Los perfiles de la transición (IV). 
 La igualdad de trato a las asociaciones     
 
 ABC.    06/08/1975.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

ABC, MIÉRCOLES, « DE AGOSTO »E 1975. PAG. 8.

LOS PERFILES DE LA TRANSICIÓN (IV)

LA IGUALDAD DE TRATO A LAS ASOCIACIONES

Uno de los principios proclamados por los defensores del Estatuto de Asociación Política es el de igualdad de trato a todas las que, dentro de su marco jurídico, se constituyan. Sin embargo, una de las quejas más extendidas entre quienes han desistido de asociarse políticamente, es, precisamente, que no se ve con claridad esa igualdad de trato cuando quienes tienen que dispensarlo asientan su ideología —y muchos hasta hace poco su acción— en alguna de ellas

No ha favorecido en nada a aclarar esta duda, la prórroga de la legislatura de las Cortes. Se ha dicho que, amén de no existir una causa grave que la aconsejara, el aplazamiento de las elecciones sólo va a permitir que se organicen mejor los que ya están organizados, en detrirr.ento de los demás. No han sido pocas las suspicacias que en este sentido se han advertido en los medios políticos. Más todavía, el último texto de decreto que el Consejo Nacional del Movimiento ha sugerido al Gobierno en orden a la participación electoral de las Asociaciones ha aparecido a amplios sectores de opinión como una facilidad más que se da a los que ya las disfrutaban en mayor medida que otros.

Lo cierto, a nuestro juicio, es que el problema arranca de un confusionismo que nació casi al tiempo del desarrollo legislativo de la ley Orgánica del Estado. La coexistencia e interrelación del Moví-miento-Comunión y del Movimiento-Or-ganización, con prevalencia de éste sobre aquél; la dependencia de las asociaciones en su constitución y funcionamiento del Consejo Nacional, considerado por muchos como juez y parte; la exclusión de la vía judicial como revisora de los fallos del Consejo, todo ello —hay que decirlo— ha desmoralizado a muchos que, estando insertos ideológica y vitalmente en la legalidad española, no se sienten a gusto en ninguna de las asociaciones que se han promovido hasta la fecha.

El problema no tiene fácil remedio. Primero, porque quienes podrían hacerlo no parecen querer reconocer su existencia. Segundo, porque su solución supondría, quizás, un replanteamiento del tema asociativo desde su raíz. Decir esto quizá pueda escandalizar a algunos, pero callarlo sería peor; equivaldría a seguir consintiendo que tenga visos de solución lo que acaso y desgraciadamente no tienda sino a perpetuar el poder en manos de unos cuantos —muchos sin duda y de muy nobles intenciones—, pero que no soW todos los que debieran estar y constituir la base social operativa de la futura monarquía Más: que ni siquiera son los herederos de todas las distintas´ tendencias que hicieron posibles estos cuarenta años de paz española.

Reflexionen, pues, quienes pueden intentar y poner los remedios. La realidad social no admite, no admitirá en el futuro, cualquier forma solapada de partido único o de asociación preponderante sobre las demás, hasta el punto de que éstas sean meros apéndices de la mayor. Y, sobre todo, piensen que hay muchos españoles que quieren, pueden, y tienen derecho a participar, en igualdad de condiciones que los demás para construir el futuro. Hablar muy claro en este sentido es una obligación del poder. Actuar de cara a la realidad es una exigencia mínima de cualquier ciudadano. Y, por supuesto, lo es para un medio de comunicación social como el nuestro cuya historia presenta hitos imborrables de servicio al país. Y es ese servicio el que reclama que el futuro no sea presentado a la Monarquía como el de un pueblo, en parte marginado, en parte desatento a la política, y en parte, simplemente, continuista.

 

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