El nuevo presidente del Gobierno. Encuesta. 
 Sorpresa generalizada     
 
 El País.    04/07/1976.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 57. 

EL PAÍS domingo 4 de julio de 1976

EL NUEVO PRESIDENTE DEL GOBIERNO

Encuesta

Sorpresa generalizada

Sorpresa generalizada es la reacción más dominante en todos los círculos de la oposición, nada más

conocerse el nombramiento del nuevo jefe del Gobierno.

Por su parte, las pe rsonalidades consultadas del régimen consideran acertada y correcta la designación.

EL PAÍS realizó, nada más conocerse la noticia, una amplia encuesta de urgencia

Ortí Bordas {Procurador en Cortes)

La elección de Adolfo Suárez constituye el triunfo de la generación del Rey, que hace años yo califiqué

como generación del tránsito, es decir, la llamada a consolidar la Monarquía, por una parte, y la

democracia, por otra.

Significa, asimismo, la certeza de que continuará el proceso de la reforma política.

Antonio García López (Partido Socialista Democrático)

Creo que la elección de Adolfo Suárez ha sido un acierto y aunque la tarea del nuevo Gobierno sea difícil,

esperemos que, dada la estrecha relación del presidente con los altos mandos militares, termine con el

sabotaje permanente de ciertos reductos de la derecha tradicional al programa democratizador del Rey.

Lo que en mi opinión define al nuevo Gobierno, al Gobierno Suárez, es el diálogo. Tiene que dialogar con

las fuerzas de la izquierda —marginadas desde hace cuarenta años— para llegar a un consenso sobre los

medios y !os plazos de la democratización; tiene que dialogar con las autonomías, específicamente con el

Partido Nacionalista Vasco, y con los partidos catalanes. Hay que restablecer rápidamente la confianza

del gran capital, con directrices claras sobre lo que se pretende de ellos; hay que dialogar con los

sindicatos democráticos de manera inmediata y pública.

José María Zavala (Partido Carlista)

El nuevo presidente del Gobierno llegó a la política con Herrero Tejedor, una personalidad del

Movimiento que reunía la doble condición de falangista fiel a Franco y miembro del Opus Dei. Adolfo

Suárez, por su trayectoria ligada al Movimiento y a la Subsecretaría de la Presidencia con Carrero Blanco

y López Rodó, no es un político para el futuro ni para el difícil presente, porque representa el continuismo

del régimen surgido de la guerra civil. Es un hombre de la confianza de Juan Carlos. El país necesitaba un

presidente capaz de asimilar la necesidad democrática de nuestro pueblo, expresada recientemente por la

oposición a través del rechazo de la reforma y la alternativa de un periodo constituyente con pleno

reconocimiento de las libertades democráticas ;n exclusiones. No parece quc^>e pueda ser el papel del

nuevo presidente.

Nazario Aguado (Partido del Trabajo)

En principio no lo entiendo muy bien. Era previsible que el cese de Arias fuera seguido del nombramiento

de un presidente del Gobierno con una mayor credibilidad reformista. El cese de Arias ha sido el

reconocimiento del fracaso total de la política del primer Gobierno de la Monarquía y del programa

reformista puesto en marcha. Por lo tanto, era lógico prever la constitución de un Gobierno que llevara a

cabo reformas más profundas e incluso capaz, bajo las condiciones de presión popular que se están dando

en este momento o las que se den en el otoño —que serán de mayor envergadura—, de pactar con la

oposición democrática y el pueblo español, para establecer todas las libertades políticas sin excepción y

abrir un proceso constituyente.

En principio, no parece que Adolfo Suárez sea el más indicado para llevar a cabo esta tarea.

Armando López Salinas (Partido Comunista)

Adolfo Suárez llega » su casa, conduciendo su coche, tras haberse entrevistado con el Rey.

En un momento en que se habla de apertura y democracia, causa cierta extrañeza que Adolfo Suárez haya

sido elegido presidente del Gobierno, aunque para ver si supone un freno o un avance en el proceso

democrático habrá que esperar la reacción del presidente y de su nuevo Gobierno, caso que lo forme, ante

cuestiones pendientes como la amnistía y el pacto con la oposición.

Santiago Carrillo (Secretario general del Partido Comunista)

El nombramiento de Suárez constituye una cierta sorpresa. Si se tiene en cuenta su pasado, hay poco que

esperar. Pero me reservo el juicio definitivo hasta que se conozca el nuevo Gobierno y su programa. De

todas maneras, con Suárez o con otro, la necesidad de la ruptura pactada sigue vigente. Es decir, una

ruptura que prepare las condiciones para una alternativa democrática de Gobierno. Naturalmente, el tono

del futuro Gobierno ya lo dará, de entrada, el sí o no a la amnistía.

Antonio Fontán

Creo que cronológicamente sí ha sido un paso hacia adelante; en cualquier caso no es un paso atrás

respecto al Gobierno de Arias, cosa que hubiera sido bastante difícil. Suárez, que podrá ser un presidente

provisional, ha demostrado una gran capacidad de adaptación: viniendo del Partido, saca sin embargo los

«partidos» adelante. En cualquier caso, el gran interrogante es su Gobierno: Suárez es un buen

interlocutor con el Régimen y sus instituciones, pero no está comprobado que lo sea del mismo modo con

la oposición, papel que podían desempeñar los «grandes» del anterior Gobierno cuyas condiciones a

participar, si es qué tienen opción a ello, serían en este momento previsiblemente duras.

Marcelino Camacho (Comisiones Obreras)

Nosotros, Coordinación Democrática, creemos que la dimisión de Arias es la constatación del fracaso de

una política que intentaba mantener el franquismo después de Franco, y en este fracaso, digamos, que han

incidido de una manera clara los trabajadores. También ha incidido la existencia de Coordinación

Democrática, así como la crisis económica, las contradicciones internas del Gobierno y el aislamiento

exterior.

Si ha fracasado esta política, habría que haber buscado hombres que emprendieran otra distinta y,

naturalmente, que se pusieran al habla con la oposición y hubieran abierto en el Estado el camino hacia

las libertades democráticas y nacionales, al mismo tiempo que hubieran abordado los primeros pasos para

resolver los problemas económicos. Nos tememos que sea un serio intento de mantener la misma política

con otros hombres.

Naturalmente, no se puede pretender que la clase obrera soporte el peso de su crisis, si además se la

mantiene marginada y reprimida.

Esto refleja que las instituciones políticas del fascismo no sirven para la libertad. No hay otra salida que la

ruptura democrática pactada.

JosepTarradellas (Presidente de la Generalidad de Cataluña, en el exilio)

No me había hecho demasiadas ilusiones respecto a la posibilidad de constitución de un Gobierno que

quisiera y pudiera elaborar una política acorde con los anhelos y sentimientos del país. Pero hay una gran

diferencia entre ello y la fuerte decepción de hoy, en que constaté cómo los principios del franquismo

continúan en vigor.

Ante esta grave situación, creo que no hemos de caer en la trampa de la crítica´ constante y negativa,

como a menudo se ha hecho y, por tanto, lo que a mi entender debería hacerse es que todos los hombres

de buena voluntad de la oposición y contrarios al continuismo dejen de preocuparse por sus ambiciones,

por nobles que sean. Hemos de dar al pueblo la seguridad de que somos capaces de resolver sus

problemas, cambiando las estructuras del Estado y dando a los españoles el sentimiento de que pueden ser

gobernados por hombres que aman la libertad y desean la paz para el país.

Josep Benet (Secretariado de la Assemblea de Catalunya)

La solución dada a la crisis ha demostrado a todo el mundo que no hay reforma democrática posible

dentro del sistema. Todo está atado y bien atado al pasado autocrático. Por ello, para llegar a restablecer

la democracia, no existe otro camino que el de la ruptura, como propone la oposición.

Ignacio Camuñas (Partido Liberal)

Creo que ahora es perfectamente comprensible que el gran triunfador de la crisis es Torcuato Fernández

Miranda. El país no está para bromas ni para inseguras piruetas. Calculo que esta noche los grandes

diarios del mundo occidental estarán locos para componer una biografía, correctamente interpretada, del

nuevo presidente del Gobierno. Como en los toros antes del paseíllo, habrá que decir la frase tradicional:

que Dios reparta suerte.

Manuel Zaguirre (Unión Sindical Obrera)

En cualquier caso, es muy pronto para emitir un juicio sereno y con fundamento. Sólo me acuden

interrogantes: ¿El nuevo presidente viene a confluir el desguace del Movimiento Nacional o a

potenciarlo? ¿Con él se abre paso al Gobierno capaz de negociar con la oposición el proceso

constituyente, de restituir las libertades políticas y sindicales sin exclusiones, la amnistía, de poner freno a

la crisis económica y a sus efectos gravísimos que están recayendo sobre los trabajadores en especial? No

soy optimista respecto a la respuesta, pero el nombramiento constituye una gran sorpresa que en cierto

modo desmantela las bases de análisis de hace apenas dos días.

Dionisio Martín Sanz (Consejero del Reino)

No me ha sorprendido la elección de Adolfo Suárez como presidente del Gobierno, ya que por mi calidad

de consejero del Reino conocía la terna presentada al Rey. El nuevo presidente tiene la ventaja de haber

llegado a ministro con el primer gobierne) de la Monarquía. Es decir, ofrece la imagen de un

hombre nuevo y postfranquista, que en principio no inspira recelo alguno, ni a la oposición, ni a los

sectores conservadores. Excluyo, por supuesto, a los grupos extremistas.

Adolfo Suárez es un ejemplo de carrera política fulgurante; no obstante, no tiene una gran experiencia que

ofrecer. Su intervención ante el Pleno de las Cortes para presentar el proyecto de ley de Asociación

Política fue positiva, pero un buen discurso no es suficiente para probar y contrastar la capacidad política

de un hombre. Este aspecto del nuevo presidente supone al mismo tiempo una ventaja —no hay detrás de

él ningún fracaso político— y un mérito —su juventud—. Pero, en definitiva, su capacidad la juzgaremos

a través del equipo ministerial que forme en torno a él. Pido a Dios que le ilumine en la elección de los

miembros del Gobierno, en el momento extremadamente difícil que atraviesa España, tanto en el aspecto

político, como económico.

Jaime Miralles (Monárquico)

Me remito a lo que se ha publicado por la oposición en la prensa de ayer, denunciando la operación de la

reforma. Salvo sorpresas, parece lógico pensar que es un acto más —el nombramiento de Suárez— de

continuidad y de continuismo.

Los hombres de la reforma se han empeñado en concedernos a los españoles una libertad dosificada; no

se dan cuenta de que la sociedad española necesita que la libertad se le reconozca y que sea el propio

pueblo español quien se articule sus instituciones democráticamente como titular de la soberanía. .

Alexandro Otero (Partido Socialista Popular de Galicia)

Por el Ministerio que desempeñó, por ser uno de los 40 de Ayete y aunque su defensa de la ley de

asociaciones ante las Cortes fue buena, si no inicia una urgente política de reconciliación nacional

valorando en todo su alcance a la oposición, con la necesaria apertura de un período constituyente, en

principio carece de credibilidad y de (labilidad, y por tanto me parece que su mandato será muy breve.

Antonio García Trevijano (Grupo de los Demócratas Independientes)

La designación de Adolfo Suárez puede interpretarse en un sentido profundo o en un sentido superficial.

En profundidad significa el intento del Sistema de reconducir el pacto que a través de Carrero Blanco se

estableció en la segunda mitad del Régimen franquista, entre la burocracia política del Régimen y la

burguesía financiera interpretada políticamente por los hombres del Opus Dei. Ante la crisis económica

actual y ante el fracaso de la política reformista de Arias-Fraga, es natural que por instinto el Régimen

vuelva al soporte político que tuvo durante la época del desarrollo económico. Desaparecido Herrero

Tejedor, el hombre más representativo de esta síntesis falangista-opusdeista es sin duda don Adolfo

Suárez.

En un sentido superficial, la designación del señor Suárez es la elevación del Rey sobre sus antiguos

tutores. Es designado un hombre joven que no ha tenido en el pasado ninguna autoridad sobre Juan

Carlos.

 

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