Autor: Gutiérrez, José Luis. 
 Balance electoral Generales 86.. 
 La hora de la verdad     
 
 Diario 16.    22/06/1986.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

22 de junio-86/Diario 16

La hora de la verdad

José Luis Gutiérrez

Madrid CUANDO los pueblos hablan, los políticos tienen miedo. El temor y la incertidumbre han

caracterizado las últimas horas de esta campaña, de cuyos resultados dependen tantas cosas. Ni siquiera

los socialistas, con Felipe González a la cabeza, están tranquilos ante el alto número de indecisos, aunque

es de suponer que los buenos oficios de Julián Santamaría, como responsable del CIS, sirva para que del

Gobierno tenga, merced a la última encuesta, los datos más aproximados a la realidad de lo que en la

noche de hoy arrojen las urnas.

El arrastre de los candidatos y su capacidad de convocatoria en los mítines suele ser un indicador más,

pero desde luego no el definitivo, para hacer barruntos electorales. El PSOE ha recurrido en esta campaña

al «rock del autobús», viejo procedimiento, tan vetusto como la vida democrática misma, para trasladar

gente a los mítines. Sesenta autobuses acarrean tres mil personas, que constituyen el núcleo de la

concentración. El resto, un anuncio en la Prensa y un hábil barrido sobre el conjunto de las cámaras de

TV.

Don Manuel, que inició la campaña con cierto nerviosismo ante las reticencias esgrimidas hacia él por

sectores de la Banca, la CEOE y la Prensa conservadora, ha cerrado los últimos actos con el ánimo más

sereno al contemplar su creciente capacidad de convocatoria.

En cualquier caso, éstas son unas elecciones trascendentales para Manuel Fraga, forzado a representar el

«rol» de aquel personaje de historieta llamado Rompetechos. Indepediente-mente de la voluntad expresa-

da por el propio Fraga y sus más cercanos colaboradores, en torno a la continuidad asegurada de don

Manuel al frente del conservadurismo español, existe una regla de oro en los procesos electorales de los

sistemas democráticos, que consiste en preguntarse, y responder, si con los resultados obtenidos es

posible obtener la victoria en los próximos comicios, esto es, en 1990. Este es el reto de Manuel Fraga.

El Partido Socialista, por su parte, ha planteado toda su es-

trategia con admirable habilidad. La condición de los españoles de «país de televidentes» ha sido

aprovechada por el Gobierno y la TV con una falta de complejos y un afán manipulador en ocasiones

muy próximos a la obscenidad y al tercermun-dismo más antidemocrático. Pero no se puede olvidar el

virtuosismo estratégico de Alfonso Guerra para desgastar al adversario. Si en 1979 Fernando Abril

culminó con indudable éxito la operación de potenciar al PSA en Andalucía para erosionar al PSOE en su

propio feudo, Guerra ha mejorado y perfeccionado la fórmula, puesta en práctica por él en estas

elecciones en un doble frente.

Al igual que el CDS evitó que UCD obtuviera en 1982 más del doble de escaños, sin que Suá-rez, en

cambio, se beneficiara de ello, así el CDS en esta ocasión puede restar diputados a la Coalición Popular,

merced a las leyes de reparto que establece el principio D—Hondt. De ahí la espectacular potenciación

del CDS por parte del Gobierno, que ha servido, además, de ariete contra el Partido Reformista de Miguel

Roca. El mismo efecto tiene Izquierda Unida con respecto al PSOE. Todo crecimiento de la coalición

formada en torno al PCE perjudica al PSOE y favorece a Coalición Popular en la adjudicación de

segundos escaños. De ahí la excepcional cobertura televisiva que ha tenido Santiago Carrillo, prisionero

de sus propias pasiones y odio a Gerardo Iglesias como adversario de IU.

La debilidad de los partidos es clara y alarmante. España no cuenta con un partido que tenga, por ejemplo,

un millón de afiliados, como es habitual en Europa, con una densa retícula organizativa que, puesta en

funcionamiento, pueda transmitir sus tesis a los ciudadanos. Así, pues, la única posibilidad dé conexión

con el pueblo que los partidos tienen es a través de un extraño electrodoméstico, llamado televisión. Y

quien controla TV controla hasta los lenguajes.

Lo que hoy digan las urnas ciertamente interesará a los co-municólogos aun en mayor medida que a los

expertos en ciencia política.

Suerte a todos.

 

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