El error Suárez     
 
 Cuadernos para el Diálogo.    10/07/1976.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

EDITORIAL

EL ERROR SUAREZ

UNA vez más la política se ha hecho en este país de espaldas al pueblo. La crisis de Gobierno se ha

resuelto con métodos franquistas. Por sorpresa nos enteramos de que había dimitido, o había cesado el

presidente Arias. Un sentimiento de satisfacción se apoderó de todos aquellos —creemos que la mayoría

del país— que pensábamos que su "reforma" era imposible, porque no había abandonado sus

presupuestos autoritarios y porque se estaba realizando a través de unas instituciones heredadas, no

representativas, no derivadas de un sufragio popular. Las especulaciones y, por qué no decirlo, las

ilusiones se apoderaron por unas horas de los sectores democráticos. Pero fueron inmediatamente

disipadas, tanto con el anuncio de la terna —la de verdad, no la adelantada con un error monumental por

la agencia Cifra--- y después por la confirmación del nombramiento de don Adolfo Suárez como

presidente del Gobierno.

Una institución —el Consejo del Reino— de formación oligárquica, alejada del pueblo, donde se refugian

los sectores más reaccionarios del país, ha decidido por todos los españoles el presidente que nos

conviene. Una vez más se pone de relieve la retórica vacía de frases como el patriotismo de los sectores

de la derecha, que han demostrado que anteponen sus propios intereses a los intereses generales, porque

nadie puede seriamente sostener que los tres nombres presentados al Rey son nombres vinculados con la

voluntad popular.

HAN funcionado las instituciones, pero ese mismo funcionamiento ha puesto clamorosamente de relieve

sus planteamientos, su ideología y sus intereses. Ha faltado el impulso democrático, puesto que son

instituciones de un régimen personal y autoritario y el resultado a la vista está: un personaje político

desconocido para la mayoría, vinculado al fallecido Herrero Tejedor, dirigente del Ministerio de

Información y Turismo con Sánchez Bella —en la época más negra de ese Ministerio—, presidente de

UDPE y actualmente ministro secretario general del Movimiento y uno de los cuarenta de Ayete.

En la tradición de la prensa oficial -rota ya por reticencias de otros periódicos y por un excelente editorial

de "El País"— era costumbre dar la bienvenida al nuevo presidente del Gobierno, con frases cordiales,

con entusiasmo renovado en las posibilidades de funcionamiento del sistema. Nosotros, sin embargo, no

podemos, como es lógico, adoptar esa posición. Nos parece inviable la línea que ahora se inicia; no

pensamos que don Adolfo Suárez sea la persona adecuada para traer la democracia al país, y, por

consiguiente, creemos que su nombramiento es un error. El clamor democrático tiene que ser canalizado

pacíficamente mediante un acercamiento de las posiciones oficiales a las tesis de la oposición, que no son,

por otra parte, especialmente originales.

La democracia, para empezar a serlo, necesita unas elecciones libres, con todas las garantías y por

sufragio universal y directo, con participación de todos los grupos políticos. Sólo un^ poder legislativo

nacido de ese sufragio puede reformar las leyes que el régimen franquista estableció y abrir los cauces a

las libertades y a una organización más acorde con los tiempos y con la voluntad de los ciudadanos en el

Estado español. La mayoría del país opina así. La mayoría del país quiere una democracia auténtica.

El nombramiento de don Adolfo Suárez no conecta con esa corriente democrática. Por la vía del

"reformismo continuista" la democracia es imposible, y el propio procedimiento de cese y nombramiento

que hemos visto, como convidados de piedra los ciudadanos, es la mejor prueba.

TODA la confianza que el nuevo presidente pueda obtener tiene que ser "a posteriori", por sus actos, y no

por un caudal previo que el país le otorgue. Nuestro respeto personal lo tiene "a priori", como cualquier

otra persona, pero tenemos lealmente que expresar nuestro escepticismo sobre sus posibilidades reales de

traer la democracia. Creemos que por el camino del reformismo no llegaremos a ninguna parte, sobre

todo si se sigue desconociendo la realidad de la oposición, de toda la oposición.

Lo que ha sucedido en estos días refuerza evidentemente la tesis de la ruptura como única vía para traer la

democracia. Que sea pactada o no, depende, en gran medida, de lo que haga el nuevo Gobierno en la

próximas semanas.

Sábado, 10 de junio de 1976

 

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