"La preferencia entre unidad o pluralismo ha de ser elegida atendiendo a las circunstancias de las realidades políticas, socio económicas y culturales de cada país y época"  :   
 Intervención del doctor Cantero Cuadrado, arzobispo de Zaragoza. 
 ABC.    05/11/1970.  Página: 35-37. Páginas: 3. Párrafos: 30. 

LA PREFERENCIA ENTRE UNIDAD O PLURALISMO HA DE SER ELEGIDA ATENDIENDO A LAS CIRCUNSTANCIAS DE LAS REALIDADES POLÍTICAS, SOCIO-ECONÓMICAS Y CULTURALES DE CADA PAÍS Y ÉPOCA»

Intervención del doctor Contero Cuadrado, arzobispo de Zaragoza

En medio de una extraordinaria expectación, que se reflejó tanto en el acentuado silencio con que fue escuchado cotno en los murmullas aprobatorios que subrayaron algunas de sus afirmaciones, el doctor Cantero leyó su exposición, de la que tomamos seguidamente los párrafos más sustanciales:

Este modesto procurador que os habla tan sólo ha presentado cinco enmiendas al proyecto de ley Sindical y todas las cinco sobre los cuatro primeros artículos del proyecto presentado a. las Cortes por el Gobierno, por entender que en estos primeros artículos se contiene la filosofía y el espíritu de esta ley, y esta filosofía y este espíritu son los que más directamente me interesan como procurador y como hombre de Iglesia.

E3 tema es delicado y trascendente en si mismo para todo sindicalismo, y lo es más todavía para el sindicalismo español porque, en virtud de los Principios Fundamentales del Movimiento y de la Ley Orgánica del Estado, la legislación española ha de Inspirarse en las directrices de la doctrina social de la Iglesia, claramente determinada y en cuanto respondan a las exigencias del derecho natural y de la ética cristiana.

Y el tema es para mí particularmente mea delicado que para vosotros, ya que por exigencias de mi carácter y oficio episcopal me Incumbe al derecho jr el deber de

tutelar la integridad de los principio» de orden ético.

LIBERTAD DE TODOS LOS CIUDADANOS

La Iglesia respeta y defiende explícitamente en el Concilio Vaticano II la independencia soberana del Poder civil y la autonomía del orden temporal y la libertad de todos los .ciudadanos, tin discriminaciones de religión, raza, clase y cuitara, en sus opciones concreta* de orden temporal, y la» respeta y las defiende eo» te misma firmeza con que defiende su propia libertad e independencia en el orden religioso y eclesial ante el Estado, ante la sociedad civil y ante cualquier grupo de presión política o económica, de signo cese llano o jacobino, que pretendiera menospreciar la doctrina y la acción de la Iglesia para comprometerla o enfeudarla en cualquier mundo o régimen temporal.

EL PENSAMIENTO DE LA IGLESIA

Desde el ponto de vista doctrinal, en mi humilde opinión, la línea de fondo, lo vital del pensamiento orientador de la Iglesia en materia sindical se centra en estos cuatro principios: el de representatividad, el de autonomía, el de participación y el de libertad. Sin una vigencia efectiva—no sólo legal—de estos cuatro principios y de sus exigencias esenciales en el esquema filosófico, en la estructuración, en la competencia y funcionamiento de la Organización Sindical española, no habría, a mi juico, un auténtico sindicalismo que merezca este nombre, y menos aún un sindicalismo inspirado en la doctrina del magisterio oficial de la Iglesia.

Estos cuatro principios son consustanciales a todo sindicalismo auténtico moderno; son exigencias no sólo políticas, sino éticas, morales y jurídicas, de toda Organización Sindical que quiera inspirarse en la doctrina social de la Iglesia.

Los otros tres principios, a saber: el principio de la unidad, de generalidad y de asociación, dentro de cada Sindicato, de los empresarios, técnicos y trabajadores para la defensa de sus intereses peculiares, yo entiendo que, en el plano de los principios cristianos relativos al sindicalismo, ton o pueden ser exigencias coyunturales de una Organización Sindical concreta, como la española, surgidas no en virtud de unos valores permanentes de tipo y alcance éticos, sino en virtud bien de imperativos legales ya establecidos o bien de conveniencias prácticas de un contexto histórico y político en un país y en un momento histórico concretos, a las cuales el Poder legislativo de un Estado soberano tiene no sólo el derecho, sino también el deber de tener en cuenta al configurar la norma ju-rídico-legaJ positiva de la Organización Sindical.

EXIGENCIAS ETICAS DE TODO SINDICALISMO

En consecuencia, desde el punto de vista de una Organización Sindical que hoy aún por imperativos de nuestra legislación de rango constitucional ha de inspirarse en la doctrina social de la Iglesia, han de figurar entre sus principios básicos los cuatro principios que son consustanciales, y a la vez exigencias éticas de todo sindicalismo, a saber: ei.de la representatividad, el de autonomía, el de participación y el de libertad de actuación (éste Incluido en el nuevo texto de la Ponencia).

Los otros tees principios, a saber: él de unidad, ei de generalidad y el de asociación, dentro de cada Sindicato, de los empresarios, técnicos y trabajadores para la defensa de sus intereses peculiares, son principios que todo Estado soberano y toda organización pueden adoptar en la configuración Jurídico positiva de la Organización Sindical.

LA UNIDAD SINDICAL

Entre tanto revuelo pasional e ideológico que ha despertado en España esta ley Sindical se ha llegado a decir que el principio de unidad sindical, tal y como está formulado en el articulo 4, es anticonstitucional por ser contrario a la doctrina social de la Iglesia, a los principios de la O.I.T. y a nuestras leyes fundamentales.

Esta afirmación carece de fundamento doctrinal. Quede bien claro, para no divagar y para centrar el problema, Que cuando se habla de unidad sindical entendemos no meramente una unidad sindical circunstancial, fáctica, pasajera, realizada en un momento histórico para desarrollar una acción concreta por parte de las centrales sindicales con vistas a conseguir una reivindicación laboral o una solución favorable ante tía. conflicto laboral colectivo, fío. El concepto de unidad sindical es más amplio y más profundo.

Se trata de una unidad sindical Institucional, estructural, del mismo sistema tin-diccU. integradora de toaos los úndicadoa* como un principio no sólo pragmático, sino también informador de la filosofía y del espíritu de un sistema sindical.

Pues bien, en este plano, y con este alcance, yo entiendo que la doctrina social de la Iglesia y la praxis de su aplicación por el mismo magisterio jerárquico no se opone ni excluye, antes al contrario, admite

tanto la unidad sindical como el pluralismo sindical, siempre que en ambos sistemas —el de unidad o el de pluralismo—se actúe sindicalmente dentro de unos condicionamientos éticos y legales que permitan y faciliten a todo sindicalismo conseguir su misión esencial y específica.

A la luz de la doctrina social de la Iglesia, la unidad o el pluralismo sindical son una exigencia coyuntura´, no ética del movimiento sindical, y cuya preferencia —unidad o pluralismo—ha de ser elegida atendiendo a las circunstancias de las realidades políticas, socio-económicas y culturales de cada país y época.

LA AFILIACIÓN OBLIGATORIA

Acerca del principio de generalidad, o en otros términos más ciaros para el mundo laboral y para la opinión pública, la obligatoriedad de afiliación o incorporación de todos los españoles que participan en la producción y el trabajo, también se ha dicho que este principio de generalidad va contra la libertad del ciudadano, contra las directrices de la O. I. T., contra la Declaración de los Derechos Humanos de 1948 y contra la doctrina social de la Iglesia.

Yo entiendo que este principio, tal y como está formulado en este texto del artículo 4 no comporta contradicción alguna con los principios cristianos relativos al sindicalismo.

Nunca la Iglesia se ha pronunciado ni a favor ni en contra de la obligatoriedad de la afiliación.

Nunca la Iglesia ha dicho una palabra, antes, al contrario, su praxis ha reconocido el hecho histórico y legal de la obligatoriedad de afiliación en los colegios profesionales de médicos, abogados, arquitectos, etc., para ejercer su profesión.

PRINCIPIO DE REPRESENTATIVIDAD

Es la primera exigencia jurídica y ética consustancial a todo sindicalismo, cualquiera que sea la filosofía que inspire su estructura institucional y su Gobierno. Sin una auténtica representatividad faltaría Ja base para la autonomía, la participación y la libertad sindical, y las entidades sindicales serían pura burocracia sindical, incapaz ya .por su origen, de ejercer las funciones y los fines establecidos en el artículo primero para el sindicalismo español.

Por ello representatividad de todos los sindicados, no sólo de grupos minoritarios, de cualquier signo. Y, sobre todo, cuando un sindicalismo, como el español, tiene como principio básico el principio de unidad.

Y ello es así, porque toda organización profesional, todo sindicato y toda Organización Sindical es sustancialmente una entidad y una acción mancomunada y solidaría, y esta acción, por ser acción de una comunidad, se ejerce por representación en su origen y en su ejercicio, a través de la minoría dirigente como representante de todos sus representados. En este sentido, la representatividad es la garantía de la auténtica voluntad de los afiliados.

PRINCIPIO DE AUTONOMÍA

El proyecto de la Ponencia ha añadido y destacado en relación con el proyecto primero del Gobierno el principio de libertad de actuación de los empresarios, técnicos y trabajadores en las tareas sindicales y en las de carácter general que.el cauce de la Organización Sindical facilita. Desde el punto de vista de la claridad, tanto legislativa como de la doctrina sindical que informa esta ley, lo considero humildemente como un acierto, pues el concepto de libertad sindical es polifacético y polivalente en su significación y en el alcance de su ejercicio. Pero hemos de tener en cuenta que. la libertad sindical se bifurca en dos grandes direcciones o vertientes: una, la libertad sindical del hombre como sujeto de esa libertad; y otra, la libertad sindical del ente sindical como sujeto de esa libertad, y en este último sentido se trata, a mi juicio directamente de la autonomía sindical, tal V como se formula en este artículo í y acerca del cual permitidme algunas consideraciones.

Desde el punto de vista de la, doctrina tocial de la Iglesia, la autonomía de toda

Organización Sindical, de todo sindicato y de toda entidad sindical está en la base misma de su existencia, jurídica y déla vida sindical como exigencia no coyuntural, sino ética de todo sindicalismo.

ASOCIACIÓN

No me detengo en la exposición de este principio a la luz de la doctrina católica porque es un principio que no afecta a las exigencias éticas del sindicalismo y no quiero abusar de vuestra benévola atención.

PARTICIPACIÓN

Hoy este principio constituye el alma, la Idea motriz del pensamiento social cristiano y de la evolución de ese pensamiento en la historia sindical.

Todos afirmamos que la empresa es una comunidad de trabajo; pero esta expresión es demasiado vaga y abstracta, que puede decir mucho o no puede decir nada.

Participación en sí significa tomar parte, tomar su parte, lo que a cada uno corresponde; pero lo que Importa es cómo se estructura y cómo se realiza en concreto esa participación; cómo llegar por etapas a su plenitud; y, sobre todo, cómo quitar las causas del hecho—Injusto y antisocial—de que en España un porcentaje demasiado elevado de la renta nacional se la reparte un sector de españoles, con perjuicio de los demás.

Sobre todo, lo que importa para realizar esa participación, principalmente en la empresa, es que se cree y se mantenga un. clima y un espíritu de confianza entre las personas que están a su servicio. Los trabajadores no tendrán confianaa en los empleadores si los empleadores no tienen a su vez confianza en los trabajadores.

CAUTELAS LÓGICAS Y OBLIGATORIAS DEL ESTADO

Y llego a la última parte de mi intervención, a saber: la aplicabilidad y aplicación de estas principios en el resto del articulad» de la ley.

Los principios, como tales, no son por si mismos operativos si no se desarrollan y encarnan en fórmulas concretas; ni estas fórmulas concretas son positivas cuando se reducen a repetir en otras palabras la expresión literal de tos principios.

La doctrina de la Iglesia no desciende a determinar fórmalas concretas para la aplicación de los principios. Ello constituye la originalidad y la grandeza moral de su magisterio en todo el ámbito de la catolicidad; pero la misma doctrina de la Iglesia exige, exhorta y estimula que, para conseguir la operatividad de sus principjos, los ciudadanos, y en primer lugar los fieles seglares, busquen fórmulas idóneas de aplicación en la vida económico-social.

En la aplicación de estos principios se han de tener en cuenta las exigencias y

posibilidades del bien común de la sociedad. Esta exigencia es consustancial a toda ley, ya que la ley, según la definición clásica de Santo Tomás, no es sólo una, ordenación de la razón, sino una ordenación de la razón encaminada al bien común de la sociedad, y en este caso, puesto que se trata de una ley civil española, al bien común de la sociedad civil española.

Es lógico y hasta obligatorio que el Estado tome las cautelas que estime necesarias para la relación y para el desarrolte del bien común, pero no perdamos de vista que el bien común no e» el bien público» sino el bien de toda la comunidad española, y QU« este bien está constituido fundamentalmente por el contenido y el desarrollo de los bienes de carácter personal de la persona humana.

Una cálida ovación y aclamaciones aprobatorias acogieron las palabras de monseñor Cantero.

 

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