Autor: Onega López, Fernando. 
   Y llegó la calma     
 
 Ya.    11/06/1986.  Página: 11. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Miércoles 11 de junio de 1986

MEMORIAS DE CAMPAÑA

Y llegó la calma

FERNANDO ONEGA

DESPUÉS de los corros y las peleas, el bosque se quedó tranquilo. Como mudo. Todos los animalillos,

desde la hormiga a la cigarra, habían estado escuchando ios partes y supieron, desde muy temprano, que

se había firmado la paz. Algunos se preguntaban, con curiosidad, qué se inventaría Suárez para seguir

ocupando primeras páginas. Otros bromeaban con las explicaciones que había dado Guerra cuando dijo

que él no había sacado el tema. Los gorriones, que eran los más reformistas, intentaron hacer

proselitismo, y dijeron que ésta era una victoria de Roca. Solamente Roca había dicho en público que

había que hablar de los problemas del país, y no de historias pasadas.

—¿Y lú, qué opinas?, inquirió la cigarra.

—Yo.,., dijo el mirlo rascándose con el pico, yo creo que ésta es una victoria del general Serra. No hay

más que verlo. Narcís Serra dijo que era «lamentable» lo que se estaba diciendo y ya lo ves: se firmó el

alto el fuego. Este Serra manda mucho, aunque se atrabuca cuando lo dice. Es torpe de boca, pero eficaz

de bastón. Es el primer caso en que un ministro le aconseja a su vicepresidente que se calle. Y sobre todo:

es el primer caso en que el vicepresidente se calla.

Comentaron después lo bien que está Felipe González en televisión. Coincidieron en que sigue siendo el

mejor comunicador, con gran dominio de léxico e imagen. El mirlo, en éstas, tenía una información

confidencial.

—Mira: ¿sabes lo que es el CIS? Pues la encuesta del CIS es real como la vida misma. El Gobierno teme

razonablemente rozar, pero sólo rozar, la mayoría absoluta. Los estrategas de campaña han mandado un

mensaje a la Moncloa. Es preciso, para salvar la situación, que Felipe González aparezca más en la «tele».

Sólo Felipe puede salvar los votos que faltan para conseguir ese gobierno fuerte que piden.

—Entonces, ¿habrá debate con Fraga?

—Depende de lo que diga Julián Santamaría, el de las encuestas. Si Julián Santamaría dice que sí, habrá

debate. Sólo hay un inconveniente en este momento: que Felipe tiene programados dos mítines el día 20.

Uno, en Madrid, a las ocho de la tarde. Y el cierre de campaña por todo lo alto en Sevilla. Ahora tiene que

elegir o satisfacer a los militantes en estos mítines, o dedicarse a la caza y captura de los votos que le

pueden faltar.

—¿Se sabe cuántos son?

—Hija, esa es la pregunta del millón de dólares. Pero, si hay todavía un treinta por ciento de indecisos,

ese es el estanque en el que todos tienen que pescar. Y los pescará quien tenga más armas en la mano; es

decir, el señor González. Si yo fuera Fraga, estaría preparando documentación. A lo mejor le aceptan el

reto un día antes.

Hacía algo de bochorno en el bosque esa mañana. Las hormigas trabajaban más de lo corriente, como si

amenazara tormenta. Las moscas estaban especialmente pesadas, como si acabaran de llegar de algún

mitin. Había tanta (alma, que el mirlo quiso irse a dormir. La cigarra se quedó a ver cómo Carlos

Solchaga dividía más al comunismo y cómo el debate ponía todavía más al PSOE en el liberalismo

económico. Pero era una historia tan cantada y tan sabida, que ni siquiera quiso despertar al mirlo para

contárselo.

 

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