Autor: Esnaola, Iñaki. 
   La negociación política en Euskadi     
 
 El País.    20/06/1986.  Página: 21. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

El PAÍS, viernes 20 de junio de 1986

POLÍTICA

ESPAÑA / 21

Sin entrar en recordatorios históricos que explican nuestro peculiar modo de organizamos políticamente a

lo largo de los siglos, los vascos llegamos a la transición democrática soñando con que nuestro pueblo,

por fin, tuviera en sus manos instrumentos políticos con los que decidir su futuro. La postura del PSOE

hasta el año 1978, defendiendo con claridad meridiana temas tan cruciales como el de reconocer para

Euskadi el derecho de autodeterminación, o afirmar que Navarra era parte consustancial de la Euskadi

política, permitían mirar al futuro con optimismo, aun a sabiendas que desde la derecha, con la UCD al

frente en aquel momento, ya se había iniciado, por presiones de poderes fácti-cos (estatales y

superestatales, económicos y militares), un proceso tendente a bloquear aquella realidad mediante el

surgimiento de una forma de organización del Estado que nada tenía que ver con la satisfacción de

aspiraciones nacionales vascas: el llamado Estado de las autonomías.

Euskadi rechazó rotundamente la Constitución y el modelo de Estado que regulaba. Desde entonces, y

con esa norma fundamental como base y techo de todo el andamiaje político del Estado, no hay ni que

decir que el barco de la España democrática ha navegado, en Euskadi, a la deriva. El impensable giro de

180 grados del PSOE en los años 1978-1979 en su forma de entender y hacer política, y la dejación, una

vez más, históricamente demostrada, de los dirigentes del PNV en favor de un Estado descentralizado con

cierta capacidad político-financiera para las autonomías hizo el resto.

La negociación política en Euskadi

IÑAKI ESNAOLA

El establecimiento de un nuevo marco político del que surja el modelo de Estado que haga asentar

definitivamente el sistema democrático es, según el autor de este artículo, el auténtico camino para la

pacificación de Euskadi. La fortaleza de una democracia radica, entre otras cosas, en

la disposición y poder para resolver todos los problemas y reconducirlos a una mesa de negociaciones. En

este sentido, la negociación política ETA-Estado español es, planteada repetidamente por Herri Batasuna,

según su parecer, elemento imprescindible en este proceso.

Euskadi ratificó, aunque por muy escasa mayoría, el estatuto de autonomía hoy vigente, pero lo hizo

porque no se le permitió optar por ningún otro modelo; porque la oferta era, o aquel estatuto o nada, y

porque, además, el PNV hizo a la ciudadanía un engañoso planteamiento consistente en afirmar que la

misma Constitución que ellos rechazaron contenía, en el artículo 150-2 y en la disposición adicional

primera, potencialidades para mayores cotas de poder político, vías que luego se han demostrado

inviables e imposibles.

Igualmente, y así como hasta 1980 nadie discutió (salvo la derecha caciquil) el hecho de que Navarra era

Euskadi, luego nadie les preguntó para que no lo fuera y hoy Navarra sea una comunidad autónoma

absolutamente atípica, cuya existencia no tiene otra razón de ser que la de mantener la división territorial

de Euskadi Sur, a la vez que, ahora sí, todos los demócratas se llenan la boca para decir que son

únicamente los navarros quienes tienen que decidir

su pertenencia o no a Euskadi.

Todo ello ha dado lugar a que el llamado problema vasco haya continuado en toda su virulencia y

dramatismo hasta el momento presente; que asistamos diariamente a la conducta esquizofrénica del

partido mayoritario en nuestro pueblo, que pone en práctica una política que no lleva, se mire por donde

se mire, a que los objetivos añorados por sus bases se cumplan; que ETA tenga vida para rato en los

esquemas de muchos vascos, y que las aspiraciones de éstos sólo se repriman más o menos sibilinamente,

sino que ya ni siquiera se admite su análisis y discusión y que, como lógica consecuencia, y como las

encuestas lo señalan, HB vaya a alcanzar el 22 de junio una cota electoral que nadie en Madrid podría

imaginar, sobre todo desde que el PSOE llegó al Gobierno en 1982.

La insatisfacción política del vasco es evidente. Nosotros no tenemos la culpa de que nuestra di-

ferencialidad sólo pueda verse satisfecha con la obtención de un po-

der político que en el marco actual es inconquistable. Ni la Constitución Española debe ser un dogma de

fe en el que todos debamos creer, ni los vascos debemos caminar en mor de una mal entendida

solidaridad, detrás de lo que el Gobierno de turno decide, dejándonos a cada paso jirones de nuestra

identidad.

Conversaciones HB y PNV

Por todo ello, ETA continúa existiendo, la conciencia nacional es más grande que nunca y la propia

dirección del PNV ve cuestionada su praxis política y se apresura, mediante el inicio de conversaciones

con HB, a adecuarse a nuestra sangrante realidad.

Y creo que Europa también es consciente de ello, y que el PNV no habla sólo por su boca cuando

reconoce públicamente, al dialogar con HB, que ETA y el Estado deben negociar políticamente. Y fíjese

el lector que se habla de que negocie ETA como punto de referencia incuestionable, al ser la

punta del iceberg en el contencioso España-Euskal Herria, y se habla del Estado, porque en el mismo,

además del Gobierno con poder ejecutivo, el Ejército tiene asignada por la propia Constitución Española,

en su artículo 8, la misión de garantizar la integridad territorial del Estado y el ordenamiento

constitucional.

Debe negociarse, pero no para ensamblar puntos de una alternativa en otra, ni para que HB alcance la

legalidad. No es ése el problema. El quid de la cuestión se encuentra en el establecimiento de un nuevo

marco político, para que en el mismo, o a partir de él, y establecidos unos puntos mínimos diferentes a los

actuales, todas las fuerzas políticas de Euskadi y la ciudadanía tengan los instrumentos necesarios para

que todas, sin excepciones, puedan debatir sus programas y llegar incluso hasta el final de sus opciones

políticas.

El PNV parece estar dispuesto a ello por medio de la negociación ETA-Estado. HB lo considera el tema

más trascendente de los últimos años, pues de la misma puede surgir el modelo de Estado que haga

asentar definitivamente el sistema democrático. Sólo falta la voluntad política del PSOE para cerrar el

círculo. La fortaleza de una democracia radica, entre otras cosas, en la disposición y poder para resolver

los problemas y reconducirlos a una mesa de negociaciones. Con los cuatro años que el PSOE va a tener

por delante, creemos que ese ciclo debe de terminarse. Todas las bases están puestas. E1PSOE tiene la

palabra.

Iñaki Esnaola es dirigente y candidato de Herri Batasuna.

 

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