El lenguaje de las urnas     
 
 Ya.    23/06/1986.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

El lenguaje de las urnas

DECÍAMOS en la anterior edición que el Partido Socialista podía considerar un triunfo el resultado de las

elecciones generales. En efecto, a pesar del desgaste de sus cuatro años de gobierno; a pesar de las

promesas que no se pudieron cumplir; a pesar de su forma prepotente de gobernar, el pulso español ha

querido revalidarle como el partido más votado, otorgándole el difícil regalo de una mayoría reducida,

pero absoluta. Es cierto que pierde escaños. Pero también es verdad que don Felipe González ve

alcanzado su sueño dorado: el poder gobernar en solitario, desde la autoridad que proporciona la

perspectiva de un «gobierno fuerte». En este sentido, sus apelaciones al voto útil, aunque escondieran

intenciones de atemorizar al ciudadano, han resultado fructíferas. Tampoco se puede descartar como

causa de este nuevo triunfo el ambiente político del entorno: las divisiones a derecha e izquierda y el

resurgir del centro, que, en principio, parece haber restado presencia electoral a las fuerzas conservadoras.

En el examen inicial del resto de las fuerzas políticas, lo más notable es el fracaso del PRD y, en

consecuencia, del señor Roca Junyent Una campaña muy fuerte, presuntamente cara, no ha conseguido

conectar con el ciudadano. Salvo en Cataluña, parece haber sido la primera gran víctima de las

apelaciones al voto útil.

Los comunistas han mejorado su presencia parlamentaria, a pesar de las divisiones. Parecen haber sido los

grandes beneficiados del descontento social, provocado por la que a veces pareció exagerada política

conservadora de los socialistas. En la misma zona de la izquierda resulta sencillamente espectacular el

ascenso de Herri Batasuna, a costa también de los socialistas. No es buena noticia, porque el voto de HB

es siempre un indicio de malestar social. No hay más que ver el talante y el programa de este partido para

sentir alguna intranquilidad ante la evolución de las querencias políticas en el País Vasco.

Pero, decíamos también en la anterior edición de YA, unas elecciones no sirven solamente para formar

una mayoría que llegue al Gobierno. Las urnas deciden también el panorama de la oposición. ¿Y qué

encontramos en este aspecto? Encontramos un voto muy disperso, probable fruto de las ofertas también

dispersas. Vemos que han surgido con amplio eco pequeñas opciones regionales, que sin duda han

contribuido a la confusión. Y vemos, sobre todo, que ha emergido el centro, a pesar de las apelaciones a

un bipartidismo que prematuramente se había consagrado.

El «milagro» del centro es, sin duda, una obra personal de Adolfo Suárez, que realizó una inteligente

campaña. Suárez consiguió volver a conquistar, a pesar de las ya muy citadas apelaciones al voto útil, la

voluntad de los electores de UCD en 1982. Pero algo más: Suárez, probablemente, ha cosechado también

el voto sinceramente centrista de quienes no veían el suficiente atractivo en la Coalición Popular o no

veían bastante «centrados» a los dirigentes socialistas. En todo caso, es un triunfo de Suárez y la efectiva

condena de la fórmula bipartidista. Si el líder del CDS consigue prolongar en el Parlamento la buena

imagen de la campaña, podríamos estar asistiendo al recomienzo de la carrera política de un Adolfo

Suárez que, además, derrotó en su terreno a don Miguel Roca.

Así las cosas, si el PSOE revalida una mayoría absoluta, aunque sea más reducida, y suben todos los

demás partidos que ya tenían alguna presencia parlamentaria, habrá que certificar que, a pesar de los

escaños conseguidos, la derecha debe hacer alguna reflexión. No es suficiente que justifique sus

resultados en la división de ofertas conservadoras ni que se tranquilice pensando que no ha empeorado su

presencia parlamentaria. No parece, en principio, natural que el principal partido de la oposición no haya

sabido recoger los frutos del desgaste gubernamental. Si aspira a mejorar en próximas convocatorias, ten-

drá que revisar la estrategia y la labor parlamentaria de la próxima legislatura. Y toda la derecha, en su

conjunto, ha de sentarse a estudiar si de verdad aspira a ser una alternativa de poder.

Continuaremos en próximos días el análisis de los resultados. De momento, nos unimos a las

felicitaciones que debe recibir el Partido Socialista, con un reparo: ha perdido más de un millón de votos,

a pesar del incremento del voto juvenil. Tiene una nueva oportunidad para desarrollar su proyecto. Pero

ha iniciado una tendencia a la baja. Sólo el auxilio del señor D´Hont le permite seguir hablando de

mayoría clara. Nos congratulamos del ambiente cívico en que se desarrollaron los comicios. Y sólo

podemos lamentar el incremento de la abstención, que denuncia un crecimiento del desencanto.

 

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