Elecciones: los programas. 
 La izquierda no socialista     
 
 El País.    18/06/1986.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

OPINIÓN

EL PAÍS, miércoles 18 de junio de 1986

ELECCIONES: LOS PROGRAMAS

La izquierda no socialista

CUATRO AÑOS después del descalabro electoral de 1982, en que el PCE perdió 19 de los 23 escaños

que llegó a tener en la legislatura anterior, las opciones con vocación de ocupar el espacio dejado a su

izquierda por la socialdemocracia se presentan bajo dos etiquetas concurrentes. Siguiendo una tradición

clásica en las filas de la

oposición al franquismo,

la utilización en las siglas

de expresiones relativas a la unidad sirven para denotar la existencia de su contrario: la división. Pues

desde la división y la enemistad se disputan un mismo espacio electoral y político Unidad Comunista

(UC) e izquierda Unida (IU).

Esa disputa se plantea entre imágenes más que entre programas, y las diferencias que cabría establecer

entre las propuestas de unos y otros sólo tienen significación desde la perspectiva de resaltar la

diferenciación gráfica, no la ideológica. En los carteles de UC, Carrillo aparece solo, como cuando se

levantaba de su escaño para interpelar socarronamente al Gobierno de turno. IU prefiere los grupos, el

abigarramiento. Si cada vez más la batalla electoral tiende a plantearse como una contienda entre carteles,

el medio es, en este caso, más que nunca, todo el mensaje.

De ahí que sea tan fácil distinguir la oferta de Carrillo, por una parte, de la de Iglesias, Tamames y lo

demás, por otra; pero a la vez tan difícil diferenciar lo que ofrece UC de lo que propone I U, en cuanto

agrupaciones políticas. Ambas candidaturas defienden una política exterior de neutralidad activa, el

desmantelamiento de las bases norteamericanas, la reducción de los gastos de defensa, nacionalizaciones,

potenciación de la sanidad y la enseñanza públicas, mayor atención a la investigación, fórmulas

keynesianas contra el paro, con mayor participación sindical en la planificación económica, la derogación

de la ley antiterrorista.

Hay un mayor acento ecológico en Izquierda Unida, y en cambio en Unidad Comunista es perceptible

quizá mayor pasión intemacionalista, uña superior reticencia a las inversiones en tecnología militar, y

mayores referencias a los países del Este. Pero sin embargo los partidos

prosoviéticos no están con Carrillo, sino contra él, y con Iglesias.

Ya en plena campaña, Carrillo, especialista en. giros destinados a desconcertar al enemigo, ha

sorprendido al personal con una actitud de moderación y aun condescendencia para con el Gobierno

socialista. El inventor de la tenaza contra el PSOE en los inicios de la transición ha explicado que su

proyecto a largo plazo de pnídad de la izquierda (es decir, de Izquierda Unida genuino) pasa por el

encuentro en un programa común de actuación entre el cortejo —y la tradición— comunista, y el cortejo

—y la tradición— so-cialdemócrata.

En los rasgos de las dos opciones de izquierda que se ofrecen parecen reflejarse los caracteres de un

movimiento voluntarista, y acaso testimonial, que se ha visto centrifugado del escenario político en los

últimos tiempos. La crisis económica e ideológica de los últimos 15 años, con la pérdida de los paraísos

comunistas y el deterioro del análisis marxista, ha disminuido la fuerza de los programas asociados a

ellos. Lo que se conoce como "desertización de la sociedad", pragmatismo y desideo-logización creciente

de la masa social ha restado poder a las programáticas de trasformación más radical y ha ensanchado, en

cambio, como es también visible en España, el espacio de una oferta política de alcance reformista. Tanto

el estrecho margen que permite el marco de dependencia internacional como el escaso aventureris-mo al

que es proclive una dilatada clase media, convertida en el principal cliente electoral, ha hecho

minoritarias las respuestas a postulados más radicales.

En España, lo que constituía hace años la izquierda, o ha sido en gran parte metabolizada por la

socialdemocracia que es el PSOE, o se ha encastillado en planteamientos nostálgicos. En este último caso,

las luchas personalistas le han ocupado el tiempo que habría necesitado para emprender una discusión

crítica que Ja condujera a una remodelación teórica y práctica. Apremiados por las elecciones, los dos

grupos a la izquierda del PSOE que concurren y exhiben sus carteles dan directamente el diagnóstico de

su desconcierto.

 

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