Autor: Esteve Pitarch, Pedro. 
   El peligro de otra dictadura sindical     
 
 Informaciones.    02/01/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

EL PELIGRO DE OTRA DICTADURA SINDICAL

Vemos con pesimismo el futuro sindical, y todo ello en base a una acción de fuerza por parte de U.G.T. y CC. OO., que creyéndose hegemónicas en el ámbito sindical no dejan que las demás centrales sigan su proceso de formación y consolidación, así como que no aceptan el afloramiento de nuevas centrales o nuevos sindicatos.

Con ello nos están demostrando que todas sus acciones propagandísticas, con visos de enorme democracia, no dejaron de ser pura demagogia y convirtieron a las respectivas centrales en dos oligarquías, dignas de ser cascos del caballo de Atila.

Pero aún hay más, ya que fueron dos centrales que mostraron verdadero beaterismo a los principios de la O. I. T., enarbolando los mismos para llegar a la unidad, de acción sindical europea en contra del reaccionario sindicalismo anterior. Pero las cañas se han vuelto lanzas, y hoy son ellos los que pisotean los ortodoxos y democráticos principios de la O. I. T. al estar obstaculizando constantemente el principio de libertad sindical y el de apoliticismo sindical.

Apoyándose ambas en la fuerza que les dan sus respectivos partidos políticos (P.S.O.E. y P.C.E), por el número de escaños logrados en las dos Cámaras y por el de votos conseguidos, se creen los únicos representantes de la clase obrera ante la futura y próxima vida sindical. Pero su envanecimiento ha llegado a tanto, sobre todo por parte de la U.G.T., que desprecian olímpicamente a las demás centrales constituidas.

Únicamente por aquello de proximidad ideológica y para acciones unitarias de fuerzas, suelen hacerles hueco a otras minoritarias marxistas y socialistas, pero con miras a poderlas absorber y agrupar a la militancia de las mismas. En una palabra, que los únicos sindicatos a constituir nada mis pueden ser o marxistas-socialistas o marxistas-comunistas; los demás no tienen derecho a la vida. Así se está dando el triste caso de que una masa laboral de unos diez millones solamente haya afiliados unos dos millones, de los que un millón trescientos mil se los reparten U.G.T. y CC. OO.

Estos militantes sindicales de U.G.T. y CC. OO. ya harán su verdadera labor de zapa (llamémosle piquetes) en las diversas fábricas dispersas por la piel de toro para amedrentar y no dejar que aflore otro sindicato o central distinta a la de ellos, como asimismo hundir y despreciar a todos aquellos que ya se encuentran constituidos y en período de formación.

La finalidad marxista es la de conseguir el poder total, tanto el político como el sindical; lo demás vendrá por su propio paso, aunque ello lleve consigo el aislamiento sindical de una majoria de trabajadores que viéndose cercenados de sus opciones sindicales preferidas optan por el absentismo sindical, aun en perjuicio de su propia profesionalidad laboral.

Y aún tienen la desfachatez de abogar por la unidad sindical, cuando tantísimas veces la han atacado, sobre todo al obsoleto verticalismo sindical. Unidad sindical, pero con cabecera de las mismas CC. OO. o U.G.T.; eso de borrón y cuenta nueva para que se organice una central sindical única, apolítica, libre y netamente defensora de los derechos de los obreros, no; tiene que ser una unidad sindical enmarcada en una de las dos centrales que se consideran hegemónicas. ¡Vivir para ver! Como diría Alfredo Amestoy.—Pedro Esteve Pitarch (Alicante).

 

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