Autor: Iglesias Argüelles, Gerardo. 
   Izquierda Unida, la alternativa que hace falta     
 
 El País.    18/06/1986.  Página: 20-21. Páginas: 2. Párrafos: 10. 

20 / ESPAÑA

POLÍTICA

EL PAÍS, miércoles 18 de junio de 1986

LA CAMPANA ELECTORAL

La escasez de tradiciones democráticas y la herencia de 40 años de franquismo pesan aún lo suyo en una

España que pasó de la dictadura a la democracia sin ruptura con el viejo sistema de poder. Modificar esta

situación para dar lugar a una sociedad con hábitos democráticos más sólidos y participativos es tarea

ardua que requeriría, ante todo, del empeño prioritario de todas las fuerzas democráticas: en mayor

medida, de las que más medios tienen para influir; en particular, de las que ejercen el poder.

Una ocasión interesante para impulsar esa renovación y aprendizaje democráticos colectivos lo constitu-

yen los procesos electorales, a condición de que en ellos se estimulen

Izquierda Unida, la alternativa que hace falta

GERARDO IGLESIAS

Izquierda Unida significa una opción de izquierdas a la política derechizante practicada por el PSOE,

según explica el autor de este artículo. En él responde a los ataques sufridos por la coalición y los de-

nuncia como descalificaciones apriorísticas en las que para nada se ha discutido las propuestas políticas,

sino que, afirma, se ha buscado el desprestigio de la única alternativa a la izquierda del PSOE.

los debates entre las distintas propuestas programáticas, los diferentes modelos de política exterior,

económica..., las distintas concep- Al constituir Izquierda Unida dones del desarrollo democrático y con

la voluntad explícita de la modernización del país mostrar que es posible y necesaria

otra política, basada en los principios más profundos de la izquierda, tradicional y emergente, la libertad,

la justicia, el trabajo y la paz; al presentar más tarde un programa electoral basado en los citados

principios desgranados en multitud de propuestas regeneradoras, innovadoras y transformadoras, estamos

contribuyendo a la tarea colectiva de enriquecer la vida democrática. Por ello creímos, quizá con

ingenuidad, que las críticas, ataques, incluso descalificaciones, a IU vendrían por la razonable y

constructiva vía de la réplica rigurosa a sus propuestas. Esperábamos que se demostrara que no es

necesaria ni buena una alternativa de izquierda en profundidad; que se nos argumentara por qué es

absurdo, o quizá obsoleto, diseñar una política exterior inspirada en la neutralidad; o que la denuncia del

tratado bilateral con EE UU no es la mejor forma de reducción de la presencia militar americana; o que la

firma del TNP no es la mejor garantía para la no nuclearización militar de España; o que se probara que

no hay siquiera opción a plantear una política económica distinta a aquella que ha hecho feliz a los

banqueros y empobrecido aún más a los trabajadores, sin que se haya reducido sustancialmente la

inflación; o que no es razonable reformar los aparatos del Estado en ruptura con los residuos franquistas

que coexisten en él; o que no es aplicable una política de libertades más avanzada que la del señor Barrio-

nuevo...

Pero no, es más cómodo soslayar el programa de Izquierda Unida para no verse obligados a desentrañar el

suyo. Así es que los ataques a IU no han venido por ese lado, no se intenta explicar que es mejor para el

progreso la vigente política de centro-derecha protagonizada por el Gobierno González, ni demostrar con

rigor que, efectivamente, no hay alternativa a ella. En realidad no se puede demostrar. Se ha preferido una

vía de ataque basada en la descalificación apriorística. Me interesa destacar ante todo que ello encierra

una lamentable pobreza en la visión de la vida política democrática. Se prefiere apoyarse en la falta de

tradiciones democráticas para eternizarla que corregirla. Se prefiere destruir el debate político serio y la

confrontación de programas para reducir la campaña electoral a un esperpento, si ello sirve a estrechos

intereses de perpetuación a toda costa en el poder. ¿No es realmente lamentable e injustificable que el

secretario general del PSOE, Felipe González, se niegue una y otra vez a debatir con los demás líderes

políticos los programas electorales? ¿Qué es lo que teme? En toda Europa existen esos debates.

Se rehusa el debate de las ideas y se intenta descalificar, por ejemplo, a IU intentando ridiculizar hasta el

insulto el esfuerzo de unir componentes y fuerzas diversas en un programa y proyecto común de

izquierdas. "Promiscuidad", "batiburrillo", "gazpacho", "ensaladilla rusa", "mezcla antihistórica" son

algunos de los adjetivos dedicados a nuestra coalición por Alfonso Guerra y algún otro candidato. (Claro

que aquí habrá que recordar aquello de "si ladran es que cabalgamos".) Como se ve, esos epítetos son

expresivos del talante político de quien los pronuncia. Sí olvida que las grandes fuerzas políticas son

siempre el resultado di un proceso de articulación y síntesis de componentes distintos con orígenes

diversos. ¿Acaso no habitan en el PSOE actual

EL PAÍS, miércoles 18 de junio de

unos dirigentes de al menos una veintena de insignificantes grupúsculos que poblaban el dividido

panorama de la socialdemocracia en 1976, con Fernández Oedoñez (ex franquista, ex ministro de UCD),

con el democristiano Peces Barba, con la mayor parte de los dirigentes de la desaparecida ORT, maoísta y

radical, con ex dirigentes del PCE, trotskistas, anarquistas. ¿No resulta que tal disparidad de orígenes e

identidades no merma un ápice en la coincidencia de todos ellos en un programa de centro-derecha en el

PSOE?

Lo que importa hoy del PSOE, valga por ejemplo, es constatar que todos ellos, independientemente de sus

trayectorias u orígenes, sostienen con coherencia un modelo derechizante con renuncia expresa a la

transformación progresista de España. Nuestro interés con cualquiera de ellos es debatir sus propuestas y

las nuestras, enriquecer la democracia y la izquierda con el debate racional. ¿Por qué entonces la actitud

no es recíprocamente compartida viendo en Izquierda Unida un proyecto, acertado o no, pero en cualquier

caso con propuestas distintas que hay que estudiar, replicar y eventualmente aceptar o asumir? (Ésta es la

invitación o el reto que formulamos a cuantas formaciones concurren a estas elecciones, y en primer lugar

al partido en el Gobierno.)

Máxime cuando es evidente un fenómeno que está en la base del surgimiento de IU: el enorme foso que la

acción del PSOE en el poder ha creado entre la base social de la izquierda y su expresión política y

parlamentaria. Esa base social que apoyó ilusionadamente el anunciado cambio en 1982 se halla hoy

decepcionada. A esos millones de ciudadanos/ as se les transmite desde el poder un mensaje que no

intenta ya entusiasmarles como en 1982, ni siquiera motivarles; intenta simplemente resignarles, sumirles

en la impotencia. Se persigue un voto masivo al PSOE desde los sectores progresistas cuya motivación no

sea ni la convicción ni la esperanza, sino la fatal constatación de falta de alternativas. El PSOE pretende

ocultar que la situación política de hoy es muy distinta a la de 1982: no hay ningún peligro, en absoluto,

de que la derecha pueda ganar las elecciones; existe la experiencia negativa de que un solo partido

acumule tantos votos; ha nacido una alternativa novedosa, Izquierda Unida... Lo progresista hoy es, pues,

recomponer en forma más plural el mapa político.

Estimulando mecanismos como lo hacen Alfonso Guerra y Felipe González obtendrán éxito en su

propósito inmediato de consolidar un poder omnímodo en el Estado. Pero se desperdiciará la ocasión

histórica que sigue habiendo, no ya sólo para emprender una transformación de izquierda en España, sino

incluso para desarrollar el sistema democrático y superar las lacras heredadas del franquismo.

En cualquier caso, IU proseguirá su campaña ahondando en la convicción de que otra política es necesaria

y posible, desarrollando con rigor y con la participación ciudadana de sectores y movimientos sociales su

programa alternativo, y profundizando en la convergencia, desde la pluralidad, de distintas corrientes en

un proyecto común de izquierda, para la renovación y transformación de España.

Gerardo Iglesias es secretario general del PCE y presidente de Izquierda Unida.

 

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