Autor: Garrigues Walker, Antonio. 
   El miedo al desgobierno     
 
 El País.    17/06/1986.  Página: 16. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

EL PAÍS, martes 17 de junio de 1986

POLÍTICA

ESPAÑA /15

Ea la historia del movimiento obrero figura como un hecho singular la fundación del Partido Laborista

por parte de las trade unions británicas. Efectivamente, en un momento dado de su desarrollo, el

sindicalismo del Reino Unido tuvo conciencia de la necesidad de poseer un instrumento partidario que se

confrontara con la burguesía en las instituciones políticas de Estado.

En el resto de los países europeos, el fenómeno fue diferente. Fue el propio desarrollo de la lucha de

clases lo que determinó que el inicial asociacionísmo obrero evolucionara hacia formas sindicales más

acabadas y, sobre todo, tras la aparición de Marx y la extensión del marxismo, también hacia formaciones

políticas que cuestionaran el sistema económico-social imperante.

Por otra parte, desde sus mismos orígenes, el movimiento obrero ha estado cruzado por diversas

concepciones e ideologías. Por ejemplo, al analizar el sindicalismo, los historiadores han clasificado éste

en tres grandes corrientes: la revolucionaria o anticapitalista, la reformista y la inclinada a la conciliación

entre las clases sociales.

Profundos cambios

Ha corrido mucha agua bajo los puentes. Ni el capitalismo ni la clase obrera de hoy tienen demasiado que

ver con los del siglo XIX. Los profundos cambios operados han afectado también a las ideologías y a las

prácticas políticas y sindicales. De todos estos cambios viene a cuento retener uno: los partidos socialistas

y so-cialdemócratas, que eran los más genuinos representantes de los intereses y objetivos del movimien-

to obrero, han terminado claudicando. Pese a que en sus bases militantes continúan latiendo aspiraciones

de la izquierda, sus dirigentes se han entregado al capitalismo y a la economía de mercado, y allí donde

han conquistado el poder político, su gobernación se ha caracterizado por la legal gestión de los intereses

del gran capital. En estos años de crisis

Movimiento obrero y elecciones

JULIÁN ARIZA RICO

El motor de la oposición al Gobierno desde la izquierda, según el autor de este artículo, está formado,

fundamentalmente, por los comunistas. Julián Ariza analiza la influencia de los comunistas en el mundo

del trabajo y propugna, ante los inten-

tos de una fantasmagórica "nueva izquierda", sin proyecto politice coherente y con mezclas ideológicas

increíbles, el mantenimiento de un espacio de influencia social y de representación institucional política

de los comunistas.

han sido en ocasiones más brutales contra las conquistas históricas de los trabajadores que los propios

partidos burgueses o de derechas.

Lo dicho hasta aquí busca sentar varias premisas para lo que luego añadiremos:

1. Que la clase obrera, aun transformada profundamente en su composición, ha necesitado y necesita de

partidos que representen sus intereses y objetivos transformadores. Porque el sindicalismo y su acción han

tenido siempre un techo: el del poder político.

Ese poder, hoy, lo predetermina casi todo. Desde la política de rentas hasta las formas de contratación;

desde las políticas económicas hasta los niveles de protección social. Por eso, cuando el instrumento

político no existía —de ahí el ejemplo de las trade unions—, lo ha promovido el propio sindicalismo.

2. Que en un mundo atravesado por escandalosas y crecientes desigualdades, miserias y pobreza, si-

tuación abiertamente contradictoria con la capacidad de erradicarlas gracias al desarrollo de la ciencia y

de la técnica, los objetivos de emancipación social a través de la transformación revolucionaria del

sistema no sólo siguen vivos, sino que aparecen más necesarios que nunca, pese a que las dificultades en

el mundo occidental nos parezcan hoy insuperables.

3. Que la claudicación de socialistas y socialdemócratas coloca en el campo de los comunistas la

responsabilidad histórica de man-

tener vivos los ideales y objetivos del movimiento obrero.

Pasando a nuestra experiencia concreta, es sabido que en España la UGT fue creada e impulsada por los

socialistas; la CNT, por los anarcosindicalistas, y, más tarde, CC OO fue promovida y sostenida desde sus

orígenes por los comunistas.

Pero en España se da actualmente un hecho singular. La influencia comunista es determinante en CC OO,

que constituye la primera fuerza sindical del país por capacidad de movilización, por afiliación y por

grado de experiencia y militancia de sus miembros.

Sin embargo, la representación de los comunistas en las instituciones políticas es, como todos conocemos,

muy reducida, mucho menos que en otros países, como, por ejemplo, Suecia, donde la hegemonía de la

socialdemocracia en el sindicalismo es absoluta.

Existe abundancia de datos demostrativos de la influencia social y política de los comunistas, en clara

contradicción con su representación institucional. El motor de la oposición al Gobierno desde la izquierda

lo forman fundamentalmente los comunistas. De ahí sus posibilidades de recuperación. Sólo la absurda

oposición de algunos a recomponer su fragmentación actual, manteniendo la división para mejor trabajar

en una fantasmagórica "nueva izquierda", sin proyecto político coherente y con mezclas ideológicas in-

creíbles, puede impedir ese ajuste entre la influencia social y repre-

sentación institucional política de los comunistas.

Que por su misma pluralidad y por una correcta visión del sindicalismo, favorable a la unidad de los

trabajadores —que exige, entre otras cosas, independencia de todos los partidos—, CC OO no debe, como

tal sindicato, meterse a estas alturas en aventuras partidarias, no puede significar desentendimiento y

mucho menos indiferencia hacia lo que ocurra en este campo. Porque, por ilustrarlo con un ejemplo,

¿cabe pensar en la viabilidad de que la clase trabajadora española vuelva a elegir abrumadoramente a la

socialdemocracia —lugar político donde hoy tendríamos que ubicar al PSOE— como su preferencia polí-

tica y mantenga indefinidamente su apoyo a un sindicalismo anticapitalista, como en principio debemos

clasificar el de CC OO?

Por una alternativa comunista

Es evidente que si pensamos en términos de clase; si nos asomamos a las realidades políticas organizadas

existentes a la izquierda del PSOE; si miramos hacia dentro del propio sindicato y recordamos que en el

último congreso se presentaron cuatro listas encabezadas por comunistas, que dieron como resultado que

el 98% del órgano elegido fueran comunistas de esas cuatro familias; si no escondemos la cabeza debajo

del ala ante las tensiones que esta situación conlleva; si, en suma, medimos el grado de subordinación que

sufre nuestra clase y,

además de la lucha cotidiana por disminuir los efectos de esa subordinación, seguimos creyendo en la

necesidad de contribuir a transformar esta sociedad, la resultante lógica es que esa alternativa política no

puede ser otra que la comunista.

La clave de bóveda del qué hacer desde el movimiento obrero no consiste en transmitir antisocialismo.

Consiste en convencer a millones de trabajadores de la necesidad de una fuerza comunista, cuyo impropio

raquitismo dentro de las instituciones políticas es una de las causas de la política derechista que el

Gobierno practica. El gran problema para los trabajadores no es hoy que gobierne el PSOE. El problema

es cómo gobierna. Y contra la opinión de los que creen que todo consiste en quitarle votos como sea,

algunos opinamos que tan importante o más que quitarle votos es su canalización. Pues podría resultar

que fuera el PSOE quien prestara votos en las elecciones y mañana los recogiera de nuevo con algunos

diputados que hicieran una oposición pintoresca o incluso se pasaran a sus filas.

A modo de colofón, quiero insistir que, si bien es verdad que el movimiento obrero y el capitalismo de

hoy no son como los de hace un siglo y ni siquiera como hace 20 años, ambos permanecen. Y soy de los

convencidos de que ese movimiento obrero, en permanente adecuación a los cambios que el desarrollo

económico y social introducen día a día, tiene más porvenir que el sistema socioeconómico que le dio

origen. Pero no está escrito que —como, por ejemplo, en EE UU— no acabe engullido e integrado

plenamente en el sistema. Por eso, en esta etapa crucial, resulta demencia! apoyar magmas, macedonias o

gazpachos políticos que, lógicamente, gozan de la abierta simpatía de la derecha. Por eso, lo prioritario es

que se fortalezca una inequívoca referencia política comunista.

Julián Ariza es secretario de Relaciones Políticas y Unitarias de Comisiones Obreras y candidato por

Madrid de Unidad Comunista.

 

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