El principio de unidad y la dirección de los sindicatos     
 
 ABC.    28/05/1967.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

a PRINCIPIO DE UNIDAD Y U DIRECCIÓN DE LOS SINDICATOS

Desde la época de sus primeras leyes constitutivas—la de Unidad y la de Bases, de 1940—, la Organización Sindical ha evolucionado mucho. La entrada en juego del principio de representaíividad para múltiples cargos sindicales—aun sin haber alcanzado un desarrollo pleno—significó evolución considerable en el movimiento sindicalista. En otros planos pueden señalarse, también, modificaciones que rompieron el rigor limitativo de las normas unciales. Sin embargo, este lento e incompleto proceso de refprrna no es suficiente argumento para propugnar que la nueva ley Sindical deba limitarse a recoger en tu articulado una serie de enmiendas o correcciones de menor entidad, sin abordar el problema de fondo:

la configuración de ia estructura, vinculaciones y funcionamiento de la Organización Sindical. Si la futura ley Sindical no cumple este fin; si .se limita sólo a retocar la fachada de los Sindicatos, un propósito singularmente importante de la ley Orgánica quedará frustrado. Y perdería su razón de ser—política y jurídica—la modificación del texto de la Declaración XIII del Fuero del Trabajo; no sería fácil comprender por qué se ha promovido, desde los más altos niveles de la decisión poli-tica, la apertura de un proceso legislativo para elaborar una norma general del sindicalismo.

A las condiciones que ésta debe reunir —ley completa y sin equívocos—y a. la desvinculación de la Organización Sindical, en su nueva estructura, con relación al Estado y al Movimiento, nos hemos referido en un anterior comentario. Abordaremos en éste otras dos cuestiones básicas para la correcta configuración sindical en su nuevo planteamiento.

Sigue siendo la Organización Sindical única en la redacción actual del Fuero del Trabajo. El principio de unidad tiene más y mejores razones a su favor—incluso de índole experimental—que el principio de pluralidad. Está, pues, acertadamente mantenido. Ahora bien, dentro de la Organización única, al desaparecer el concepto "vertical" del sindicato, se abre camino a una especie de pluralidad sindical de segundo grado, a un cierto "ho-rizontalismo", cuando el Fuero admite que dentro de los Sindicatos "y en la forma que legalmente se determine, se constituirán las asociaciones respectivas de empresarios, técnicos y trabajadores que se organicen para la defensa de sus intereses peculiares y como medio de participación, libre y representativa, en las actividades sindicales, y a través de los Sindicatos, en las tareas comunitarias de Ja:vida política, económica y social".

Así, el esquema tradicional de los Sindicatos "verticales" o "nacionales" podrá eujoptar formas nuevas en la medida en la que resalte eficazmente definido el derecho a constituir asociaciones en el ser.o de cada Sindicato, 13 reconocimienta de las asociaciones de técnicos romperá, además, el carácter bifronte— empresarios, obreros; sección económica, sección social—de los Sindicatos.

Admitida la formación de tales^ asociaciones, puede ser el momento más oportuno para revisar otra disposición: la ley de 25 de junio de 1941, ley de clasificación de los Sindicatos nacionales. El concepto de "rama de actividad", que sirvió con interpretación de corto alcance para la referida clasificación, está seguramente superado por el desarrollo económico. Y del mismo modo que la presión de la realidad aconsejó desgajar del Papel y las Artes Gráficas el Sindicato de Prensa, podría, por ejemplo, dividirse en varios el Sindicato de Actividades Diversas—verdadero cajón de sastre en el actual organigrama— o formarse, en atención a su volumen económico y a ja peculiaridad de sus problemas, el Sindicato de la Electricidad aparte de los de Agua y Gas, a los que está unido en un tríptico difícilmente comprensible.

Al haber desaparecido el viejo punto 4 de la Declaración XIII del Fuero del Trabajo—"las jerarquías del Sindicato recaerán necesariamente en militantes de Falange Española tradicionalista y de las J. O. N. S."—, la proyección política que tenía el principio de unidad deberá transformarse en una proyección puramente funcional O de estructura, independientemente de la adhesión de empresarios, técnicos y obreros a los ideales del Movimiento.

Llegamos así al espinoso tema de la dirección de los Sindicatos. Entendemos, a la vista de la Declaración XIII, que en ja nueva ley debe establecerse plenamente, para todos los cargos sindicales, el princi pió de representatividad p elección. Y debe desaparecer el principio de designación por decisión jerárquica. De otro modo, el Sindicato no será verdaderamente "medio de participación libre".

-----.Supone—y será por ello cuestión muy discutida—la desaparición de la llamada "línea de mando" o "línea política". Esta línea se ha explicado como mecanismo de arbitraje entre los intereses contrapuestos de las dos clásicas secciones sindícales, como instrumento de instancia .ante los organismos estatales o de comunicación con los organismos del Movimiento. Ha cumplido en los primeros años del sindicalismo español una misión importante, sin duda. Pero dado el actual desarrollo de los Sindicatos y a la vista de la nueva configuración que deben adoptar, resulta rrmy difícil justificar su mantenimiento. La concordancia de intereses contrapuestos puede y debe resolverse por los cargos representativos en las correspondientes juntas, tasambleas o reuniones mixtas. A los presidentes de los Sindicatos, de las Asociaciones que en ellos. se fórmenle incluso de las Secciones>corresponderá la función de comunicación con otros organismos o de instancia ante ellos. Es posible que convenga mantener, en ámbitos provinciales, un cargo directivo sindical genérico, al modo de los actuales Delegados. Pero tampoco en este supuesto aparecen razones de peso para no realizar por vía electiva su designación.

 

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