Autor: Pérez Fernández, Herminio. 
   Habrá ministro de relaciones sindicales  :   
 Con solo dos votos en contra, al cabo de tres jornadas de intensos debates, quedó aprobado ayer el artículo 31 del proyecto de ley sindical. 
 ABC.    14/01/1971.  Página: 23. Páginas: 1. Párrafos: 23. 

CORTES ESPAÑOLAS

HABRÁ MINISTRO DE RELACIONES SINDICALES

Con sólo dos votos en contra, al cabo de tres jornadas de intensos debates, quedó aprobado ayer el artículo 31 del proyecto de ley Sindical

Madrid. (De nuestro redactor en las Cortes, Herminio Pérez Fernández.) Con sólo dos votos en contra—de los señores Martín Sanz y Pizarra Indart—quedó aprobado anoche, al filo de las nueve, en la Comisión de Leyes Fundamentales y Presidencia del Gobierno, el articulo 31 del proyecto de ley Sindical, con esta redacción final y definitiva :

Artículo 31.—1. El ministro de Relaciones Sindicales constituye el órgano de comunicación entre el Gobierno y la Organización Sindical y los Sindicatos que la integran. Tiene el carácter de ministro sin cartera.

2. I* corresponde el ejercicio de las siguientes funciones:

a) Mantener la comunicación entre la Organización Sindical y los Sindicatos con el Gobierno y, especialmente, exponer a éste los acuerdos e iniciativas del Congreso Sindical y del Comité que procedan.

b) Presidir el Comité ejecutivo sindical y someter a su consideración los asuntos y cuestiones de competencia de estos órganos que estime pertinente.

c) Velar por que la Organización Sindical y los Sindicatos >3tie la componen se acomoden en su actuación a lo dispuesto en las leyes y a los principios básicos en Que se inspira la Organización Sindical española.

d) Nombramiento y remoción, o la propuesta en sn caso, de los cargos no electivos, previo informe del Comité ejecutivo sindical o del órgano colegiado que corresponda,

e) Proponer al Gobierno las disposiciones reglamentarias que, conforme a esta ley, sean de su competencia y adoptar las que le estén atribuidas.

f)

La votación ponía punto final a tres Intensas jornadas de debate y abría paso a un «relax» parlamentarlo, Indispensable después de la tensión dialéctica que. en la tarde de ayer, llegó a alcanzar un clima de acritud—por fortuna sólo durante unos minutos—muy poco frecuente en las Cortes. Por eso cuando el presidente, una vez superado el gran escollo de] articulo 31. se mostró dispuesto a Iniciar el debate en torno al precepto siguiente, estalló en la sala un rumor de fatiga que le hizo comprender al señor Bau—tan experto en las lides parlamentarlas—]a conveniencia de levantar la sesión, aun cuando sólo pasaban unos minutos de las nueve de la noche.

¿Y qué había ocurrido en esta última jornada consagrada al polémico artículo 31 para que los procuradores estuvieran tan necesitados de un urgente descanto? Treinta voces distintas—de oíros tantos enmendantes o miembros de la Comisión—habían cubierto desde las cinco y cuarto de la tarde hasta las siete y media la última fase procesal del debate sobre este precepto: e! turno de rectificaciones.

El señor Navarro Velasco volvió a insistir en su petición de que sea el secretarlo general y no el Comité ejecutivo quien presida la pirámide sindical, que de otro modo quedaría truncada y sin cabeza.

Don Emilio Romero Gómez subrayó de nuevo la necesidad de Que el ministro de Relaciones Sindicales pueda dirigir y coordinar la acción sindical de acuerdo con las orientaciones del Congreso.

Mostraron su conformidad con la propuesta de la Ponencia los ssñores Sierra Haya. Hernández Navarro, Martines E!s-tenaga. Valencia Remón, Vilalta Caralt. Castañedo, García Rlbes. Calpe Areusa, Alcaina Caballero, Llosent Marañón y Conzález Sáez, este último con matizaclones. El señor Fugardo Sanz. que es hombre contundente en su lenguaje, afirmó que sólo le habían convencido las Intervenciones de los señores Sánchez Cortés y Solía Ruíz don José): las demás le habían sonado—dijo—«a lecciones gubernamentales bien aprendidas». Lamentó que quienes en Tarragona se oponían a la idea del ministro y ahora la apoyaban no hubieran defendido entonces la propuesta, coa el mismo entusiasmo. Preguntó si la aprobación de este artículo no dará lugar a oue España sea expulsada de la O. I. T. y hasta sugirió: «Más valdría irse retirando antes de que nos retiren».

La contundencia de las expresiones y el tono enérgico empleado por el señor Fu-gardo Sanz—que. por otra parte, son peculiaridades suyas—cargaron de electricidad el aire de la sala. Ni la habilidad parlamentarla y las buenas maneras, de gran señor, propias de don Joaquín Bau, pudieron iropedir los choques dialécticos que inmediatamente se suscitaron: a unos procuradores les molestó lo de las «lecciones gubernamentales bien aprendidas»; a otros la alusión al cambio de criterio respecto a Tarragona; el señor García Ribes, que forma parte actualmente de la representación española en la O. I. T., dio pie para el enfrentamiento más duro con el señor Fugardo. Y aunque la patriarcal autoridad mediadora de don Joaquín Bau logró dominar y paliar el incidente marginal, el debate pasó por momentos insólitamente tirantes.

El señor fíerrats Urqulza (don Salvador) pidió que se establezca en la ley y no se deje a normas reglamentarias el régimen de acuerdos.

«De los Pirineos y de Algeciras para alia —dijo el señor Alvaréz Molina—no me preocupa nada lo que piensan ni la O. I. T. ni nadie. Estamos elaborando una ley cuyos perjuicios o beneficios no los van a sentir ellos, sino nosotros. Dar oídos a los cantos de sirena, sería tanto como el cuento de nunca acabar. Ese argumento no es válido. Que allí piensen lo que quieran y hagamos aquí lo que más convenga.»

«í Ojalá la familia tuviese un ministro en el Gobierno. Y también las organizaciones políticas!»,

exclamaba el señor Peralta España. Para el, el texto de la Ponencia más que introducir una cuña de la Administración del Estado en la Organización Sindical significaba todo lo contrario. Para el señor Martín Sanz los dos vértices del ministro y del presidente, que tendían a unir, van a ser sustituidos por los dos vértices de la línea representatatl-va jerarquizada—empresarios y trabajadores—, que son antagónicos. Pidió continuidad para el sistema y eiie esa continuidad no se rompa en beneficio de un ministro cuya figura no nos va a favorece? en el exterior. Sugirió una moción al Gobierno, para pedirle que cree también un Ministerio de 2a Familia y desdoble el de la Gobernación en un Ministerio del Interior y otro de Desarrollo regional, que encuadraría a los Municipios.

Insistió el señor Beltrán Rojo en la doble figura del ministro y del presidente y en su fórmula de designación de éste ultime.

Don José Solís Rulz precisó que, ya en su exposición anterior, se había mostrado conforme, para el caso de que la Comisión se Inclinara por un ministro, con que éste compartiera sus funciones con un órgano colegiado, pero pidió que esto quede en la Ley no se limite a ser una costumbre.

La Ponencia se reunió, durante casi una hora, para cambiar impresiones, que sa tradujeron en dos leves adiciones, una re-cogiendo una propuesta del señor Martín Sanz y otra para añadir unas palabras sugeridas por el señor Solís Ruiz. También aceptó, como un párrafo f), la sugerencia de don Emilio Romero, que éste retiró antea de ser sometida a la consideración de la Comisión.

El señor Suárez González, en nombre dé la Ponencia, expuso brillantemente las ra-* sones por las cuales la solución del mi-> nistro no es atentatoria ni para la auto-´ nomia ni para la representatívidad de la Organización Sindical. Si la Organización Sindical tiene medios para cumplir unas funciones en su seno, el Estado tiene qué respetarla; pero cuando se trate de acudif al Estado pidiendo unas medidas políticas, tiene que contar con un interlocutor válido, Que, sin embargo, no es quien determino lo que se ha de pedir. El problema, dijo también, -no está en la existencia del mi-nistro, sino en señalar las competencias tí funciones que le corresponden.

«En este ensayo de caminos de futuro —afirmó—la Ponencia entiende que presta un servicio al sindicalismo español, si, man" teniendo su autonomía y representatividadi le deja un enlace con el Gobierno.´»

Hay que decir que a la hora de la vota--ción el lleno era absoluto y hasta rebosante,. Por primera vez en mucho tiempo la Mesa estuvo también completa, ya que se izan incorporado el vicepresidente, don José María Aguirre Gonzalo, que se encontraba enfermo, y el ponente don Jesús Lample Operé, hospitalizado durante varias sema-> ñas como consecuencia de un accidente dd automóvil.

Las enmiendas de los señores Martín Sanz y Navarro Velasco sólo tuvieron dos votos a favor. La del señor Beltrán Rojo no logró ninguno.

 

< Volver