Elecciones: los programas. 
 El espacio del centro     
 
 El País.    17/06/1986.  Páginas: 1. Párrafos: 1. 

OPINIÓN

EL PAÍS, martes 17 de junio de 1986

ELECCIONES: LOS PROGRAMAS

El espacio del centro

EL PARTIDO Reformista Democrático (PRD), de Miquel-Miguel Roca, y el Centro Democrático y

Social (CDS), de Adolfo Suárez, se disputan, al menos en teoría, el espacio situado entre el PSOE y la

Coalición Popular, es decir, entre la socialdemocracia y la derecha conservadora. La primera pregunta a

hacerse es si verdaderamente existe ese espacio, si el centro político como tal no ha sido ocupado, con

creces, por los socialistas y si los partidos que se diseñan como

centristas no son sino una especie de formaciones conservadoras con rostro humano.

El mensaje del PRD parte del marco de la filosofía liberal, propugna el regreso del individuo, la

devolución de la iniciativa a la sociedad civil, el rechazo del protagonismo multiforme del Estado. Todo

eso está también en los programas liberales de Coalición Popular y en el espíritu del radicalismo de nuevo

cuño que encarna Suárez. El-PRD otorga prioridad al capítulo de la política económica, cpn propuestas

dirigidas a recortar el gasto público, adelgazar la burocracia estatal, congelar la presión fiscal, sanear el

sistema financiero, otorgar más recursos y capacidad de intervención a la iniciativa privada y priva-tizar

"sistemáticamente" el mayor número posible de empresas públicas. Un programa de corte reaganista, en

la ola occidental de los últimos años. En relación al diseño autonómico del Estado, pese a ser encabezado

por un nacionalista catalán, se abstiene de cualquier tentación federal, limitándose a proponer el

desarrollo de fórmulas de incorporación de las comunidades autónomas a la toma de decisiones sobre

cuestiones de interés general, incluidas las planteadas por la incorporación a la Comunidad Europea. Pero

para nada precisa qué fórmulas serían ésas ni cómo se articularían.

En algunas cuestiones, Roca parece querer indicar un carácter no-puramente conservador de su oferta. De

modo que no ataca explícitamente algunas reformas socialistas, como la de la educación —aunque insiste

en la necesidad de un consenso sobre el modelo escolar— o la del poder judicial, la composición de cuyo

órgano de gobierno, el Consejo General, no se discute. Y eso pese a la beligerante actitud mantenida por

su anterior presidente y actual candidato por Madrid del PRD, Federico Carlos Sainz de Robles.

Por su parte, el CDS de Suárez combina, en política económica, propuestas de orientación

socialdemócrata —incremento de la inversión pública, elementos de planificación— con otras de tinte

liberal -^-flexibilización del mercado de trabajo—. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el insólito

Suárez de esta campaña, descamisado y populista, ha desbordado su propio programa

económico en propuestas como la de un mayor control de la gran banca, considerada la madrastra de una

parábola en la que el mismo Suárez sería el doncel que desencanta a la princesa-pue-blo español

secuestrada. Lo mismo puede decirse respecto a sus consignas de política exterior, reclamando lo de

"bases fuera" cuando en el programa sólo se habla de "revisión del tratado" con Estados Unidos.

Pero la oferta suarista con más gancho, en particular para el segmento

juvenil del electorado, es la de reducir la mili a tres meses. Pese a que muchos creen ver en ella una

considerable carga de demagogia, no deja de inquietar a los expertos en la cuestión, que no acaban de

encontrar respuesta al argumento de que, si cada año hay un excedente de cupo de decenas de miles de

mozos, por qué no ha de poder dividirse más equitativamente el tiempo de permanencia en el servicio

militar. El énfasis puesto en la separación de poderes, las andanadas lanzadas contra el he-gemom´smo del

PSOE, la exigencia de transparencia en la financiación de las campañas, constituyen otros tantos

elementos destinados a animar el patio y estimular la polémica entre quienes ven en Suárez la audacia que

falta a los socialistas y quienes responden que muchas de las reformas propugnadas por él ya tuvo ocasión

de ponerlas en práctica, y no lo hizo.

Pero, al final, los programas no dan contestación a la pregunta inicial de saber en qué consiste el centro

político: ¿es un punto equidistante de los extremos entre dos opciones diferentes? ¿Es un amplio terreno

que asume todo lo que es moderadamente conservador y moderadamente reformista? La experiencia

española del cen-trismo ha practicado hasta hoy esta segunda fórmula. Unión de Centro Democrático y el

PSOE buscaron el apoyo popular para partidos yprogramas de corte interclasista, que huyen del

doctrinarismo y son tan elásticos como la sociedad misma. En ambos casos, el centro ha ocupado la

mayor parte del terreno, y eso explica que hoy puedan militar en el PSOE antiguos ministros de Suárez y

que otros lo hagan con desparpajo en las filas de Fraga. Éste, por su parte, también se proclama a sí

mismo inventor del centro y tiende a ocupar la jnayor parte de espacio posible. Visto todo lo cual, la

intuición de Suárez le ha llevado a reconstruir la teoría del centro como bisagra de la vida política,

devolviéndole su carácter de punto geométrico. Ello le permite levantarse con una oferta radical —no

exenta de oportunismo— incompatible con la voluntad oceánica del centrismo de Roca. Y por eso mismo

se coloca, con enorme habilidad, a la izquierda misma del PSOE si es preciso, con tal de arañarle votos.

 

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