Elecciones: los programas. 
 Cambio de escenario en Coalición Popular     
 
 El País.    19/06/1986.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

OPINIÓN

EL PAÍS, jueves 19 de junio de 1986

ELECCIONES: LOS PROGRAMAS

Cambio de escenario en Coalición Popular

LA DERECHA española ha venido descargando sobre los hombros de Manuel Fraga la responsabilidad

de construir una alternativa adaptada a las circunstancias. Tras amagar, a lo largo de una década, en

diversas direcciones, Fraga parece haber elegido la etiqueta del liberalismo conservador como fórmula

destir nada a extender más allá del límite de los ya convencidos el propio espacio electoral. La presencia

de´ Fraga garantiza el apoyo del flanco derechista emocional —e impide la consolidación de una fuerza

tan radical como la que representa Jean-Marie Le Pen en Francia—, pero es demasiado duro para clases

medias, genéricamente identificadas con el centro-derecha. Estos últimos sectores están a la espera de un

líder diferente. Pero el líder no aparece, y la renovación del programa de Coalición Popular es una manera

de cambiar el airezzo para ofrecer, con el mismo actor, la sensación de un nuevo personaje.

El programa, en definitiva, se inspira en la ideología democristiana o liberal al uso, pero queda

impregnado de la propia personalidad del dirigente de la coalición. Asi, las propuestas agrupadas bajo el

epígrafe Contra el deterioro de las libertades han pasado a ocupar el papel estelar que en el pasado se

atribuía a los problemas relacionados con la seguridad en sus diversas manifestaciones. Y otras orientadas

a posibilitar una mayor transparencia en los comportamientos del poder, a limitar las facultades

sancionadoras del Estado, a garantizar el secreto de las comunicaciones —en particular las telefónicas—

indican una creciente sensibilidad, resultado de la experiencia que para la derecha supone su permanencia

en la oposición a un Gobierno socialista, hacia cuestiones que antes consideraba irrelevantes. Frutó de esa

experiencia son también las propuestas relacionadas con los medios de comunicación, y que incluyen la

derogación de la ley de Prensa de 1966 (más conocida como ley Fraga), la privatización del segundo

canal de TVE y la renuncia del Estado a su participación en cadenas de radio, así como la regulación de la

cláusula de´ conciencia y secreto profesional de los periodistas.

La coalición derechista ha renunciado en su programa a sus viejos proyectos de reforma constitucional, y

ño pone en cuestión la eliminación de la pena de muerte ni se replantea la estructuración autonómica del

Estado. Altamente significativa resulta también la renuncia a

cuestionar explícitamente la vigente legislación sobre el aborto, En materia de política económica, el

programa conservador acentúa su componente .liberal con sugerencias como la de reducir la presión

fiscal, pri-vatizar empresas públicas, reducción del gasto público y otras más o menos inspiradas en las

recetas reaganianas.

El compromiso de ile-galizar inmediatamente a Herri Batasuna y el énfasis puesto en las medidas poli-

ciales, sin apenas mención a los demás componentes de una estrategia antiterrorista, constituyen los

rasgos principales del programa de CP en dicho terreno. En política militar destaca la plena integración en

la estructura militar de la OTAN, postulado que contrasta, por argumentos de coherencia que hayan

querido prestársele, con su petición de abstención en el pasado referéndum.

En su conjunto, el programa es coherente con esa concepción liberal-conservadora que se trata de

acreditar, pero menos con otros aspectos de la política de CP manifestados en la campaña. Así, la

concepción de Estado fuerte que preside el discurso ideológico de Fraga se compadece mal con sus

criticas al hegemonismo socialista y con la prioridad otorgada al objetivo de evitar que se gobierne desde

la arrogancia de la mayoría absoluta. Pero sobre todo la insistencia en consolidar un frente antisocialista

que comprendería a los partidos que se reclaman del centrismo político o del nacionalismo periférico

revela una profunda incomprensión de la situación española actual. Si esos partidos recogen todavía dos o

tres millones de votos es porque hay ciudadanos de derechas que nunca votarán a una opción

conservadora encabezada por Manuel Fraga. Y esto es así porque, programas aparte, es muy improbable

que una innovadora y dinámica solución a los problemas se espere de un lide-razgo altamente asociado a

tiempos de reiteración y parálisis.

La grandeza de Fraga es haberse mantenido en pie durante tanto tiempo sin apenas muestras de fatiga. Su

miseria es la desproporción entre su implacable vigor personal y el explicable cansancio político.que

suscita al electorado. Vale la pena hacer notar la nitidez con que en este caso se advierte que el peso más

débil en las campañas electorales corresponde al contenido de los programas. Puede decirse que,

exceptuando a los propios contendientes, pocos más conocen el texto de las ofertas.

 

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