Autor: Brezo, Carlos. 
 Políticos ante las cámaras. 
 Realismo, utopía y responsabilidad     
 
 Ya.    11/06/1986.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Políticos ante las cámaras

Realismo, utopía y responsabilidad

CARLO BREZO

DEBATEN el realismo, la utopía y la responsabilidad, bien encarnados por los personajes que los

representan. La contundencia física de Ariza subraya sin recurso a la estridencia o al exceso, con la na-

turalidad de su gesto, un discurso que parece el natural de quien argumenta aquello que vive, siente y

padece. Es más una postura vital que ideológica. Conmueve por su eficacia. Rebate con su evidencia.

La utopía confunde, como es su sino, la posibilidad con el deseo. No se mezcla en la discusión. Respeta

las razones ajenas, porque no entra en ellas. Solamente se enzarza cuando se le niega. Su fuerza, su

argumento es la convicción, los datos son los anhelos. Sartortus, por encima o al margen de la realidad.

Solchaga discute sin apear la mirada. Acepta, con sonrisa franca y ademán benevolente, la argumentación

de sus contertulios. En un tiempo él también razonaba así. Se lo conoce. Por eso le es tan cómodo

rebatirlo. Solamente se impacienta cuando, tras la primera explicación indulgente, sus oponentes

persisten. Esas cosas —parece decirles— están muy bien, pero el fondo a repartir no cambia porque

modifiquemos la bolsa o cambiemos los sacos. Lo que hay es lo que hay. Sus geniales propuestas son

tópicos desechables. Con los mimbres que tenemos sólo se pueden hacer estos cestos. En economía no

hay milagros.

El debate no nos aclara la cuestión de fondo. Seguimos con la duda de saber si la política económica del

Gobierno es la única posible o si, por el contrario, es fruto de una elección tendenciosa que otra

alternativa distinta podría modificar. El paro es el objetivo; El paro es el precio. En palabras del debate,

no nos consta si «la cosecha González del 82 era un vino adulterado, o si «como ustedes no van a

gobernar, pueden echarse al monte».

Cuando el Gobierno ofrece esa cara de muchacho despierto y el sindicato y la izquierda exhiben maneras

tan pulcras como las que ayer vimos, el debate, que existió, se torna un poco irreal y el corolario un poco

oscuro. De oscuro —qué casualidad— vestían todos. Una enseñanza, eso sí, frente a lo que vimos en

debates pasados: que la izquierda lleva los datos no sólo en los papeles, sino en la cabeza. Que con ellos

defiende sus argumentos y extrae conclusiones, no los utiliza solamente para arrojárselos o sepultar al

adversario. Y que sabe que frente a! televisor hay algo más que papeletas de voto. Agradecemos su res-

peto.

 

< Volver