El nuevo presidente del Gobierno     
 
 ABC.    04/07/1976.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

ABC. DOMINGO 4 DE JUMO DE 1976. PAG 3

DIRECTOR: José Luis CEBRIAN BONE

SUBDIRECTORES:

Migue1 TORRES GIL, del REAL, Santiago ARBOS BALLESTE

REDACCIÓN, ADMINISTRACIÓN Y TALLERES: SERRANO, 61. MADRID. APARTADO 43.

TELEFONOS---Redacción y Talleres: 2251710 y 2759408, Administración: 2255020

Editor: PRENSA ESPAÑOLA, S. A.

EL NUEVO PRESIDENTE DE GOBIERNO

Adolfo Suárez ha recibido la confianza de la Corona y el encargo, con ella, de formar y presidir el nuevo

Gobierno; nuevo Gobierno llamado a ser, por su desvinculación cronológica con los días finales del

antiguo régimen, prácticamente casi el primer Gobierno de la Monarquía.

La opción real ha sido, a lo que cabe juzgar en estos primeros momentos, una decisión a favor de la joven

política, de la política que muy bien puede simbolizar, con experiencia suficiente en el servicio a los más

altos intereses nacionales y comunitarios pero sin excesiva carga cronológica, Adolfo Suárez.

Y desde este punto de vista quizá esté cargada de significación histórica y de favorable presagio una

elección que recae en personalidad política ajena a la dramática conflictivídad civil anterior a la guerra del

36, y ajena, también, al desarrollo sangriento y a las consecuencias inmediatas de la propia guerra.

Ha salido, además, el nuevo presidente de ese grupo cualificado de ministros del Gobierno anterior que

verdaderamente han mantenido en marcha, pese a muy conocidas obstrucciones y resistencias, el motor

de la reforma política; del avance hacia la democracia, interpretando con clara lealtad la finalidad de la

Monarquía y los propósitos de la Corona. Adolfo Suárez hizo recientemente —y ahora oportuno

recordarlo con renovado elogio— una brillantísima defensa ante las Cortes de la ley reguladora del

Derecho de Asociación Política. Habló, ya entonces, con los acentos de segura convicción, de autoridad

moral y de prudencia en el juicio que son propios de los políticos formados. Y acertó a expresar un

sentimiento que latía con fuerza en muy anchas zonas de la opinión pública: «Vamos a quitarle

dramatismo a nuestra política y a elevar a categoría política de normal lo que al nivel de la calle es

normal.»

Alzaba, así, una sugestiva propuesta antirretórica, muy conveniente para un país que tiene, como el

nuestro, demasiada carga de retoricismos y de enfáticas afirmaciones trascendentales. Y definía —

creemos— una línea de acción más sencilla, más inteligible popularmente, más conforme, en fin, a la

llaneza y naturalidad de un talante político europeo.

No es fácil diagnosticar todavía las dimensiones ciertas del área de diálogo y de posible entendimiento

con los sectores no rupturitas de la oposición que tenga Adolfo Suárez. Pero sin incurrir en pronóstico

aventurado, pueden estimarse muy amplias. Las naturales en político que piensa: «No puede haber

verdadera libertad política si los derechos de reunión, expresión y asociación sollo

están proclamados en normas constitucionales y sin garantía de ejercicio.»

Si a la tradición monárquica del nuevo presidente no deben buscársele antecedentes antiguos porque se

rebasarían límites inevitables por su juventud, no hay reparo alguno que oponer, en cambio, a su

coherencia con la teoría política de la Corona. Ni tampoco, aunque no sea factor fundamental para esta

cuenta, a su personal adhesión a Su Majestad Don Juan Carlos.

La etapa más decisiva del cambio político del país, la culminación del proceso reformador legislativo, es

la responsabilidad más" importante que asume el nuevo presidente. Más importante, a fin de cuentas, y

aun conocida sobradamente su generosa concepción social de la política, que la solución de las tensiones

económicas; porque éstas necesitan algún tiempo más para recuperar el equilibrio y recomenzar la

expansión. En cambio, es urgente y está urgido el asentamiento, en el país de las libertades ciudadanas y

del sistema democrático real.

Cerrada la crisis con el nombramiento de Adolfo Suárez, la expectación nacional cambia de signo. Queda

ahora centrada en la actuación y decisiones —la primera es la lista del Gobierno nuevo— de un

presidente que aportará, así lo esperamos, al servicio nacional el ritmo vivo de la política joven, la energía

de los planteamientos sin confusión, el abierto espíritu de la conciliación y la prudencia que reclama la

dificultad de estos críticos tiempos.

 

< Volver