Autor: García, Rocío. 
   La solitaria campaña de un comunista histórico     
 
 El País.    19/06/1986.  Página: 22. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

22 / ESPAÑA

LA CAMPAÑA ELECTORAL

La solitaria campaña de un comunista histórico

Las descalificaciones a Izquierda Unida, referencia estelar de Santiago Carrillo

ROCÍO GARCÍA, Madrid

Santiago Carrillo, líder de Unidad Comunista (UC), ha tenido en lo que lleva de campaña un tema estelar:

las críticas, descalificaciones e ironías sobre lo que él llama la sopa de letras de Izquierda Unida (IU). Y

han sido las referencias a los carlistas requetés, a los humanistas ("esa extraña secta ocultista"), "a los

liberales-monárquicos

de toda la vida" y a Ramón Tamames ("que no tiene pito que tocar"), las que han despertado mayores

pasiones entre el público asistente a sus mítines. "No he sentido placer alguno. Me gustaría haber hecho

otra cosa", asegura refiriéndose a este aspecto de su campaña, en un tono claramente ex-culpatorio, pero

consciente de utilizar la veta más segura para conseguir votos.

Ha sido la campaña de un histórico comunista en solitario, aunque haya repetido machaconamente:

"Conmigo están los comunistas de siempre". Y como tal, ha sido acogido por un público no masivo pero

incondicional. Algunas de las lágrimas de militantes y los abrazos y besos del sector femenino —"las

mujeres son las que mejor se dan cuenta de que soy una persona buena"— con que ha sido recibido en su

periplo apuntaban en esa dirección. No ha eludido el contacto directo con sus electores, que en muchas

ocasiones se han abalanzado sobre su líder al menos para tocarle, darle la mano e incluso —los más

osados, siempre mujeres—, plantarle un par de besos.

Santiago Carrillo ha acentuado ostensiblemente durante la campaña los gestos y formas tradicionales del

comunismo: el puño en alto y el canto de La Internacional. Todo ello acompañado de un lenguaje

puramente comunista, con alabanzas a los países socialistas y la URSS —"la llegada de Gorba-chov

representa un cambio muy importante"—, alusiones a Marx, Engels y Lenin, a la bandera roja y a la hoz y

el martillo.

Dentro de sus críticas a los co-

munistas del PCE, en donde ha reconocido que siguen existiendo "buenos comunistas", Gerardo Iglesias y

Marcelino Camacho han sido los más escogidos. "Es que entre los pantalones de Gerardo y el jersei de

Marcelino hay un término medio", ha comentado.

También la derecha y la banca han sido obsequiadas con ataques virulentos. De Manuel Fraga (AP,

Coalición Popular) ha dicho que es "impresentable y no puede aspirar a tener una escoba para barrer a

España que no sea la de Tejero"; a José Antonio Segurado (PL, Coalición Popular) le ha calificado de

"piraña", y a Miquel Roca (PRD) se ha referido como el "forastero". Últimamente ha incorporado en sus

mensajes un nuevo elemento: "La demagogia de Adolfo Suárez" (CDS), en quien ve un peligro añadido al

de Izquierda Unida que puede arrebatarle algún voto. De los socialistas ha criticado que "han gobernado

mirando a su derecha, a Reagan, a la banca, al Ejército", aunque ha dejado abierta la posibilidad futura de

una unión de la "verdadera izquierda": los socialistas y los comunistas. Y siempre como colofón

esperanzador más inmediato: la unidad de los comunistas.

Carrillo ha dejado una incógnita en el camino de la campaña: el nombre del empresario que le ofreció 500

millones de pesetas si se aliaba con Tamames (Izquierda Unida) para hacer un frente electoral en contra

de los socialistas. Ha anunciado que lo hará público después de las elecciones.

Un último esfuerzo

Cuando el viernes finalice la campaña, el líder comunista habrá recorrido alrededor de 1.600 kilómetros y

habrá tomado 12 aviones y un tren. A partir de ahora será Madrid la principal plaza para torear, en un

último y mastodóntico esfuerzo por obtener votos no sólo de sectores comunistas, sino de progresistas en

general.

Si el domingo las urnas no le deparan un escaño, será la primera vez, desde que llegó a Madrid en febrero

de 1976, en que este histórico líder comunista no se siente en el Congreso, desde donde ha dejado sentir

su influencia política. A pesar de sus 71 años y de sus casi tres paquetes diarios de tabaco rubio, seguirá

en la brecha, sea cual sea el resultado electoral. "Seguiré luchando como ciudadano de a pie".

MANUEL ESCALERA

Santiago Carrillo, dirigiéndose a los trabajadores de Pegaso el pasado martes.

 

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