Autor: Quintero, Rafael. 
 Balance electoral Generales 86.. 
 Iglesias, tres semanas con la sombra de Carrillo a las espaldas     
 
 Diario 16.    22/06/1986.  Página: 12. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Iglesias, tres semanas con la sombra de Carrillo a las espaldas

Rafael Quintero

SE acabó, Vein-tiún días en plan torero de tronío, repartiendo besos, saludos, abrazos y achuchones mil.

Veintiún días de ajetreos, de prisas, de aviones que se cogen por los pelos, del café que se queda sin tocar

en la mesa, de emociones, de pequeñas o grandes frustraciones. Veintiún días de repetir hasta la saciedad

el mismo mensaje. Hoy, Gerardo Iglesias, presidente de Izquierda Unida, permanece en veía para recoger

los frutos de una intensa campaña, en la que le han acusado de liderar un «gazpacho» y de no estar

excesivamente sereno en sus intervenciones públicas.

Atrás quedan anécdotas, algún que otro sinsabor y un montón de horas de sueño perdidas. Había que dar

el do de pecho con una obsesión: lograr un grupo parlamentario propio para «tirar del PSOE hacia la

izquierda», en expresión del propio Iglesias.

El comienzo no pudo ser más desalentador.El primer mitin de la campaña se localizó en la población de

Coslada, a pocos kilómetros de Madrid, considerado un feudo comunista. La desorganización de quienes

debían velar para que nada fallase fue manifiesta y el mitin es-

tuvo poco concurrido, mucho menos de lo que se esperaba, mientras algún que otro responsable lloraba

por un rincón.

Luego vino Asturias, donde Iglesias, Gerardín, debía moverse como pez en el agua, pues no en vano es su

tierra. El mitin en el recinto ferial fue considerado un éxito por los organizadores, aunque la sombra del

también asturiano Santiago Carrillo dividía a los de la tierra.

Así, el taxista que trasladó al informador al acto electoral afirmaba que «de Gerardín ni me hable. Lo que

ha hecho con Santiago no tiene nombre. Eso no se hace con un paisano viejo», y añadía algún que otro

improperio vinculado a las astas.

Y entre col y col, comida con militantes. Aquí surge el Gerardín cautivador. Una sonrisa a tiempo, un

beso a una dama, eso sí, con la camiseta de Izquierda Unida, y hasta una firma sobre la espetera de una

bella moza, entre los suspiros de

las demás, que se mueren de envidia.

Y sorpresas. En la localidad alicantina de Crevillente, la mesa presidencial de IU se encontraba en una

plaza presidida por un busto de José Antonio Primo de Rivera y una pancarta de lado a lado del «buen ca-

mino» socialista. La pancarta fue «prudentemente» retirada. El busto, obviamente, no. Luego vendría la

firma de viseras, mientra sonaba el «Balancé», de Ana Belén, y, de nuevo, a la carretera.

Valencia era el último punto de intervención del presidente de IU, antes del mitin final en Madrid de

pasado viernes. El retraso ded costumbre, pero un buen ambiente. Mucha bandera y mucha gente.

La sorpresa vino del cielo. Un tormentón cayó sobre la ciudad del Turia cuando Rafael de la Rubia,

dirigente del Partido Humanista, se dirigía a la concurrencia. «No os asustéis —decía, mientras se calaba

hasta los huesos—, son los truenos de Guerra y no nos van a arredrar.»

Y al final, casi el paseíllo taurino. «Gerardo, mira, éste es mi hijo», y Gerardo, complaciente, despeina al

chaval con desenfado. «Gerardo, ¿no te acuerdas de mí?», y Gerardo, naturalmente, se acuerda.

 

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