Autor: Frechoso, Francisco. 
 Balance electoral Generales 86. Un maratón para llegar al Palacio de la Moncloa. 
 La campaña en la que Felipe ya no viajó en autobús     
 
 Diario 16.    22/06/1986.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

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BALANCE ELECTORAL

UN MARATÓN PARA LLEGAR AL PALACIO DE LA MONCLOA

NACIONAL

22 de junio-86/Diario 16

La campaña en la que Felipe ya no viajó en autobús

Francisco Frechoso

D ICEN quienes U acompañaron al líder del PSOE en 1982 que la gira electoral de aquel año no resiste la

comparación con la que ayer finalizó. La ausencia de Felipe González del autobús dejó un vacío

imposible de llenar con las partidas de mus, las películas de los hermanos Marx o la apasionada

participación en las «porras» futbolísticas, a veinte duros, de los partidos jugados por la selección espa-

ñola.

Tal vez para compensar, los escasos encuentros tenidos con el presidente estuvieron siempre presididos

por la cordialidad. En uno de los primeros, celebrado en el jardín del Palacio de la Moncloa, Felipe Gon-

zález no se recató, una vez concluida la conversación formal, en contar chistes sobre sus adversarios

políticos, especialmente de los dirigentes reformistas Roca y, Garrigues. Reconoció que también le llegan

los chismes que corren de boca en boca sobre él y confesó que alguno de ellos se lo había relatado el

propio Rey Don Juan Carlos.

En otjas ocasiones, el presidente ha dado muestras de talante abierto, al admitir errores, no ya políticos,

sino lingüísticos.

Al comienzo de la campaña se le dijo que pasaba indistintamente del ustedes al vosotros durante los

mítines, y prometió corregirlo. También reconoció su error en la utilización de la

palabra «credible» en lugar de «creíble», que repitió en media docena de ocasiones durante un almuerzo

celebrado en Barcelona. Su obsesión por la credibilidad, aseguró, era la causa del lapsus tinguae.

La norma cordial, como toda regla que se precie, tuvo su excepción en el secretario personal del

presidente, Julio Feo. Su comportamiento durante el encuentro celebrado con la juventud en la discoteca

¡Oh!, al impedir a los informadores acercarse a Felipe González, estuvo a punto de repetirse en Oviedo,

pero en esta ocasión se pudo comprobar que la actitud del secretario es molesta hasta para el propio

presidente.

En la capital asturiana, González, antes de partir hacia Mallorca, se incorporó a los postres de una comida

que celebraban los periodistas y departió, «ofthe record» con ellos. A los cinco minutos, Feo se situó tras

él y comenzó a evidenciar su impaciencia. En un momento, intentó cuchichear algo al oído del presidente

y éste, visiblemente molesto, le atajó: «Tranquilo, hombre, ya sé que nos tenemos que ir, ya lo sé.» La ri-

sa de los comensales hizo enrojecer a Feo, que desistió de su

empeño y abandonó, enfadado, el comedor. El celo protector de Julio

Feo sólo ha tenido parangón durante la campaña con el mostrado por los escoltas de Alfonso Guerra.

Cuando éste visitaba en la plaza del Espolón lo-groñesa la Feria de Artesanía, quien parecía el jefe de

seguridad de la comitiva se acercó a un periodista, y al tiempo que le preguntaba: «¿ Tú, de quién eres

escolta?» —intentó cachearle—, porque nos han dicho que llevas algo duro en el bolsillo.» La respuesta

del sorprendido informador fue: «¿Pero es que yo tengo cara de escolta?», lo que empeoró las cosas,

porque el aludido se sintió molesto y replicó: «Pero, ¿qué pasa?, ¿qué cara tenemos los escoltas?»

La situación no refleja, sin embargo, la actitud del vicepresidente hacia los medios de comunicación. Al

iniciarse la campaña envío cartas personales en las que se ponía a su disposición, y, durante sus com-

parecencias, siempre tuvo tiempo para departir sin prisas y de manera relajada.

En estas conversaciones pudimos conocer que su última pasión literaria es Emily Dic-kinson, que su

afición por el vuelo sin motor, el ala delta y los ultraligeros le han llevado a adquirir un programa de

vuelo simulado para su ordenador personal o que, en fin, él nunca ha dicho la palabra «pas-mao» que le

atribuye Pedro Ruiz en sus imitaciones.

 

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