Autor: Martínez, Alberto. 
   Solchaga neutralizó fácilmente en televisión a la oposición a su izquierda     
 
 Ya.    11/06/1986.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Solchaga neutralizó fácilmente en televisión a la oposición a su izquierda

Madrid/Alberto Martínez

A pesar de la desventaja que supone el "dos contra uno", el ministro de Economía y Hacienda, Carlos

Solchaga, salió airoso anoche del debate televisivo en el segundo canal de TVE, con la situación

económica como telón de fondo.

Los dos contendientes del ministro de Hacienda, Nicolás Sartorius, por Izquierda Unida, y Julián Ariza,

por Unidad Comunista, centraron sus ataques en la gran cantidad de promesas incumplidas por el PSOE a

¡o largo de la legislatura. El primer reproche fue la no creación de los famosos 800.000 puestos de

trabajo. Tanto Sartorius como Ariza acosaron al ministro con agudas críticas por la falta de respeto para

con los trabajadores, mientras que, en su opinión, el PSOE había sido mucho más condescendiente con

los intereses de las clases más acomodadas y los altos cargos financieros.

Las respuestas de Solchaga a lo largo de la hora que ocupó el debate tenían un común denominador: es

muy fácil hacer promesas o críticas cuando se está en la oposición y no se va a tener responsabilidad

directa de gobierno, mientras que cuando toca llevar las teorías a la práctica hay que ser bastante más

realista. Consecuentemente Solchaga replicó en más de una ocasión a sus contendientes afirmando que

sus promesas no pasaban más allá de ser el cuento de la lechera: totalmente inviables. En cualquier caso

el medio televisivo fue el neto vencedor. Las cámaras se impusieron a los participantes, produciendo una

conversación artificialmente limitativa que era incapaz de permitir que el debate discurriera por los

cauces que hubieran sido normales en caso de que la charla tuviera lugar en´ cualquier otro sitio. En las

ocasiones en que los ponentes estuvieron a punto de echarse los trastos a la cabeza, terció la cordura y

cada cual guardó las maneras de la mejor forma posible.

Argumentos socialdemócratas

Con un Solchaga valentón y seguro de estar en posesión de la verdad,

que significa los diez millones de votos, el ministro de Economía y Hacienda se dejó atacar desde las op-

ciones más facilonas de la izquierda posibilista, para responder una y otra vez a las críticas previstas con

argumentos socialdemócratas y moderados, a los que revestía con la fuerza de la necesidad. Como si

fuera un funcionario de la OCDE, repitió una vez más que la política económica que está aplicando el

Gobierno es la única posible para obtener resultados a medio plazo y que prueba de ello es que en estos

momentos ya se está viendo la salida del túnel. Según Solchaga, los últimos datos de empleo están

empezando a demostrar que cambia la tendencia.

Ariza y Sartorius incidieron fundamentalmente en lo escasamente de izquierdas que es la verdadera políti-

ca del PSOE: ha disminuido el poder adquisitivo de los trabajadores, la inflación se ha corregido a base de

limar los salarios, la jubilación a los sesenta y dos años sigue siendo un sueño, los impuestos sólo los

pagan quienes están en nómina, la reforma

agraria y de la Función Pública ni se han visto, y el despido cada vez es más fácil.

Frente a la andanada de críticas comunistas, que en un momento hicieron tambalear a Solchaga, espe-

cialmente cuando Ariza le enumeró la larga lista de promesas laborales incumplidas, Solchaga tuvo el

arrojo de reconocer que es necesario que las empresas se saneen para que se recupere la inversión, que la

iniciativa privada es la verdadera creadora de empleo y que la banca es quien está mejor especializada

para redistribuir los recursos financieros. «Lo que hace falta es controlarla, no nacionalizarla», aseguró

Solchaga.

Con una izquierda comunista obsesionada en crear empleo a cualquier costo, el ministro de Hacienda hizo

alarde de realismo y responsabilidad y aseguró que el PSOE era el partido de los trabajadores sin nece-

sidad de hacer promesas falsas, esgrimiendo un programa que, frente al de sus oponentes, pide a (os

trabajadores que se aprieten el cintu-rón.

 

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