¿Arde Melilla?     
 
 El País.    19/06/1986.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Arde Melilla

LA TORPEZA de la Administración española y, en general, la ausencia de una politica coherente y

meditada por parte de los sucesivos Gobiernos democráticos están llevando a la ciudad española de

Melilla a un callejón sin salida. La decisión de celebrar unas elecciones paralelas por parte del colectivo

musulmán el mismo día 22, con clara intención de exhibir sus fuerzas, puede ser el principio de un

proceso difícil de prever, pero en cualquier caso inde.-seable.

Estas elecciones, simulacro de las legislativas, han sido convocadas después de que se produjera la

ruptura de hecho del llamado acuerdo de Madrid, al que se había llegado en febrero, que permitía, a partir

de una lectura generosa de la recientemente aprobada ley de extranjería, la integración de una gran parte

del colectivo musulmán en la ciudadanía española. La ruptura se ha producido al comprobar, meses

después del acuerdo, que las nacionalidades están siendo concedidas con cuentagotas. En Melilla viven

27.000 musulmanes, y sólo 7.000 tienen reconocida la nacionalidad española, a pesar de que una gran

mayoría de aquellos nació en la ciudad nor-teafricana. Dificultades burocráticas y una cierta respon-

sabilidad indolente por parte de los propios musulmanes a la hora de acreditar sus derechos, son algunas

razones de esa aparente disparidad entre las realidades demográficas y las realidades censales. Otras son

de orden político. El censo electoral asciende a 32,341 votantes, y el peso de los musulmanes, caso de

tener la nacionalidad española y con ella el derecho a voto, podría alterar sustantivamente los resultados

de cualquier consulta electoral. Es fácil deducir la pugna de intereses que subyace en este conflicto.

La creciente virulencia con que está reaccionando el grupo musulmán que encabeza Aomar Mohamedi

Dudu, ex-militante del PSOE, se entiende mejor si a las dificultades para obtener la nacionalidad se

suman algunos hechos que el colectivo musulmán denuncia como

pruebas de racismo. Tales son la supuesta discriminación antimusulmana por parte de la Administración

de justicia, las diferencias salariales y de condiciones laborales que han de sufrir los miembros del

colectivo musulmán y la realidad de una vida en condiciones infrahumanas en determinadas zonas de la

ciudad, para las que están negadas las más ordinarias amenidades propias del siglo XX.

Además de las elecciones paralelas, convocadas por tres organizaciones musulmanas (Partido de los

Demócratas de Melilla, Terra Omnium y la Asociación Musulmana Religiosa), el vicepresidente de Terra

Omnium, desde hace dos años miembro de la ejecutiva local de Comisiones Obreras, acaba de entregar su

carné de afiliado y ha comunicado la decisión de crear un sindicato propio. Con ello se rompe el último

lazo con algún tipo de organización o institución española y se inaugura una etapa en la que se dan las

condiciones para que el movimiento de los musulmanes melillenses se desarrolle según el bien conocido

esquema de lucha para la liberación de una miñona oprimida.

La razón política y el sentido común obligan a encontrar fórmulas de convivencia respetuosas con los

derechos de los distintos grupos étnicos que conviven en la ciudad. El Gobierno socialista ha propiciado

con su pasividad la radicalización de dos colectivos en cuyo choque lo único que parece contar son las

declaraciones de principios y las mutuas descalificaciones. Es difícil pensar que desde hoy hasta el

domingo se pueda recomponer el espíritu de diálogo y, de la misma forma, sea factible evitar la

celebración de esas elecciones paralelas, símbolo dé la división, de la insolidaridad y del enfrentamiento.

Con todo y ello hay que dejar todavía una puerta entornada a la esperanza de que tras los comicios del 22

de junio, el Gobierno que salga de las urnas sea más diligente y racional a la hora de abordar la cuestión

de la ciudad norteafricana.

 

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