Autor: Osorio García, Alfonso. 
   Lo que observo     
 
 Ya.    03/06/1973.  Página: 17. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

"Lo que observo"

Don Alfonso Osorio dice en "ABC":

"Hace unos días Emilio Romero decía en los páginas de "Pueblo", al comentar "Lo que pasa", que "López Rodó ha pronunciado uno de los más importantes discursos que le he oído. Este es un ministro a quien hay que elogiar con cuentagotas, porque su significación polémica en el país es la más calificadora desde los tiempos de Maura. Pero me arriesgo. Esto es en mi profesión lo honrado y lo serio".

Maura, evidentemente sin quererlo, por la propia fuerza de las cosas y a pesar de su egregia personalidad, se convirtió en el máximo divisor, no entre la izquierda y la derecha, sino, lo que fue más grave, en el seno de ésta.

No deja de ser curioso, sin embargo, que Maura resulte un elemento político divisor, cuando sus palabras, en muchas ocasiones, incitan a lo contrario. En junio de 1910, en el discurso de Molinar de Carranza, el procer mallorquín decía: "La convivencia política significa enterarse cada cual de que tiene frente a sí a alguien que es hermano suyo, un conciudadano suyo, quien, con el mismo derecho que él, opina lo contrario." Pero a los políticos hay que valorarlos por las adhesiones y no por las palabras. Y, desgraciadamente, Maura fue una ocasión perdida.

Mas es aquí y ahora, al filo de estas consideraciones, cuando aparece el fenómeno López Rodó y su significación polémica.

En su libro "Política y desarrollo", con palabras como las de Maura en Molinar de Carranza, nos dice que "la gran política que el pueblo de España merece y espera es política de unidad en la libertad, política que sume y no divida, que respeta todas las opiniones sin exclusivismos, que admita los pareceres ajenos sin personalismos antagónicos".

Pienso que López Rodó, cuya dedicación y capacidad hay que reconocer, si se es justo, que son notables, cree en estas palabras como Maura creía en las suyas. Mas también hay que constatar, si se es honesto, que, tal vez por los azares del destino, como Maura, provoca en !a política española de hoy fuertes distanciainlentos y recelos. Peligrosa circunstancia cuando ge aspira, más o menos directamente, al liderazgo o de la gran política a que con tanta agudeza apunta Emilio Romero.

Generalizando, he dicho varias veces que la gran política del futuro—la de estos años atrás: paz, avances sociales, progreso económico, instauración monárquica, se llama Franco y nada más que Franco—sólo la pueden protagonizar todos aquellos hombres que con mano tendida y corazón generoso practiquen, de verdad, las palabras de Maura y López Rodó, sumando y sumándose, no dividiendo ni restando.

Porque en política no basta ser poder y decir quiero; hay que atraer al pueblo y hay que no repeler sin más a quienes no se pliegan por convicción o por respeto propio. Por eso me asombra tanto que en tantas ocasiones se despache a quienes disienten honradamente en lo circunstancial y lo accesorio con la tacha del resentimiento. Aparte de que esto es ser Injusto, se olvida, por si no lo fuese, que aquél ha sido uno de los combustibles más potentes que han hecho funcionar los motores de la Historia, y que por ello hay que evitar siempre que loa resentimientos se produzcan."

 

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