Autor: Galza, Eva. 
 próxima reunión de CC.OO. Y UGT. 
 Preparan el boicot a las "centrales amarillas"     
 
 El Alcázar.    07/01/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Próxima reunión de CC.OO. y UGT

PREPARAN EL BOICOT A LAS «CENTRALES AMARILLAS»

Madrid (Por Eva Galza, de Cifra).—El «amarillismo» va a ser uno de los temas importantes de la reunión que, en breve, van a tener los secretarios generales dé las dos centrales más potentes y, hasta d momento, más reconocidas oficialmente: Unión General de Trabajadores (UGT) y Comisiones Obreras (CCOO.)

Nicolás Redondo y Marcelino Camacho tienen que dejar bien concretado, según han declarado a «Cifra» fuentes de las dos centrales, en qué va a consistir el boicot sobre las organizaciones de trabajadores que, según su criterio, presenten características «amarillas». No se sabe si UGT y CC.OO. van a denunciarlas públicamente por sus nombres.

Ante esta situación, conviene aclarar, aunque sólo sea muy superficialmente, que el término sindical «amarillo» surgió con la aparición de los sindicatos de clara influencia marxista y que se denominaron «rojos». Estos defendían el enfrentamiento con el capital con el que estaba identificada la parte patronal más importante y con el que tenía bastantes lazos de unión la Iglesia.

La situación social de las naciones permitió el auge de estos sindicatos «rojos» que pregonaban la ruptura con los empresarios y la lucha de clases. Como reacción aparecieron otras organizaciones, evidentemente impregnadas de lo eclesial, que propugnaban el diálogo con los patronos para llegar al acuerdo. Por esta conexión con la Iglesia éstos sindicatos fueron llamados «amarillos», color principal de la bandera del Vaticano.

Según estas formulaciones, CC.OO. Y UGT habrán de tener mucho cuidado en presen lar oficialmente su filosofía del «amarillismo». Fuentes de CC.OO. han declarado a «Cifra» que esta central considera como «amarinistas» las organizaciones que han surgido a través de los hombres del antiguo sindicato vertical, o las que reciben apoyo patronal o gubernamental dentro de las fábricas o en el marco de las relaciones laborales, aunque simplemente sea con el reconocimiento de su existencia. Estas, además, no tienen tradición alguna sindical.

Estas acusaciones también han sido formuladas a «Cifra» por UGT como características de «amarillismo». Esta central añade que estos sindicatos son interclasistas, se oponen a las otras organizaciones de clase y defienden su apoliticismo y el pluralismo sindical. Suelen —añaden— estar escondidos bajo el calificativo de «independientes» y bastante ligados a la desparecida DNS (Delegación Nacional de Sindicatos).

Por su parte, organizaciones como la CTI (Confederación de Trabajadores Independientes), CGT (Confederación General de Trabajadores), CTC (Con-

federación de Trabajadores Comunitarios), CTS (Confederación de Trabajadores Sindicalistas, antigua CONS) y algunas otras han pregonado siempre su autenticidad sindical.

Como prueba de que no hay «amarillismo», muchas de ellas alegan que se han opuesto al «Pacto de la Moncloa» y han llegado a atacar a CC.OO. por su aceptación del citado acuerdo, lo que para ellos era signo de organización pactista, ajena a la lucha y favorable al diálogo y al entendimiento, simbología del más puro amarillismo.

Evidentemente, estas acusaciones no han sido tomadas demasiado seriamente por CC.OO. que se defiende con su historia y cuya aceptación del Pacto ha sido razonada por la situación actual económica española.

N. de la R.-Comisiones Obreras y Unión General de Trabajadores son dos Centrales Sindicales que, tras defender la pluralidad sindical desde la clandestinidad y en el concierto de la OIT, donde sus representantes promovieron constantes querellas contra la Organización Sindical por haber impuesto la unidad, ahora, que se consideran capaces de conseguir un monopolio, olvidan sus anteriores planteamientos y denuncian públicamente a los sindicatos independientes; los tachan de amarillos y les censuran ser partidarios de de la pluralidad sindical. Para colmo de paradojas.

Eva Galza, en esta crónica de la Agencia Cifra, al querer justificar el pactismo de CC.OO. en la Moncloa —una actuación bien amarillista- dice por su cuenta, que esta organización «se defiende con su historia». Pues bien, la historia es esta: Que desde su constitución CC.OO., con bastante más que tolerancia del ministro secretario y delegado de sindicatos del momento, ha defendido el pluralismo y cambia ahora su punto de vista porque la unidad le conviene, al considerarse dominante. No cabía esperar otra cosa, de una central que es sucursal de un partido político, en lo que coincide con la UGT.

Resulta curioso que tan ardientes defensores de la libertad sindical, cuando en España se defendía la generosidad y la unidad, quieran ahora dictatorialmente imponer su dirección y control, descalificando precisamente a los sindicatos independientes y apolíticos.

 

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