Autor: JASA. 
   El movimiento sindical, usurpado por funcionarios políticos     
 
 El Alcázar.    10/01/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

La jornada política

EL MOVIMIENTO SINDICAL, USURPADO POR FUNCIONARIOS POLÍTICOS

«Se producen algunos hechos en el panorama sindical realmente escandalosos. Fíjate cómo inundan las calles infinidad de carteles firmados por dos, tres o cuatro siglas convocando asambleas para plantear la negociación de un convenio determinado. Dichas asambleas a las que asiste quien quiere, sea o no sea del sector interesado, son «pan comido» para las militancias de las centrales que imponen a las minorías asistentes sus criterios. Asi, en asambleas de 400 ó 500 personas se consigue el respaldo para la negociación de un convenio que afecta a 40 ó 50.000 trabajadores».

Esta frondosa muestra del espíritu democrático que anima a algunas centrales sindicales me la cuenta Manuel Ramos conocido militante de APEGA (Asociación Profesional de Empleados de Cajas de Ahorros). Puede parecer increíble, pero las antiguas prácticas negociadoras de los jurados de empresa han sido sustituidas por esta otra muestra eficiente de representación de los intereses laborales. Avanzamos, como se puede advertir, hacia la definitiva implantación de la demagogia en la manipulación de las reivindicaciones de los trabajadores. Con muchos agravantes además.

Por ejemplo: ¿Quién eligió a los que nos representaron en la OIT este año? ¿Quién eligió a los «oyentes» del Pacto Social de la Moncloa? ¿Quién concedió, dentro y fuera de los medios de comunicación del Estado, el protagonismo a las centrales sindicales socialista y comunista? Manuel Ramos se formula y responde al mismo tiempo estos interrogantes:

EL GOBIERNO CAPITALISTA. De él procede su legitimidad y representatividad. «Curiosamente —me sigue contando— quienes propugnaban la participación de todos los trabajadores, en cualquier medida que les afectase, pactan y actúan desde hace meses sin acordarse de ellos. Quienes querían la independencia de las estructuras sindicales se han sometido totalmente a los partidos y deben su «fuerza» al Gobierno».

| Resulta fácil advertir la dimensión del salto dispendiado generosamente a centrales que, como la UGT, disponían de unos 5.000 militantes para abarcar una representación que les exigiría, al menos, medio millón. Con la paradoja de que se propone que en las negociaciones participen por igual los vencedores de las elecciones y los representantes de las centrales, aunque el porcentaje avalado por estas últimas sea exiguo. «Para mí —concluye Manuel Ramos- el sindicalismo ha perdido en el cambio la posibilidad a medio plazo, si no definitivamente, de ser el reconocido eje de la acción política, y el protagonista del progreso sociaL Debe cristalizar ya, sin embargo, de cualquier forma, para el bien del pueblo español, una voluntad sindical de prácticas democráticas, de aspiración unitaria, de inspiración independiente y autónoma y de auténtica consciencia obrera. El sindicalismo libre, autónomo, profesional e independiente debe evitar la desaparición del Movimiento Sindical usurpado ahora por funcionarios de los partidos políticos». Dos de estos «funcionarios» (nunca mejor llamados) fueron los que ayer se reunieron con los dirigentes de la Confederación Española de Organizaciones.

Empresariales para negociar la nueva coyuntura electoral sindical. El pacto, por lo que me han dicho, se ha querido plantear en los siguientes términos. Las centrales marxistas exigen ser reconocidas como únicos interlocutores válidos por la patronal y ofrecen, a cambio, la supresión de toda clase de disturbios y desórdenes en un plazo razonable. Hay que decir que la actitud empresarial se presenta, por lo que advierto, muy amedrantada ante las formulaciones de CCOO y UGT. Existe un cierto sentimiento de claudicación, de amoldamiento, como la aceptación de hechos consumados, que sitúa —entiendo yo— a cierto sector de la patronal en una posición puramente defensiva.

Lo que quieren, por encima de todo, y obviamente necesitan en el nuevo marco de relaciones laborales, es contar con una representación fidedigna, con un interlocutor válido que les refleje sin remoras las aspiraciones del personal. Y aquí se puede producir un grave espejismo, porque aceptando exclusivamente a CCOO y UGT van a negociar, simplemente, con funcionarios de los partidos políticos, y no con una representación neta de los trabajadores. Un grave error que puede colocar a los empresarios a merced de las directrices y apetencias de dos partidos marxistas, cuando resulta que, en la práctica, el porcentaje que pueden atribuirse las centrales en muchos casos es mínimo. De su totalitarismo al no querer aceptar la representación de los trabajadores pertenecientes a otros sindicatos, como los independientes, poco cabe añadir. Lo dice todo su conducta.

• Mientras tanto, el mundillo político sigue su curso. Felipe González marcha a la República Federal Alemana el lunes próximo sin duda para consultar con su jefe Willy Brandt cuántos millones le va a dar la Internacional para su lanzamiento electoral. Decían que también los suecos podían aportar sustanciosa tajada. La ETA, por su parte, acaba de cumplir en olor de multitud dos años de «voluntaria» contribución a su causa a través del impuesto revolucionario, mediante el cual muchos millones de los atemorizados empresarios vascos han servido para financiar sus «heroicas gestas de liberación nacional».

Cierta derecha, representada en Alianza Popular por un lado y en la Federación Liberal por otro, busca afanosamente su comparecencia. Los unos, como renovados; los otros, como innovadores.

Pero ni Fraga ni Areilza, que hace varios años pudieron capitalizar un consenso nacional casi unánime en una triple «entente» junto con Silva, apenas pueden hoy más que aparentar y aguardar su expectativa. Trueques del destino.

El PSP, por su parte, hace esfuerzos desesperados por situarse en cabeza y convoca a una «plataforma de partidos de izquierda» mientras que UCD evalúa metódicamente sus posibilidades y calcula que «podría sacar, en toda España, casi 35.000 concejales, y 5.000 alcaldes». Según estos sondeos, el PSOE sacaría 355 concejales y 3 alcaldes. Que Dios les conserve la vista.

JASA

 

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