Autor: Duque, José Carlos. 
 Balance electoral Generales 86. Tres semanas peleando por el centro. 
 Roca, el candidato reformista a quien llamaban forastero     
 
 Diario 16.    22/06/1986.  Página: 13. Páginas: 1. Párrafos: 16. 

Roca, el candidato reformista a quien llamaban «forastero»

José Carlos Duque

REPROCHAR al candidato reformista ser catalán para negar el voto a la nueva opción del PRD es una

carga de profundidad para el sistema democrático español.» Así lo entiende el propio Miguel Roca y así

lo dijo en Madrid y lo repitió luego por las restantes treinta y tres provincias en su largo recorrido de

13.000 kilómetros por la geografía española.

Roca, que ha dado la vuelta a España como un solitario ciclista, ha recibido las críticas desde los sectores

más reacios a la novedad que significa la otra forma de hacer política.

A mediados de campaña, Carrillo se refirió al líder reformista llamándole «forastero». Algunos

reformistas entendieron que el candidato comunista había denominado así al líder del reformismo en un

contexto en el que matizaba que la España centralista no estaba preparada para respaldar con el voto la

novedad histórica que representaba Roca

En tierras castellanas, el propio Federico Carlos Sainz de Robles tuvo que oír de boca de un catedrático

amigo suyo una cantinela que se repetía entre muchos electores indecisos de la meseta: «El programa del

PRD me gusta, pero no voy a dar mi voto a un catalán.»

La anécdota que dejó estupefacto a Sainz de Robles ocurrió en Valladolid, al final de un mitin con lleno

en el Teatro Calderón. Pero se sucedió entre otros electores en muchas de las circunscripciones en las que

aún no se ha aceptado el principio de la España de las autonomías.

Por esa razón, los convencidos de que el PRD significa una nueva fórmula de modernidad

y progreso basada en la solidaridad, arroparon a Roca frente a los ataques y descalificaciones de sus

adversarios y le presentaron como un hombre de Esíado, «da igual que venga del este o del oeste, que sea

alto o bajo, guapo o feo», como dijo en un mitin en Cáceres el candidato provincial Manuel Domínguez

Lucero

Roca tuvo una ahdesión parecida en Alicante, Murcia, Almería, Córdoba y también en Zaragoza, donde el

líder del reformismo llegó al Paraíso (como se llama el pabellón deportivo) y pudo leer en una gran

pancarta: «Estás en tu casa).

En la ciudad del Ebro, Roca causó expectación. El público se arremolinó en la puerta de entrada del lugar

del mitin, esperando ver a un político cuya imagen muda figuraba en los carteles, pero de quien empeza-

ban a oír cosas positivas

«¿Quién es?, ¿quién es?»,preguntaba una joven veinteañera. Y su pregunta era respondida de esta guisa

por alguien a su lado: «Pues ese de la calva.»

Quienes más conocen a /Zoco son los españoles de mediana edad, los que han seguido los debates

parlamentarios y han visto intervenir con el mismo equilibrio que en los mítines al político catalán.

Saben que nació en Burdeos, cuando su familia se encontraba en el exilio, en 1940, un día que los nazis

bombardearon la ciudad. Que es abogado y que

se cartacterizó por la defensa de casos ante el Tribunal de Orden Público franquista. Que es uno de los

padres de la Constitución y que es más bien serio,

a pesar de que esboce una sonrisa en los carteles propagandísticos.

Un taxista, en Murcia, donde Roca llenó el auditórium

municipal, al verle esbozar una sonrisa soltó la frase: «¡Coño!, pero si también se ríe.»

La risa del candidato reformista, sin embargo, no es estridente. «Mirad —decía ante los electores en un

mitin—, alguna vez me han dicho que por qué no me reía. ¿ Ustedes creen que es posible estar riendo

continuamente con la realidad del país? Con los tres millones de parados, los cinco millones de jubilados

a quienes se les recorta cada vez más pensiones, con una Administración que no funciona...»

Miguel Roca ha diferenciado su mensaje frente al triunfalismo del PSOE y al derrotismo de Coalición

Popular. En sus intervenciones no ha querido hacer un repaso por los tiempos pasados, sino aportar las

bases de una experiencia no fracasada para lograr transmitir al electorado un mensaje de ilusión y de

esperanza en el futuro.

Ha tenido la paciencia de firmar cientos de autógrafos, pero ha criticado la fórmula de Felipe González de

pedir paciencia histórica para resolver los problemas del país. Ha dicho que si los socialistas siguen por

este camino, hay que ir por el atajo para poder acceder a la modernidad europea. No ha hecho promesas ni

ha pedido el voto. Pero ha explicado el compromiso de su programa con el estilo de un catedrático ante

los alumnos, sin apasionamiento y desde la lógica.

Quizá por este motivo, el planteamiento de Roca ha intentado ser derribado desde las posiciones

centralistas como las de la periferia. Porque a Roca le han llegado a acusar de «españolista» desde las

filas del PSC-PSOE.

 

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