Autor: Suevos Fernández, Jesús. 
   Eros en el water-closet     
 
 Ya.    12/06/1973.  Página: 20. Páginas: 1. Párrafos: 1. 

Eros en el "water-closet"

Don Jesús Suevos dice en "Arriba":

"Hace unos años, viendo una película de moda en Nueva York, le decíamos a nuestros acompañantes: "Si seguimos así, acabaremos por ver en las pantallas, con todos los detaces, los actos fisiológicos más íntimos y que hasta ahora se ocultaban cuidadosamente por considerarlos inmundos. Entonces los cines no sólo serán prostíbulos, sino, además, letrinas." Y lo que entonces pudo parecer una pintoresca exageración, se ha convertido en una realidad. En el último Festival de Cannes se ha presentado un filme francés, dirigido por el italiano Marco Ferreri, que se titula "La grande bouffe"—que podríamos traducir por "La formidable comilona"—, en la que sus protagonistas se reúnen para comer, beber y, como diñan los clásicos, holgar durante varios días con una gula y una lubricidad realmente espeluznantes. Aquellos seres bestializados, eruptan, vomitan, defecan ante los espectadores y es imposible que quienes disfruten de un mínimo de sensibilidad y decoro no se sientan ofendidos por un espectáculo que a fuerza de ser innoble es desconsolador. Porque los protagonistas mueren reventados por la comida y la lujuria, entre residuos de manjares, cuerpos sudorosos y sus propias deyecciones. ¿Qué nos quiere decir este final escatológico en el doble sentida de la palabra? ¿Que el hombre es sólo inmundicia, vileza, irremediable bestialidad? ¿Que la civilización de que tanto presumimos nos lleva sin remedio a las degradaciones y perversidades más devastadoras? No podemos adivinar la verdadera intención de Marco Ferreri, pero una cosa, al menos, está clara: que el amor —esa fuerza que, según el Dante, mueve el sol y las demás estrellas—se ha convertido en manos de los pornógrafos en un albañal. Y que esas censuras tan vilipendiadas por los "snobs", los horteras y los que oyen campanas y no saben dónde, son imprescindibles, con todos sus defectos, para salvaguardar no sólo lo que llamamos civilización, sino la supervivencia de lo estrictamente humano. Porque si no, Eros—que no sólo es el amor, sino la fuerza generadora—se morirá de asco en el "wter oloset" en que lo han metido."

 

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