Autor: Castro, José. 
 Balance electoral Generales 86. Un maratón para llegar al Palacio de la Moncloa. 
 Quince mil kilómetros entonando el himno de "la chochona" con Fraga     
 
 Diario 16.    22/06/1986.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Quince mil kilómetros entonando el himno de «la chochona» con Fraga

José Castro

TODO comenzó en Cáceres, como la campaña del que cariñosa y corrosivamente dimos en llamar «líder

carismático» los periodistas que le hemos seguido durante veinte días. Todo comenzó en Cáceres. A ori-

llas de la piscina del Hotel Extremadura, lo uno; y en el real de la feria que por esos días celebraba la

noble ciudad de los conquistadores, en loor de San Fernando, lo otro, lo que a la postre seria el himno de

campaña.

Lo uno, lo que dimos en llamar «el espíritu del Hotel Extremadura», consistente en «meterte el dedo en el

ojo» todos los días a Manuel Fraga buscando su salida airada, su frase dura, su «boutade» que nos

permitiese tener al menos un titular diario, surgió por arte de birlibirloque.

Pero el «líder carismático» se hizo fuerte en su torre y esquivaba nuestros dardos envenenados como

nadie hubiese soñado varios años atrás. Se le tiraron «misiles teledirigidos con cabezas nucleares», pero

todo fue en vano, las directrices de campaña diseñadas por José Luis Sanchís, Enrique Beatas y Alfredo

Navarro, y que Fraga seguía al pie de la letra, hacían de pantalla defensiva.

Lo otro, el himno de campaña, surgió de una barraca de feria como regalo de los dioses. Una muñeca era

anunciada con una canción que la hacía aparecer como la mejor, la más rica, la que más gusta a las niñas,

porque no en vano es la muñeca «chochona».

Y fue por aquel entonces, pocas horas después, cuando apareció Alicia Quintero en la caravana. La

secretaria de Alianza Popular en Málaga, que ha prestado su imagen para acompañar al «líder caris-

mático» en los carteles que han empapelado a España entera, se encontró de buenas a primeras con el

apelativo y la transformación de la letra de la canción, que a partir de ahí sólo presentaba las excelencias

de «la chochona Alicia».

Y fue quizá por eso, por la socialización que se hacía de la imagen de «la chochona» y porque en Cáceres

comenzó ja serie de tres accidentes que sin consecuencias graves sufriera la «caravana Fraga», y porque

allí conocimos a Felipe Camisón, el más original de cuantos candidatos han hablado en los mítines, por lo

que la envidia y los celos del jefe de Prensa de Alianza Popular, Enrique Beatas, se pusieron a maquinar

lo que se dio en llamar «la venganza del Hotel Ercilla».

Ni corto ni perezoso, Beatas puso en marcha, sin ni siquiera respetar la hospitalidad siempre generosa de

Agustín Bueno, la «operación puertas», consistente en sacar de los pernios y «secuestrar» las puertas de

las habitaciones de los envia-

dos especiales de Diario 16, «El País» y la Cadena SER.

Fue a José Antonio Obles, enviado especial de la SER y «jefe de nenas» de la caravana por aclamación y

designación de los demás, a quien la coyuntura le resultó más comprometida para su fama de «preferido

de las nenas». Corría Obles tras los «secuestradores» que huían llevándose su puerta, cuando a mitad de

pasillo se dijo lúcidamente: «¡Ahí va, me he dejado ¡a puerta de la habitación abierta!», y volvió sobre sus

pasos para encontrarse sólo con el hueco. Posteriormente, cuando regresaba por el pasillo con la puerta

debajo del brazo, y al cruzarse con un señor todo trajeado, a José Antonio se le cayeron los pantalones

hasta los tobillos al tiempo que a las cuatro de la madrugada daba las buenas noches al desconcertado

madrugador.

Y de ese escándalo nocturno que resquebrajaba la imagen de seriedad del líder popular debió surgir el

escarmiento de Fraga, que llevó a la caravana desde Oviedo a Villalba por trochas y senderos sólo para

recibir en la frente el beso de la tía Amadora, beso que le cargó las baterías para atacar a sus oponentes

con decisión y concisión en el mitin de La Coruña.

Quince mil kilómetros de caravana por tierra, mar y aire detrás del «líder carismático», al que han besado,

achuchado, empujado y elevado a los altares de la admiración en las veinticuatro ciudades que ha vi-

sitado.

 

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