Los perfiles de la transición (II). 
 Diagnóstico popular     
 
 ABC.    03/08/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

ABC. DOMINGO. 3 DE AGOSTO DE 1975.

LOS PERFILES DE LA TRANSICIÓN (II)

DIAGNOSTICO POPULAR

Para responder adecuadamente y con ana cierta posibilidad de no errar a ia pregunta con que terminábamos nuestro editorial de ayer —¿la línea política seguida en los últimos tiempos favorece o desalienta la incorporación del pueblo a la institución monárquica?— lo más acertado será, en primer término, establecer cómo está políticamente el pueblo español, cómo y a qué ritmo tiene su pulso.

No nos vamos a referir a ninguna encuesta de opinión de las varias que en los últimos tiempos han aparecido en la Prensa o en publicaciones más o menos sspecializadas. No es que dudemos de su fiabilidad —muchas veces escasa—, es lúe la respuesta, en lo que ahora nos xmcíerne, a la pregunta que hemos deja-3o formulada, no necesita de apoyatura ístadística.

El pueblo español lleva cuarenta años viviendo bajo un régimen personal y ca-rismático. Consecuencia indudable de ello es que se ha producido, en primer término, una transferencia de responsabilidades. Franco ha asumido el quehacer político de los españoles. El ha sido —y o será mientras desempeñe la Jefatura del Estado— la política española. El pueblo, los ciudadanos, tenían quien resolviera por él o por ellos, quien de forma inequívoca era depositario de sus obligaciones y titular de sus derechos cívicos Por su carisma no han existido roces espectaculares y la autoridad de Franco tía sido respetada y voluntariamente aceptada siempre, en términos generales. Las posible opciones eran discernidas por el Jefe del Estado y a sus soluciones se han plegado, hasta complacidos, la gran mayoría de nuestros compatriotas. La esencia del franquismo es en buena parte lo que queda dicho.

Naturalmente, con esta transferencia de responsabilidades en favor —y en honor— del Generalísimo los mecanismos políticos de los españoles se han ido, en cierto modo, entumeciéndose. Por supuesto, nunca hasta el extremo de perder toda sensibilidad o noción de sus deberes y derechos.

Acontece que, una vez en plena etapa de transición, se precisa poner en forma, «movilizar», al pueblo a quien por ley natural y por el transcurso del tiempo deben retornar aquellas responsabilidades que fueron transferidas al Generalísimo Franco. El pueblo vuelve a ser protagonista.

Preyisoramente, Franco ha querido dejar dibujadas y enraizadas las grandes líneas maestras del futura. Y la más importante de ellas, la institución monárquica, ha sido situada, con el refrendo popular, en la cima de todas ellas. Pero sería engañarnos y engañar si no dijéramos inmediata y directamente que la Mo"narquía necesita una adhesión, un plebiscito constante e informa1!, pero patente, del cuerpo nacional.

Afortunadamente, la Augusta Persona que ha de ser Rey de España´ reúne todas las condiciones necesarias y convenientes para el desempeño de tan alta misión. De lo que se trata ahora, lo que hay que lograr, es que la savia popular vivifique y facilite su tarea. Esa y no otra es la misión que tienen que cumplir los que ostentan el Poder entre sus manos en una etapa en la que aún no se ha producido la sucesión. Tarea eminentemente política y no fácil de acometer con éxito, porque, como dicho queda, hay que" devolver la conciencia de su protagonismo a los ciudadanos españoles. Naturalmente, a través del juego de unas instituciones y en un campo que si de una parte debe estar perfectamente limitado, de otra debe ser tan anchuroso como lo exige la realidad nacional v necesita la Monarquía.

 

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