Autor: Ceberio, Jesús. 
   Euskadi, "otro" país     
 
 El País.    19/06/1986.  Página: 18. Páginas: 1. Párrafos: 17. 

8 / ESPAÑA

POLÍTICA

EL PAÍS, jueves 19 de junio de 1986

LA CAMPAÑA ELECTORAL

Euskadi, ´otro´ país

Los partidos nacionalistas entran en la disputa del voto inmigrante

JESUS CEBERIO

Jesuita antes que político, Xabier Arzalluz sabe que la historia cami-la despacio. Frente a la urgencia de

Herri Batasuna (HB), que en icasiones asume un lema de los movimientos de liberación, Askatasu-a ala

hil (Independencia o muerte), el presidente del Partido Naciona-ista Vasco (PNV) ha llevado a la

campaña un mensaje de prudencia: No tengáis prisa". En 1977, los candidatos nacionalistas consiguie-on

apenas un tercio del electorado vasco; en 1982, en plena euforia ocialista, las listas abertzales sumaron el

54%. Las encuestas vatici-lan un nuevo ascenso el domingo. Al menos en cuanto al voto, Eus-:adi es ya

otro país.

noventa y un años de historia son para el PNV garantía de continui-iad. "Cuando ETA desaparezca,

esotros seguiremos", asegura Ar-zalluz. Tampoco le preocupan los íesembarcos del PSOE, que tras-adó a

Vitoria, la plaza vasca me-los comprometida, su espectáculo Electoral. "Vienen con muchos fue-;os de

artificio, pero se van, y esto Euskadi) ocupa luego el quinto o ;exto lugar en sus preocupaciones. Vosotros

nos quedamos".

Asegurado el respaldo nativo, PNV, HB y Euskadiko Ezkerra [EE) se han lanzado en busca del voto

inmigrante, convencidos de que el desencanto juega a su favor. El enfrentamiento entre las dos

comunidades ha sido un recurso asiduo de Ricardo Damborenea, secretario general de los socialistas

vizcaínos, que haciendo honor a su apodo de Rombo va a cerrar su campaña sobrevolando Bilbao en

globo. Euskera obligatorio y discriminación han sido sus .dos fantasmas predilectos.

Los nacionalistas acusan a Damborenea de querer mantener en un gueto a los inmigrantes, porque teme

que la integración cueste miles de votos a su partido. Iftaki Aldecoa, cabeza de lista de HB en Navarra, ha

ido más lejos al calificar de "racista" al PSOE, ya que "no admite que puede ser abertzale el que no ha

nacido en Euskadi".

En un tono menos radical, Arzalluz cree que el mejor argumento electoral es que funcione ía autonomía.

"Estamos en el mismo saco", les dice a cuantos han venido de otros lugares. "Si hay aire sucio, lo hay

para todos; si hay paro, también; si las escuelas son malas, lo son para todos". Algunos nacionalistas

creen ver una estrategia de largo alcance cuando el Gobierno socialista entorpece al traspaso de la justicia

o recurre sistemáticamente contra las leyes del Parlamento vasco. No le interesa que la estructura

autonómica funcione demasiado bien, porque podría ir en su contra.

Este forcejeo permanente da ba-

zas a HB. Uno de sus dirigentes, Txema Montero, ridiculiza algunos aspectos de la práctica autonómica

del PNV: "Para ellos crear país es crear instituciones, recaudar impuestos, tener competencias. Así, un

buen año de cupo es un buen año de soberanía, pero luego resulta que no podemos decidir qué hacer con

nuestra economía, porque no se nos- permite decidir el modelo industrial que queremos. Por eso nosotros

pedimos poder político".

Arzalluz suele replicar a los radicales diciendo que nadie fue más radical en su nacionalismo que Sabino

Arana, fundador del PNV, pero añade que, "sin renunciar a nada", aún se puede caminar largo tiempo por

el sendero autonómico. Fiel al uranismo de los derechos históricos, el estatuto se convierte dentro de su

discurso en un sendero que puede conducir a cualquier» parte, sin asumir nunca que la independencia sea

"un anacronismo", como dijo el lendakari Ardanza en el Club Siglo XXI.

En esta estrategia el euskera es uno de los motores para construir la nación vasca. El aumento de la

demanda de ikastolas en pueblos de mayoría inmigrante es para el PNV un indicio de que también ellos

han terminado por aceptar que el euskera será un instrumento imprescindible en el futuro. El PSOE

recurre mientras tanto todo concurso que exija saber el idioma vasco, aunque sea para telefonista en la

Diputación de Vizcaya. "A nadie se le. ocurre hablar de discriminación porque para ser policía haga falta

una determinada estatura", dicerclos nacionalistas.

Gobierno de Vichy

Este tipo de hechos permite a HB comparar al Gobierno de Vitoria con el de Vichy. En cualquier caso,

Txema Montero admite que algo se ha podido lograr, aunque siempre pone más acento en los logros de

los ayuntamientos, en los que sí participan, que en los de las insti-

LUS ALBERTO GARCÍA

Un seguidor de HB deja la huella de su mano en señal de apoyo a la negociación con ETA.

tucioneS autonómicas. "Por primera vez en nuestra historia estamos creando un funcionariado propio",

dice. "Antes los vascos trabajábamos en la empresa privada o nos hacíamos curas o navegantes. Ahora

tenemos funcionarios propios: en las ikastolas, en los ayuntamientos, etcétera. También hemos

conseguido que el euskera se urbanice, que empiece a tomar ciudades como Bilbao". Pero el estatuto no

resuelve la separación Navarra-Vascongadas ni permite el ejercicio de la autodeterminación, ya que nace

de una Constitución que deposita una soberanía única en el pueblo español.

La normalización en Euskadi pasa para HB por el ejercicio del derecho de autodeterminación, "al menos

una vez". Montero no asegura que ese acto conduzca irremediablemente a la independencia que él

defiende. Admite que en las filas de su propio partido hay quien propone otras fórmulas. "Es

absolutamente necesario, sin embargo, que el pueblo vasco se ponga ante su propio espejo al menos una

vez en la historia".

Onaindía interpreta la autode-

terminación en términos más moderados, en el sentido de que los vascos puedan decidir qué tipo de

relaciones quieren con Madrid. Sin excluir que algún día se pueda votar los términos de esa relación coa

España, entiende que algo de eso se hizo ya al votar la autonomía. "Es incoherente estar por la auto-

determinación y en contra del estatuto. Es como estar por la independencia a pesar de los vascos".

Mario Onaindía, ideólogo de EE, opina que el estatuto, al que califica como el hecho político más

importante ocurrido en Euskadi desde el comienzo de la transición, ha permitido a los vascos aprender a

organizar un país que tiene los mismos problemas de Europa. "La sociedad vasca es hoy menos

dramática, más tolerante", afirma Onaindía. El reto es hacer un País Vasco en el que pueda escribirse una

novela policíaca sin que se sepa de antemano quién es el culpable.

HB no vacila en calificar esta actitud de claudicante. Para Iñaki Aldecoa EE no es más que un "PSOE-

bis", producto de una operación de mercadotecnia política

para recuperar los votos que pueda perder el partido gobernante por el desgaste que entraña el poder. "Es

como esas marcas que lanzan las multinacionales de los detergentes cuando se les empieza a agotar el

mercado".

Onaindía prefiere no entrar en esta polémica. Hace nueve años, cuando fue extrañado a Bruselas en

víspera de las primeras elecciones generales, habló extensamente con los abertzales que defendían la

lucha armada. "Ya sé lo que piensan; cuando cambien ya me enteraré". Cree que la violencia no ocupa

hoy un lugar relevante en las nuevas generaciones. "Europa es un ejemplo de que se puede discrepar sin

darse martillazos. La forma de acabar con la violencia es que aceptemos que estamos en una democracia

en la que se puede defender cualquier idea".

El niño meón

La iniciativa del Gobierno vasco de reunir un grupo de expertos para buscar soluciones a ia lucha armada

le merece un comentario iconoclasta: "Es como si una familia reúne a los mejores especialistas alrededor

de un niño meón. Éste se siente tan importante que, faltaría más, sigue meando. Aquí llevamos camino de

convertir el asesinato en una enfermedad". En otros términos, es lo quc.Juan Aranzadi describe al señalar

que el casquillo de 9 milímetros Para-bellum se ha convertido en uñó de los signos de identidad vascos.

HB considera, por el contrario, que las balas de ETA son un importante argumento político, uno de los

pocos que Madrid entiende para poner en marcha ese proceso de autodeterminación sin el que la paz no

será posible. Según los cálculos de Txema Montero, en Euskadi hay unos 200 activistas armados, que no

son una simple cuestión policial porque en torno a ellos, en círculos concéntricos, hay al menos 80.000

vascos que apoyan íncondicionalmente sus acciones (10.000 llenaron el velodromo de Anoeta al grito de

"gora ETA Muharra"), otros 210.000 que votan siempre HB, aunque algunos no estén de acuerdo con

ETA, y más de un millón que apoyan a los partidos abertzales.

Desde este cálculo de fuerzas, HB concluye que la autodeterminación cuenta con el respaldo ma-yoritario

de los vascos y las elecciones son una confirmación de que la paz pasa por ahí. Lo mismo dice ETA, que,

según Iñaki Esnao-la, cabeza de lista de HB en Guipúzcoa, no es más que "la punta del iceberg que ha

sacado a la luz el descontento de un pueblo que quiere poder político".

 

< Volver