Autor: Rodríguez, Pedro. 
   Iglesia, sacerdotes, política en declaraciones del nuncio de Su Santidad     
 
 Ya.    10/06/1973.  Página: 17. Páginas: 1. Párrafos: 19. 

Iglesia, sacerdotes, política en declaraciones del nuncio de Su Santidad

El nuncio de Su Santidad en Hispana, monseñor Dadaglio, ha contestado a don Pedro Rodríguez en "Pueblo":

—Excelencia, ¿qué es lo que el Vaticano quiere o pretende de España en este momento?

—Bien... Diría que lo que quiere es lo que quiere con todas las naciones. Lo que hace la Santa Sede es seguir las normas del Concilio Vaticano, que han sido dictadas, yo diría, por la voluntad y el sentir del Episcopado mundial. Lo que desea el Vaticano es ponerse al día, cumplir el programa del Concilio..."

"—Lo que hoy quiere la Iglesia, pero no en España, sino en todo el mundo, lo que la Iglesia considera que refleja su autenticidad es una postura de independencia. Se ha hablado de separación entre poder civil y autoridad eclesiástica. Hay que entender bien estas palabras: no entender como separación el distanciamiento. Cada uno, en su campo. La Iglesia siempre ha enseñado, desde San Pablo, que hay que respetar la autoridad. El sacerdote, incluso el obispo, como ciudadano, tiene que acatar las leyes de su país. Esto es evidente. Incluso, si me apura, como eclesiástico. Ahora bien, en cuanto a relaciones Iglesia-Estado, cada cual tiene que estar en su sitio. Y si hay una división, nunca tiene que ser distanciamiento. Al contrario: lo que la Iglesia tiene que buscar, lograr y desear, es acercamiento, diálogo, comprensión, colaboración, entendimiento, paz.

—Sin embargo, excelencia, ¿no hay reproches para algunos obispos que puedan formar parte de instituciones del Estado?

—Bien... Este es el sentido de la independencia. Independen cía, pero no ponerse lejos o en contra, por amor de Dios. La Iglesia no tiene que estar en contra de nadie. Ahora bien... El criterio normativo desea que 10 miembros la Iglesia estén fuera de... de, digamos, los engranajes de un Estado. Mejor que estén fuera para tener esa independencia; que se les pueda ver externamente. En el pasado, las cosas eran distintas: uno podía estar dentro de esos engranajes y nadie hacia caso. Antes, hablo de hace siglos si quiere, el cuadro político lo encabezaba un rey, en cualquier país me refiero, y todos acataban su autoridad. La Iglesia, como todas las instituciones de una nación, estaba al lado del rey. Pero hoy las naciones viven de otra manera. Me explico, y hablo en ge. ñeral del mundo, no quiero hablar de España, en las naciones hay partidos. O si usted quiere, corrientes de pensamientos con distintas soluciones a los problemas. Ese hecho ya crea una división de opinión del pueblo, y la Iglesia no puele identificarse con ningún partido. No debe. Porque tiene un mensaje universal para todos: los buenos y los malos, los de derechas y los de izquierdas. La Iglesia habla a todos. Algunos la escucharán más que otros, de acuerdo, pero todos tienen un alma que salvar. En el momento en que la Iglesia se identifique con un partido, una corriente o un grupo, automáticamente es vista con sospecha por los otros grupos, ¿me entiende?

—Sí, excelencia; pero, a algún nivel, la Iglesia está inserta en algunos partidos occidentales. La democracia cristiana, diría yo...

—Oh, no, no.. En ningún partido. Hay que distinguir entre ´os católicos y la Iglesia. Que haya buenos católicos que están en un partido con denominación católica o cristiana, es otra cosa. Personalmente, creo que cualquier denominación católica o cristiana no debiera ser utilizada por ninguna ideología. Yo no discuto la buena intención de estos cristianos que quizá creen su deber el dar expresión de la doctrina de la Iglesia. Pero por noble que sea su ideología, la Iglesia ha de estar por encima Por encima y fuera para poder hablar a todos y cumplir su oían de armonizar pacificar, de entender y velar por un orden y el bien común."

"—¿Le preocupa, excelencia, el hecho de que algunos grupos actúen bajo una denominación, digamos, divina? Por ejemplo, Los Guerrilleros de Cristo Rey, excelencia...

—Bien... Sí: creo que esto no se puede aceptar. Es disfrazarse con un nombre religioso. Cuando menos, deberían dar a conocer su ideología, lo que pretenden y quiénes son. Sus métodos no son cristianos, a pesar que se digan de Cristo. Ni al pueblo español pueden resultar aceptables, porque, por su naturaleza, el español es valiente y tiene antipatía hacia quien no quiere dar la cara. No se puede admitir que tomen esa etiqueta. Lo religioso hay que dejarlo dentro de la Iglesia. Además, esto puede traer graves consecuencias. No hay que olvidar que la violencia produce violencia. La actuación de estos "guerrilleros" puede dar origen a la formación de grupos de signo contrario, ya que cada cual tiene derecho a defenderse. Y entonces vienen los enfrentamientos. De todo esto, ¿a quién la responsabilidad?

—Personalmente, ¿le asusta más la derecha o la izquierda?

—Oh. buena pregunta... Ya le he dicho que delante de Dios no hay derecha ni Izquierda. Diría que no hay delante ni detrás. Cuando en el Credo decimos que Jesucristo está a la derecha del Padre, es una forma de decir, una forma de imaginarnos, una forma antropomórfica. Yo, personalmente, estaría con un solo partido: el de las peleonas honradas, diríamos que con el partido de los hijos de Dios. Que conste que admito que es bueno que haya corrientes, ¿eh?, porque así evoluciona el mundo. Si hubiera siempre el mismo viento, probablemente no tendríamos cambios de lluvia, de sol. Hay que dejar un juego libre en la manera de pensar. Pero yo no puedo Identificarme como sacerdote. La Iglesia y el sacerdote, como tales, no pueden tomar partido político. El sacerdote puede opinar como individuo, esto es distinto, pero no tiene derecho de decirlo en el pulpito o de expresar su ideología dentro del templo. Fuera puede opinar que, para 61, fulano es mejor o peor, pero ya lo hará como simple ciudadano. Yo no veo al cura, y menos al obispo, que se pone en un partido.

—¿Qué piensa usted, excelencia, sobre la intervención en actividades políticas legítimas de católicos insertos en asociaciones cristianas?

—Si son organizaciones católicas que están dentro de la Iglesia y bajo su Jerarquía, creo que sus miembros no deben meterse en política. Yo tengo esta postura: el bien o el mal no hay que hacerlo a escondidas. Yo prefiero ser coherente en mi forma de pensar y correr incluso el riesgo de que vayan al poder grupos contrarios a la Iglesia, antes que faltar a mi deber de no meterme en política, pase lo que pase.

—Me refería a instituciones seglares.

—Sí, si. De tipo seglar también, ai funcionan bajo la autoridad eclesiástica o la jurisdicción de loa obispos. Entonces, como tales miembros, no deben ocuparse de la política. Ahora bien, si se trata de una organización civil de individuos católicos, podrán actuar bajo su responsabilidad, bajo su buen criterio y bajo el imperio de la ley. Privilegios delante de la ley no debería haber para nadie. Ni para los sacerdotes.

—¿En algún sentido, la nunciatura influye o inspira, en alguna ocasión, la línea editorial de nuestros compañeros de YA?

—Mire usted: yo tengo muy pocas relaciones, casi ninguna, con loa periódicos. No porque no me gusten los periódicos o loa periodistas. Todo lo contrario. Mi manera de ser Independiente es dejar a los demás que sean independientes. Mucho se ha dicho, efectivamente. Algunos piensan que YA sea portavoz o esté inspirado por la nunciatura. Se lo aseguro: no. A veces he visto algunos artículos de YA y me he dicho: "Caramba, dice las cosas muy bien, yo las habría dicho igual." Pero nada más...

N. de la R. — Por nuestra parte, ratificamos las declaraciones anteriores. Ni uno solo de los comentarios a que se alude ha tenido esa inspiración, y si se habla de inspiración, podemos decir que tampoco ninguna otra. Escribimos con total independencia y, por lo mismo, con absoluta y exclusiva responsabilidad.

 

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