Sobre la sucesión     
 
 ABC.    09/01/1973.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

SOBRE LA SUCESIÓN

El editorial de ABC del pasado 21 de diciembre, sobre «la última incertidumbre» que resta en el tema sucesorio, provocó una notable reacción en diversas publicaciones, en general coincidentes con las mantenidas en ABC. Lucio del Álamo, escritor donde los haya, agudo e incisivo, en su sección «La semana sin lunes» de la «Hoja», se tcupa también del tema en un comentario que titula «El regente, resucitado». Coincidimos en no pocas de sus afirmaciones, y mujr especialmente en la calificación de tristísima de la hipótesis examinada en el editorial. Pero, con la misma claridad, discrepamos de él cuando, a modo de conclusión, escribe: «Es curioso, que la esencial y admirable lealtad de "A B C" a. la dinastía —la ley Orgánica y la de Sucesión hablan de "estirpe"— le baya llevado a plantear una hipótesis que, en su obligado desarrollo constitucional, supondría la resurrección de la figura y del poder del regente. De una larga e incierta regencia.»

No somos maestros de Derecho Constitucional, pero nos parece que el ilustre periodista confunde dos tipos o figuras de regencia, perfectamente diferenciables, aunque el procedimiento de designación del titular sea, según el artículo 11 de la ley de Sucesión, el mismo.

El primer tipo es el de «regente sin rey designado y, sin dinastía instaurada». Es el caso del artículo 8 de la ley de Sucesión. No hay rey o el propuesto no ha sido aceptado. Entonces, Gobierno y Consejo del Reino reunidos proponen a las Cortes un regente al que «podrán señalar plazo y condición & la duración de la regencia». Por mucho que se llamara Reino, España eería una república presidencialista coronada, pero sin Rey. La incertidumbre seria máxima. No habría dinastía, y todas las elecciones para procuradores en Cortes vendrían influidas por esa circunstancia de estimarse sabedoras del derecho de designar la persona del Regente.

Y hay un segundo tipo de regente. Regente con rey menor de treinta años. Hay un rey —que no puede «ejercer» por menor de edad legal—, pero que es rey y hay una dinastía que es intocable. No hay posibilidad de elección del titular de la máxima magistratura del Estado, ni de sus descendientes. La gran ventaja de la Institución Monárquica, esto es, la predeterminación legal del titular de la Corona y el que la primera magistratura del Estado no pueda ser sometida a discusión por los ciudadanos, se cumple en el segundo tipo de regencia, no en el primero.

La diferencia es notable. Y entre ías dos Ineertidumbres, toda persona responsable y no republicana optará por la segunda. Por eso nos extraña el comentario del presidente de la Asociación de la Prensa.

Porque parece optar, en tan tristísimo supuesto, por una, ahora sí, «larga, incierta» v hasta perturbadora regencia.

 

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