Autor: Aradillas, Antonio. 
   Tensiones y no aceptación de la conciencia crítica     
 
 Ya.    08/06/1973.  Página: 16. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Tensiones y no aceptación de la conciencia crítica

£31 obispo de Huesca, monseñor Osés, contesta a don Antonio Aradillas en "Pueblo":

"—Cuáles son algunas dificultades que obstruyen hoy el camino del hombre nuevo en el mundo?

—Como no estamos habituados a las tensiones, se crean nerviosismos absurdos, y esto nos incapacita para la reflexión y la acción. Los excesivos conflictos de grupos hacera que se malgasten energías. Otra dificultad grave es el desaliento —que surge en muchos ante la tarea abrumadora que se le encomienda hoy al hombre—, y su peso nos deprime en lugar de estimularnos. Por lo que hace referencia a la Iglesia, la dificultad mayor consiste en el riesgo que entraña la consciente pertenencia a ella, lo que exige jugarse el tipo, con todas sus consecuencias, y esto intimida a cualquiera. Además, faltan Ideas suficientemente darás. El cristiano se encuentra hoy demasiado solo, como el hombre de fe, casi sin apoyo por parte de la misma jerarquía, y, a veces, hasta atacado y a la intemperie.

•—Concretamente, ¿alguna dificultad especial que provenga del entorno social en el que esté inmersa la Iglesia?

—Nuestra sociedad—aun la oficialmente cristiana—no acepto a la Iglesia como conciencia critica. Lo que quiere es que reafirme, apoye y canonice sus diversos "órdenes establecidos". La quiere despojada del sentido profético e incapacitada pola denunciar los fallos que, lógicamente, han de existir, como consecuencia de las radicales limitaciones del hombre.

—Señale un pecado de la sociedad actual.

—El aceptar la aniquilación de la persona, dados los presupuestos desde los que actúa la llamada sociedad de consumo. El éxito económico nos avasalla, y esto elimina o adormece nuestra conciencia de participantes, de solidarios, e Impide integrarnos en el mundo que necesita unirse, escuchar la voz y hacerse voz con todos los pueblos deprimidos. Otro pecado está también en crearnos una atmósfera de inconsciencia o de comodidad, en la que no nos sea posible oír las voces de los oprimidos. Los triunfalismos de cualquier clase o signo actúan como narcóticos que difuminan la realidad y, a lo mejor, nos ofrecen una visión rural en plena etapa de civilización urbana."

 

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