Autor: Carnicero, Jesús. 
 La batalla de la Ley Sindical. 
 Un nuevo semblante para el mismo contenido     
 
 Madrid.    12/12/1969.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

Un nuevo semillante para el mismo contenido

En los países occidentales y, en general, en todos los países del mundo, el tipo de Gobierno y el tipo de Sindicatos son equivalentes. Para analizar el nivel político y el grado de madurez de los ciudadanos basta analizar el tipo de Sindicatos en que se integran, que se corresponde, a su vez, con el Gobierno establecido. SI se trata de un Gobierno liberal y democrático, lo normal es que los Sindicatos sean de derecho privado y que el Gobierno trate de alejarlos de aquellos lugares donde se toman las decisiones que afectan a la vida de la comunidad, aunque sabe que su política tiene necesidad de contar con la aceptación de los Sindicatos si no quiere dar palos de ciego. Si, por el contrario, se trata de un Gobierno totalitario, lo* gobernantes Intentarán integrar plenamente a los Sindicatos en las funciones públicas como un órgano más del Gobierno e, Incluso, integrarán a los ciudadanos globalmente, aparentando una homogeneidad que quizá no existe realmente, pero que, de cara al exterior y en e) interior del país, produce una apariencia de progreso y estabilidad España no es una excepción a la regla universal. Buena prueba de ello es el nivel que ha alcanzado la discusión popular en torno a la ley Sindical. Nunca en el país, durante los últimos treinta años, se había producido semejante expectación ante un tema. Desde tres frentes: el grupo de la Organización Sindical, es decir, desde la línea de mando, desde el Gobierno y desde el mundo del trabajo, compuesto de nueve millones de personas, la batalla de k ley Sindical se ha planteado como una cuestión de rhal importancia.

Vale la pena hacer un aná-lisis de conjunto de estos grupos que giran en torno a la ley Sindical, en cuya redacción de-ftaferra. les *a mucho, por diferentes motivos, para entender mejor las posibilidades de futuro (joe se ofreceii.

El grupo de mando

Loa hombres que componen la línea de mando del sindicalismo espafiol, procedentes o seguidores del sindicalismo que nació entre los años 1938 y 1940, han venido durante los últimos diez años tratando de consolidar su posición y de asegurarse un prestigio, a caballo entre el Gobierno y la población laboral del país. En cierto modo, la política sindical de la última década ha consistido en una conquista de estabilidad en el alambre, tratando de convencer a unos y a otros de la capacidad de su gestión.

Se explica perfectamente este difícil intento de equilibrio: las generaciones de trabajadores jóvenes, que no han conocido la guerra civil española, han sufrido el "choque" mental y hasta físico de hallarse encuadrados en unos Sindicatos modelados conforme a. doctrinas caducadas en otros países, viviendo por contraste en una Europa en donde los Sindicatos se inspiran en doctrinas umversalmente aceptadas.

Aunque sólo haya sido de un modo, instintivo, al ciudadano medio español asalariado no ha dejado de sorprenderle que, por el simple hecho de trabajar, tenga que pertenecer obligatoriamente a un Sindicato, de la misma forma que se pertenece a una familia o a un Municipio.

Un cambio de semblante

Por tanto, una vez transcurridos los primeros años siempre difíciles de ia posguerra, y en plena actividad y madurez, una generación que no conoció la guerra civil, es innegable que para muchos ^abajadores la estructura sindical apareció desfasada y sin contenido. La propia Organización Sindical lo entrevio así y comenzó una etapa que se podría denominar de encajamiento. Se trataba de ensamblar y de tomar contacto con el mundo obrero, un mundo distinto al anterior, que podía volver las espaldas a la Organización y dejarla en un espléndido aislamiento si no sabía ponerse en línea. La "era del engranaje y encajamiento" comenzó con la ley de Convenios Colectivos de 1958; continuó con la creación de los Consejos de Trabajadores y de Empresarios y con elecciones masivas y democráticas .en las Empresas, y finalizó con el IV Congreso Sindical de Tarragona, último acto del drama y primero del siguiente.

Con estas medidas se pretendía ofrecer un semblante distinto para interesar al mundo obrero por la nueva envoltura, presentando la posibilidad de una participación, sin por ello perder la estructura original que le dio vida, basada en la verticalidad, en la obligatoriedad y en la unicidad. Así, mientras por una parte se ponía en entredicho la política económica y salarial de la Administración y se arbitraban Consejos, fórmulas, consideraciones y posibilidades, no se encontraba solución a los problemas que pesaban sobre los trabajadores, ya que han sido éstos los que han tenido que soportar la estabilización y el desarrollo.

Teoría y práctica

Mientras los trabajadores pedían que el ¿íeso del desarrollo del país cargara sobre las espaldas de todos y no sólo sobre las de ellos, refiriendo sus peticiones a realidades concretas, por parte de muchos organismos provinciales de la Organización Sindical se hacían consideraciones y se elevaban peticiones.

Se volvió entonces la vista a la ley de Convenios Colectivos, de cuyas excelencias se había hecho una propaganda tenaz. Pero una cláusula de la citada ley impedía a los trabajadores negociar con libertad salarial. Incluso muchos trabajadores que trataban de conseguir la promoción profesional, social y económica de sus compañeros y la suya propia se han visto desposeídos, destituidos o suspendidos de sus cargos en virtud de un reglamento que data de 1948.

Lo normal en todo el mundo es que, ante problemas económicos, los Sindicatos sufran las consecuencias de estas crisis que se manifiestan en un descenso de afiliados. Esto en el Sindicato español no podía suceder de esta manera debido a la obligatoriedad de afiliación, pero se ha traducido en que muchos trabajadores han vuelto paulatinameníe la espal-da a quien no es capaz de resolver sus problemas. Como datos concretos de estos problemas no resueltos se ofrecen los resultados de los convenios Los trabajadores de las industrias siderometalúrgicas, extractiva y transportes ferroviarios se hallan cubiertos excesivamente por normas de obligado cumplimiento. Según los datos disponibles, el 78,58 de los primeros se hallan regulados por estas normas; en cuanto a los otros dos, la proporción era del 58,1 y del 97,8, respectivamente.

La nueva generación

Se podrían añadir numerosas causas de este desfase entre las aspiraciones de>. Jos trabajadores y las mejores conseguidas por ¡a Organización Sindical que los engloba. Pero tampoco los trabajadores, conscientes de la realidad, se hicieron muchas ilusiones. La Organización Sindical—según han afirmado en repetidas ocasiones algunos de sus dirigentes—se ha preocupado de "institucionalizar" unas conquistas conseguidas a partir 3é~ la guerra cívii. V al llegar al campo concreto del mundo : del trabajo, las nuevas generaciones han dicho que quieren vivir con Europa y no les interesa un pasado que no conocieron. No es que no valoren lo que pasó entonces; es que no lo han conocido y a muchos no les interesa conocerlo.

Los Consejos de Trabajadores y de Empresarios parece que hubieran podido resultar válidos para muchos trabajadores, porque aparentaban una independencia de actuación entre trabajadores y empresarios. Pero la concreción de esta aparente independencia no ha podido probarse, ya que las Comisiones mixtas de los convenios no han respondido, a veces, a los deseos de muchos trabajadores 5 en algunas ocasiones se ha pedido 3a dimisión de las Comisiones sociales, mientras que no se tienen noticias de peticiones semejantes ´entre los empresarios.

En cuanto a las elecciones de enlaces y Jurados de Empresas, éstas se llevaron a. cabo con auténtico espíritu democrático en la generalidad de los jpasos. Sin embargo, varios centenares de estos representantes electos han sido desposeídos, suspendidos o destituidos de sus cargos, lo que a veces ha producido sorpresa y malestar entre sus compañeros por entender que se trataba de trabajadores que actuaban en algunos casos de buena fe en representación de sus compañeros para la consecución de reivindicaciones económicas y sociales que consideraban legítimas.

Respecto al Congreso Sindical, último acto de este cambio de envoltura, sus resultados se dejan ver en el proyecto sindical presentado a las Cortes, fiel modelo del anteproyecto elaborado en ia ciudad mediterránea, salvo unos cambios superficiales que en nada modifican lo sustancial del citado anteproyecto.

Pero el examen de este Congreso y sus derivaciones exigen un detenido análisis que escapa a las posibilidades de espacio del presente artículo.

 

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