Autor: Ariza Rico, Julián. 
   Movimiento obrero y elecciones     
 
 El País.    17/06/1986.  Página: 15. Páginas: 1. Párrafos: 17. 

POLÍTICA

EL PAÍS, martes 17 de junio de 1986

El PSOE está intentando sacar adelante una doble estrategia que desvirtúa lo que debería ser la campaña,

es decir, un proceso continuado de debate sobre las alternativas de los distintos partidos a los problemas

que tiene hoy España. El primer punto de esta estrategia es la renuncia a explicar su programa y a

confrontarlo con las demás fuerzas políticas. El tono general empleado por los socialistas en la campaña,

los chistes envenenados de Alfonso Guerra para desvirtuar la atención del debate ideológico, la vaguedad

de sus mensajes y la misma fecha elegida para la campaña, coincidiendo con el Mundial de Fútbol,

demuestran que el PSOE quiere hacer de ésta una campaña de trámite y que pretende pasar por ella sin

rendir cuentas del pasado y sin definir claramente cuál es el futuro que ofrece. La posibilidad de un debate

González-Fraga no hace sino apoyar este planteamiento, porque ése sería un debate ficticio, ajeno a lo

que hoy por hoy, son las alternativas que se presentan a la sociedad española.

En segundo lugar, los socialistas están promoviendo una falsa polémica, según la cual lo que pretende el

resto de las fuerzas políticas es, ante todo, impedir una mayoría absoluta del PSOE y conseguir con ello

un país ingobernable. Se trata de transmitir a toda costa la idea de que, mientras los esforzados socialistas

luchan por hacer de esta España díscola y enrevesada un país en el que sea posible gobernar, las demás

fuerzas políticas se dedican a dificultar las cosas y a discutir irresponsablemente sobre cómo aumentar su

protagonismo. Se trata, ante todo, de resucitar el miedo al desgobierno, aunque para ello tengan que decir

bien a las claras que vale más un Gobierno fuerte que un Parlamento plural y plenamente representativo.

No es casualidad que en los mítines del PSOE ya no se hable de legislatura, sino de mandato o cuatrienio.

La polémica es falsa, porque lo que se ventila en estas elecciones no es si la mayoría absoluta es mala o

buena per se, sino el uso que han hecho de ella los sociahV tas en estos años y las fórmulas alternativas

que hoy se ofrecen al

El miedo al desgobierno

ANTONIO GARRIGUES

Lo único que interesa a los socialistas, según el autor de este artículo, es centrar la campaña electoral en la

cuestión de la mayoría absoluta, argumentada con el miedo a la ingobernabilidad. El orden de prioridades

del partido socialista es, según el articulista, la autoridad por encima de las ideas, el poder por encima de

la fidelidad al propio programa y el orden por encima de la libertad, todo lo cual responde a concepciones

neo-franquistas de la gobernación del Estado.

electorado. Éste y no otro es el auténtico debate que es necesario plantear por mucho que al PSOE le

pese: el debate entre nuestros respectivos proyectos de futuro.

He leído atentamente un artículo de José María Benegas en estas mismas páginas, en el que, refiriéndose

al Gobierno surgido tras las últimas elecciones y a la labor que tenía por delante dice:

"Ese Gobierno fue el del PSOE, pero podría haber sido un Gobierno de Fraga; lo importante es que ya no

podía seguir siendo un Gobierno de transición, un Gobierno débil, un Gobierno incapaz de tomar

desiciones clave en momentos cruciales". El planteamiento encaja perfectamente con el de Felipe

González cuando hablaba de la necesidad de un Gobierno fuerte, "aunque sea de derechas", y con otra de

las argumentaciones de Benegas: "Lo más grave", dice, "no es que los modelos de la izquierda comunista

o de la derecha convervadora aboquen a condiciones económicas anteriores a la eclosión de la crisis, sino

que conducen a la ingobernabilidad". Se trata pues, de gobernar ante todo; poco importa si los resultados

nos llevan a Bruselas o a Managua, si el empleo sigue cayendo o se remonta, si nuestra renta per cápila

sube o baja.

Lo verdaderamente grave sería no poder gobernar España. He aquí el orden de prioridades del partido

socialista: la autoridad por encima de las ideas, el poder por encima de la fidelidad al propio programa, el

or-

den por encima de la libertad. Sinceramente, no comprendo cómo presentando semejantes planteamientos

pueden los socialistas quejarse de que haya quien hable del socialismo neofranquista. Si hubo una idea

que el franquismo intentó transmitir siempre fue el miedo a la ingobernabilidad de España.

Lo más escandaloso del planteamiento socialista no es que tergiverse la verdad reduciendo las alternativas

que se les presentan a comunistas y conservadores, ni tampoco que haya urdido una falsa polémica según

la cual los españoles deben elegir entre el PSOE o el caos. Lo más escandaloso es sin duda el evidente

contraste entre la claridad con que exponen sus razones para mantener el poder y la opacidad absoluta que

muestran cuando se trata de saber qué es lo que pretenden hacer con él.

La campaña socialista

La campaña socialista está basada en un lema paternalista y conservador que invita a los españoles a

seguir por un camino que no se sabe adonde conduce, porque el PSOE se ha encargado ante todo de hacer

un programa de trámite sin compromisos concretos y una campaña que no les ponga en aprietos. En estas

condiciones, las respuestas que realmente importan quedan en el aire. El partido socialista no está

explicando qué pretende hacer para eliminar la destrucción del empleo, que arroja

un saldo de 700.000 parados más que en 1982, ni cómo va a gestionar el desarrollo del tratado de

adhesión a la Comunidad Europea, ni qué piensa hacer para respetar el pluralismo informativo en la

autorización de las televisiones privadas. Son cuestiones que, al parecer, no importan, porque lo que

realmente importa al partido socialista transmitir es esa doble falacia sobre la que ha montado su

campaña: la invitación conservadora y dirigista a dejarse conducir dócilmente por un camino indefinido

sobre el que no explican nada y la estrategia del miedo al pluralismo, al debate y a la tolerancia.

El PSOE nos tiene acostumbrados a la distorsión interesada de las intenciones y realidades del resto de las

fuerzas políticas. Para quienes llevamos años denunciando que el socialismo promociona el bi-partidismo

en su propio beneficio no es una novedad que ahora pretenda convencer al electorado de que si pierde la

mayoría absoluta España quedaría abocada a la ingobernabilidad. Una de sus especialidades es la

distorsión de todo cuanto les es ajeno. Pero del mismo modo que la dicotomía irreal y estéril del

bipartidismo que el PSOE promueve está siendo desmontada por el Partido Reformista, el falso debate

que ahora nos presentan sobre al mayoría absoluta está siendo sobrepasado ampliamente por la cuestión

que realmente interesa a los españoles: el uso que ha hecho el PSOE de su mayoría absoluta y si en

función de ello es deseable o no que se repita.

Sobran razones para contestar a esta cuestión a la vista de los incumplimientos de su programa y de la

prepotencia con la que han gobernado. Pero es que, además, un partido que se manifiesta incapaz de

llevar adelante su proyecto político si no es en condiciones de mayoría absoluta no merece gobernar.

Semejante planteamiento identifica a las claras el carácter sectario de su proyecto y su incapacidad de

establecer un diálogo constructivo con el resto de las fuerzas políticas para mejorar España.

Antonio Ginignes es presidente del PRD y candidato al Congreso por Madrid.

 

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