22-J: por la palabra a las urnas. 
 Con poco debate y mucha descalificación, los líderes se "arrancaron" los votos     
 
 Ya.    22/06/1986.  Página: 12. Páginas: 1. Párrafos: 23. 

T2 / España / Elecciones

Domingo 22 de junio de 1986

22-J: POR LA PALABRA A LAS URNAS

Con poco debate y mucha descalificación,

los líderes se «arrancaron» los votos

Sin apartar el rabillo del ojo de las encuestas y

sondeos, los seis líderes de las principales fuerzas

políticas de la contienda han consumido una campaña

electoral caracterizada por las descalificaciones, que

sólo algunos evitaron, y las escasas alusiones de otros

a sus propios programas.

Madrid/ YA

Felipe González se esforzaba el viernes por la noche, en el mitin de cierre de campaña, para convencer a

los simpatizantes congregados en el «rockódromo» de que seguía con la misma ilusión del 28-0. «Cuatro

años más viejo, pero con la misma ganas de seguir trabajando», repitió el Presidente.

Muchas veces uno no acaba de verse a sí mismo. Es lo que ha podido ocurrirle a González, que en estas

elecciones no se ha aproximado ni a la sombra del recuerdo dejado en los últimos comicios. La impresión

final es que el líder socialista no ha logrado conjugar su doble condición de Presidente y candidato.

Mientras que en los primeros mítines se permitió la generosidad, para otros «chutada», de decir a los

electores «voten lo que quieran u, incluso Itegó a afirmar que prefería un «Gobierno estable aunque fuera

de derechas», en el meridiano de la campaña cambió de estilo y pasó a pedir apoyo para el «proyecto de

progreso que representa el PSOE». Este cambio, demasiado evidente, puede deberse más a los inquietan-

tes anuncios de las últimas encuestas que a imprevisión estratégica.

•Este no es mi Felipe», han pensado, seguramente, muchos de los asistentes a sus mítines. «Noto que la

gente quiere más caña», reconocía él. Y es que en la mente de sus «fans», permanecía indeleble la imagen

del Felipe-82.

Las tres batallas de Fraga

El candidato de Coalición Popular a la Presidencia ha ganado en esta campaña la batalla de la imagen y se

ha ofrecido a la publicidad más moderado y tranquilo que nunca.

Con nuevos modos y un programa de Gobierno muy concreto e igualmente moderado, situado como

alternativa a la gestión de los socialistas, Fraga ha desarrollado una labor de requiebro a los votantes

centristas tratando de convencerles de que sólo el PSOE o Coalición Popular pueden ganar las elecciones.

Desde el 5 de mayo, Fraga ha retado insistentemente a González para discutir los problemas y los

programas. Un debate que el dirigente socialista ha evitado y que hubiera contribuido a animar la

campaña electoral, adormecida por los primeros calores y los partidos de fútbol.

Fraga, que no ha querido contestar a las agresiones de los demás candidatos, ha evitado especialmente la

hostilidad hacia los partidos que llama afines, en una política de cargarse de razón y «poner la otra

mejilla».

Suárez, entre el coraje

y la adversidad

A Adolfo Suárez le ha bastado recorrer media España, unas veces en autobús y otras en apresurados

vuelos de avión, para recuperar aquel viejo fervor popular que despertaba en su etapa de presidente.

Hombre que tiene muy a gala crecerse ante las adversidades políticas, ha sabido aprovechar, en su propio

beneficio y sin apenas esfuerzos, la discriminación de ´la Banca hacia el CDS y las constantes diatribas y

ataques de Guerra.

Aun reacio a entrar en la dinámica de las descalificaciones, Suárez no ha obviado en ningún momento el

cuerpo a cuerpo. Ante la acusación de Guerra, cuando aseguraba que durante su etapa como presidente de

gobierno «los terroristas se paseaban por el País Vasco con la metralleta bajo el brazo», el líder del CDS

contestaba que este supuesto difícilmente podría haber sido comprobado por el «número dos» socialista,

«porque Alfonso Guerra se muere de puro miedo nada más ver una metralleta».

Roca, un «atajo» a menor coste

Miguel Roca ha transmitido hasta el último minuto optimismo, progreso y modernidad. En todo momento

ha huido del insulto y la descalificación personal. Cree que esta actitud constructiva ha gustado al

electorado.

Las críticas del líder reformista han estado dirigidas fundamentalmente al Gobierno. Frases repetidas

durante toda la campaña lo demuestran: «Los socialistas han dejado inerme y desmoralizado al país», «En

el PSOE están nerviosos por la revalorización del centro» o «El buen camino de los socialistas es el de la

paciencia histórica y seguir

González: «Esto (su mandato) no es un huevo frito, que se echa en la sartén y ya está»

Fraga (¿qué pensará ante el paredón?): «Padre, perdóname y perdónalos»

Suárez:

«Guerra

no sabe si Tejero

entró a caballo

o en autobús»

Roca: «Los socialistas recibieron una mala herencia; la que dejan es peor»

con el paro». Frente a este camino, Roca no se ha cansado de repetir que ellos proponen el atajo para

llegar antes y a menor coste.

Las encuestas, que no vaticinan al PRD un buen resultado, no han conseguido desmoralizar al líder

reformista. De lo que no tiene ninguna duda es de que a partir del 22-J el bipartidismo dejará de existir.

«Votar al PSOE —señala Roca— ya no es votar por la ilusión del cambio; en todo caso es votar por la

continuidad y por la paciencia histórica que reclama Felipe González.»

Carrillo, o el empeño por el voto comunista

Santiago Carrillo ha podido comprobar a lo largo de la campaña hasta qué punto empieza a resultar

tangible la soledad que arrastra. Con ese verbo irónico y zumbón del que siempre ha hecho gala, una

buena parte de su estrategia electo-

Iglesias: «No vamos a ejercer ningún tipo de acción al margen de la Constitución»

Carrillo: «Gerardo

Iglesias

no es un

traidor;

es un gilipollas»

ral la ha centrado en descalificar a Izquierda Unida, a la que define como «gazpacho» y «sopa de letras»,

consciente de que es en la base electoral de esta coalición donde puede arrancar los 80.000 votos que

precisa para ser diputado por Madrid.

Sus adversarios han criticado la buena cobertura prestada por TVE a sus actos y mítines electorales, en

detrimento de otras formaciones políticas, como Izquierda Unida. Sincero admirador de Suárez durante

los primeros años de la transición, a muchos han sorprendido los epítetos dirigidos contra el ex presidente

del Gobierno en pleno fragor electoral.

Iglesias, indiferencia ante las descalificaciones

El empeño de Gerardo Iglesias por convertir la campaña electoral en un gran debate sobre los principales

problemas que afectan al país

ha resultado estéril. Se quejaba recientemente de que el «único mensaje que está quedando en esta

campaña son los insultos de Alfonso Guerra». El hoy secretario general del PCE ha procurado evitar en

todo momento la descalificación personal hacia sus adversarios políticos más directos. «Frente al recurso

de la mentira hay dos salidas: el juzgado o la indiferencia. Yo opto por la segunda», ha sido la máxima

defendida por Iglesias a lo largo de toda la campaña, por más que, en ocasiones, se haya visto obligado a

responder de manera puntual a las diatribas del vicepresidente del Gobierno cuando le atribuía que llega-

ba a los mítines excesivamente «cargado» de alcohol.

Izquierda Unida, según su presidente, no es proclive a un apoyo a Felipe González en su investidura como

presidente del Gobierno, en el supuesto de que el PSOE perdiera la mayoría absoluta.

 

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