Autor: Muro de Iscar, Francisco. 
   Nicolás Redondo     
 
 Arriba.    23/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 2. 

NICOLÁS REDONDO

El máximo dirigente de la UGT dio una conferencia ayer en Oviedo, en la Universidad astuariana, y luego se reunió con los periodistas. El fíder ugetista no tuvo más remedio que elogiar la reforma y la actitud del Gobierno Suá-rez, aunque, fuego, Jo matizaría diciendo que se camina «con excesiva timidez y que debería imprimirse mayor ritmo a la evolución». Son puntos de vista. Por contra, una delegación de sindicalistas suecos que está en España, invitada por la misma UGT, ha dicho que la transformación y la realidad de este país «hubiera sido impensable hace un año» y que se camina con firmeza. Son puntas de vista no exactamente coincidentes. Pero Nicolás Redonde ha debido recibir clases de algún gallego. Si no, que me expliquen esta frase: «La UGT no puede prescindir de su condición de revolucionaria, aunque esto no significa que haya efe recurrir a procedimientos como los, de 1917 y 1934, si bien tampoco renunciamos a ellos.» De cata af futuro, creo que habría que saber, con claridad, si la revolución y la violencia es postulada o descartada. Y es curioso, también, que durante muchos años la llamada oposición haya venido pidiendo claridad a los políticos de la «vía oficial». Dentro de poco, más de uno va a pedir esa misma claridad y objetividad a esa oposición que ninguna urna ha legitimado.

El señor Redondo —que pide el desmontaje de la actual Organización Sindica!, «sin que ello quiera decir que se deje en !a calle a los 30.000 funcionarios de fa misma», parece, sin embargo, que no cuenta bien. Dice que hay unos nueve millones y iredio de trabajadores en el país, cuando ta población activa es de más de trece millones. Y añade que el número de afiliados a la UGT —cifras cuanto antes, por favor —es de 50.000 ó 60.000, «es decir, un dos por ciento de esetotal de trabajadores». El dos por ciento de nueve millones y medio es ciento noventa mil. El de trece míflones, doscientos sesenta mil. Cuestión de apreciaciones.

 

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