Autor: Onega López, Fernando. 
 El estado de la nación. 
 Esto está mejor     
 
 Ya.    23/06/1986.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Lunes 23 de junio de 1986

EL ESTADO DE LA NACIÓN

Esto está mejor

LO más curioso es esto: que habiendo los mismos escaños en el Congreso, parece que hay más diputados,

más fuerzas políticas representadas. Es una singular consecuencia de estas elecciones, donde el señor

D´Hont les ha regalado a los socialistas la mayoría parlamentaria absoluta, aunque no la mayoría absoluta

de los votos.

Ahora, después del suspense causado por la guerra de los sondeos, nos encontramos con un Parlamento

que se parece mucho más a España. Y se han producido consecuencias casi maravillosas. Por ejemplo,

que la Coalición Popular está condenada a seguir unida. ¿Adonde pueden mirar los hombres de don Osear

Alzaga que no sea a don Manuel Fraga Iribarne? Su hipotética alianza poselectoral con don Miguel Roca

queda tan enterrada como la propia aventura reformista.

La otra consecuencia maravillosa es que el dinero da la felicidad, pero no victorias en las urnas. Que se lo

pregunten al propio Roca, que no consiguió colocar al espectacular fichaje de Sainz de Robles. O que se

lo pregunten a Suárez, que habrá enviado ya su primer telegrama a la banca, felicitándola por su buen ojo.

Como nuestros banqueros planifiquen sus inversiones privadas igual que planifican las inversiones

políticas, se puede explicar fácilmente la crisis financiera. La tercera es que si el dinero no siempre vale,

tampoco es seguro el valor del carisma. Le valió a Suárez, triunfador moral, pero no a Santiago CarriUo,

cuyas ilusiones de sentarse en el Congreso le duraron exactamente dos horas. El veterano luchador se

merecía una jubilación más brillante que esta que le

FERNANDO ONEGA

dieron los votos. ¿Qué hará ahora con aquella carta que tenía escrita para remitir hoy mismo a Gerardo

Iglesias? ¿Revelará, por fin, quién le ha ofrecido los famosos quinientos millones? ¡Pobre Carrillo!

Merece un homenaje público por su contribución al éxito de la transición. Pero su ejemplo ha de servir

para comprobar que se puede muy poco contra el aparato. Ese denostado Iglesias está en el buen camino:

vio una izquierda desorientada, y se propuso cazarla. Se la regaló el descontento y la derechización del

PSOE.

Cuando estoy en estas reflexiones oigo en la radio a Joaquín Leguina. Se lamenta de que el voto se haya

dispersado. Mi querido Leguina: se hubiera dispersado mucho más si no hubiéramos sido víctimas del

chantaje del voto útil. Pero don Felipe y don Manuel se han confabulado con esa vieja historia. El uno,

para reclamar un Gobierno fuerte. El otro, para consolidar una alternativa segura. Yo creo que el nuevo

Parlamento, con ese reparto del voto, está mucho mejor. Don Felipe no se puede quejar: le dan otros

cuatro años de gobierno en solitario para avanzar en ese proyecto cuyo horizonte nunca nos explicó muy

bien. Pero, para bien de todos, le han rebajado un poco los humos. Para las próximas elecciones ya debe

saber que hay votos que son capaces de huir, aunque él no haya visto más que desierto en su entorno.

En cuanto a don Manuel, tampoco se puede quejar del todo: ha subido un escaño. Pero a lo menos que

puede aspirar el jefe de la oposición es a quedarse con los dieciséis que ha perdido la mayoría. Y eso no

lo han visto sus ojos. Rompió un poquito su techo,

pero no consiguió capitalizar la decepción causada por el mandato del PSOE. Obtiene fuerzas para seguir

capitaneando la derecha, Roca no le puede hacer sombra, pero el mandato no escrito de estas urnas podría

ser el siguiente: tiene que conseguir que su grupo parlamentario trabaje con eficacia. Han hecho muy

buena campaña electoral; pero no se puede arreglar en veinte días lo que no se hizo en cuatro años.

Y todo el mundo, por último, se alarma por el crecimiento de Herri Batasuna. ¿Pues qué esperabais? El

pueblo vasco vio una cama redonda entre quien hasta ayer tenía la mayoría absoluta en su territorio, el

PNV, y quien la sigue teniendo en España. Tomad nota de ese ascenso, y que todos los triunfalistas del

país lo tengan presente cuando se dispongan a cantar los maravillosos progresos de la convivencia en

Euskadi. Cuando Herri Batasuna crece, es que las cosas van mal. Es el voto desesperado. El voto de la

protesta. Nada más que eso.

Tenemos, en resumen, un Parlamento más parecido a España, incluso pareciéndose mucho al anterior.

¿Nos aburriremos? Eso ya no va a depender del Gobierno. El Gobierno obtiene un cheque para seguir

igual, aunque íntimamente yo esté convencido de que ha recibido un aviso en forma de voto de castigo.

Quien tiene que moverse es la oposición. Porque, como se dice en un editorial de este periódico, lo peor

que le puede pasar es que se conforme con no haber bajado. Y aquello de «Virgencita, que me quede

como estoy» sólo se dijo en un chiste.

 

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