas, y gobrc todo privadas, ha proporcionado en todos estos años la solera y la seriedad precisas para que el Estado pueda acometer reformas actuales y futuras que ni se atrevió a proponer k extrema izquierda española en los tiempos de la revolución retórica. La Prensa ha evidenciado tal sentido de prudencia y responsabilidad «fue hoy está de hecho ejerciendo una función política institucional para colmar, mucho más de lo que se cree, uno de loe vacíos más peligrosos en nuestra vida política; el insuficiente control de Poder desde k sociedad debidamente representada.

Si la labor conseguida es, pues, enorme, no lo es menos el camino institucional que falta por recorrer. Al cumplirse las previsiones sucesorias, la irrepetible magistratura de Franco habrá de transfigurarse en la Corona apoyada, para momentos trascendentales, en dos instituciones de nuevo cuño, inédita una, no probada a fondo la otra: los Consejos de Regencia y del Reino. La Historia contemporánea dictamina ya que "el ejemplar intento de la Restauración —al filo ya d«l centenario— falló en último término porque, a pesar de lúcidos y frustrados impulsos, la Corona no consiguió integrar al conjunto de fuerzas reales de la nación; no obstante, el último titular de la r Corona reunía —como va a ser también, providencialmente, nuestro caso--cualidades egregias qu« la misma Historia le reconoce ahora cada vez con mayor unanimidad. El país advierte, sin duda, la nueva madurez de nuestras Cortes; pero las Cortes deben acelerar su evolución, no reprimirla ni menos retrogradarla; y deben contagiar su espíritu renovador a nuestra Cámara Alta, cuya misión, después de tantos años, no acaba de encontrar un cauce inteligible para el pueblo. Desde que al comenzar el siglo uno de los más grandes políticos españoles de todos los tiempos trató de fundar en una nueva concepción d«l Municipio su «revolución desde arriba», la institución municipal española, bimilenaria ya, recibe toda clase de endechas, pero sigue sin situarse en clara línea de futuro. Diversas instituciones regionales no son aún más que posibilidad prevista en nuestro ordenamiento, no actualizada; y podrían ser espejo nuevo para la permanente unidad. La difundida sensación de serenidad, estabilidad y esperanza que se apunta entre los más profundos resultados de este Régimen se debe, sí, a la realidad de nuestras instituciones, pero también a un equívoco institucional; depende, en mayor medida de lo que proclama k propaganda, no siempre eficaz, del Régimen, de instituciones históricamente irrepetible» —como la actual Jefatura del Estado— o de que instituciones medulares y sociales suplen, con «u dedicación y «u sacrificio, algunos cometidos que deberían estar ya plenamente garantizados cara «1 futuro por las instituciones netamente políticas.

Dentro del espíritu del mensaje navideño del Jefe del Estado, en el pleno rodaje, la plena garantía de esas instituciones políticas —rodaje y garantía^ que podríamos resumir en la articulación de un convincente control político para el Ejecutivo y ¡a concreción ordenada de las inevitables y reconocidas «tendencias» dentro de la lealtad constitucional más estricta— vemos, al comenzar un nuevo año de España, ía más urgente tarea institucional que nos aguarda a todos.

 

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