Autor: Fuente, Elisa de la. 
   Areilza: "el presidente que no fue"     
 
 Cuadernos para el Diálogo.    10/07/1976.  Página: 19. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Areilza "el presidente que no fue"

Elisa DE LA FUENTE

Durante algunas horas se creyó que sería nombrado presidente. Se pensó también que por la

tarde tendríamos un "premier europeo". Al lado del nombre de don José María de Areilza,

conde de Motrico, los demás "posibles" quedaban oscurecidos.

A las dos de la tarde, al levantarse definitivamente la sesión del Consejo del Reino, se daba

por hecho su inclusión en la terna. A esa hora, en casa del señor conde, bella casa,

aristocrática, algo decadente, aislada y cercana de Madrid al mismo tiempo, comían don Pío

Cabanillas, don Marcelino Oreja y algunos amigos más. Ei mayordomo nos aconseja que nos

vayamos a comer también.

Los invitados abandonan la villa a las cuatro de la tarde. A esa hora se hace más fuerte el

rumor de que la terna de presidenciables la componen ios señores Areilza, Suarez y Silva. En

casa del ministro de Asuntos Exteriores hace acto de presencia la pareja de la Guardia Civil de

servicio. El mayofdomo sigue diciendo que "el señor conde no está".

Poco después liega a la casa el yerno de don José María de Areilza, don Joaquín Garri-gues

Walker, hijo del ministro de Justicia y uno de los dirigentes del Partido Liberal. Charla un

momento con nosotros. E\ da como seguro la inclusión de su suegro en la terna. Considera que

el nombramiento de Suarez "sería demasiado sorprendente, ¿no?", y en cuanto al otro,

pregunta quién es. Piensa que el señor Silva Muñoz encontraría mucha oposición dentro de la

democracia cristiana. No cree probable que sea elegido.

El teléfono no deja de sonar. Llega más prensa. La servidumbre comienza a dar muestras de

que están asistiendo a algo importante. (Como don José María no hay otro, oigan.) La aparición

de un motorista produce unos momentos de ansiedad. Para todos los presentes está muy

ce/cano aquel motorista de las crisis del general Franco. Entra con un sobre en la casa. A la

salida nos dice que viene del Ministerio de Asuntos Exteriores.

Son las seis y media cuando sale de la casa don Enrique Areilza, hijo del conde de Motrico. No

sabe nada, pero dice que podría ser su padre el elegido. Nos invita a pasar dentro de la casa y

nos ofrecen una copa. Se tiene la impresión que de un momento a otro se producirá la noticia.

Suena el teléfono. Y al cabo de unos instantes don Enrique Areilza nos comunica que acaba de

saber que el presidente elegido es don Adolfo Suarez. Todavía bromea unos instantes con la

estupefación nuestra y nos acompaña a todos hasta la puerta. Si ha habido alguna

contrariedad en la noticia para nada trasluce en los modales agradables del hijo del ministro.

La soledad de la casa de don Adolfo Suarez nos demuestra lo lejano que en los ambientes

periodísticos se veía su nombramiento. La casa, un tercero dentro de una urbanización de

Puerta de Hierro, tiene el aire de barrio de emigrantes de altura. Desde luego, pertenece ai

"nuevo Madrid". Una camisa azul hace guardia en la puerta del recién nombrado presidente.

Varios chiquillos juegan en el pequeño jardín de la urbanización. Dos guardias civiles es-

tán en turno de servicio. Don Adolfo —nos dicen en su casa— salió para La Zarzuela alrededor

de las seis. Conducía su automóvil. Comienzan a llegar algunos curiosos que se estacionan en

la puerta de la urbanización.

A las ocho y media llega el nuevo presidente conduciendo también su automóvil, sólo que esta

vez trae detrás la escolta de don Carlos Arias. Nervioso, no quiere decir nada, agradece

tímidamente los parabienes. Nos ruega, mientras entra en el ascensor, que le dejemos meditar

y ordenar sus ideas. Mientras tanto, la noticia se ha hecho pública. La televisión lo ha

comunicado. ¡Hay júbilo en Avila!.

Cuadernos para el diálogo 19

 

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