Ante las elecciones sindicales     
 
 Diario 16.    13/01/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Ante las elecciones sindicales

En diferentes ocasiones y desde diversas coyunturas políticas hemos llamado la atención, a lo largo de los últimos meses, sobre la necesidad de clarificar, mediante elecciones, el panorama sindical español.

La razón histórica de éstas, el hecho de que sean las primeras libres que se celebran desde julio de 1936, es algo más que un argumento práctico para instalarse en el terreno de las consumaciones imprescindibles para la andadura de la democracia. Hay, pues, una necesidad general de dar este paso, que es una exigencia ineludible de nuestro momento histórico.

Ya estamos en puertas de las elecciones sindicales, y los argumentos de altos vuelos, como el anterior, ceden paso a cuestiones prácticas, de alcance más limitado, pero de radical importancia. En efecto, ante este hecho histórico interesa subrayar que se trata de una contribución de primer grado para la clarificación del panorama electoral del país, un tanto oscurecido por la veloz sucesión de acontecimientos tras la fecha clave del 15 de junio de 1977.

Las verídicas demarcaciones socialistas y comunistas, principalmente, han de verse sujetas de una vez a cifras contantes y sonantes, y no a las acostumbradas hipótesis a que nos tienen acostumbrados los propagandistas de UGT y CC OO, como parte de su estrategia electoral. En este terreno, también importa constatar cuanto antes las clientelas reales de las centrales menores, así como las posibilidades de juego sindical de la UCD. Datos todos ellos desconocidos y que importa conocer.

En otro orden de cosas, las elecciones sindicales supondrán otra contribución necesaria a la política de saneamiento de nuestra economía y, en consecuencia, a la consolidación de la democracia. Nadie, en efecto, ignora que la delimitación definitiva tanto de las bases como de las clientelas electorales de las centrales hará olvidar a éstas las contingentes tácticas electorales en las que hoy se encuentran inevitablemente embarcadas, lo que las permitirá ceñirse, más al terreno de los hechos, los datos y las posibilidades concretas de juego que se desprenden de ellos, sin tentaciones demagógicas como las que acarrea la captura del voto.

Ciertamente, el paso que va a darse, ni es definitivo ni fácil de dar. De entrada, ya contamos con elementos de confusión, como el propiciado por el Gobierno al remitir a las Cortes, con rara urgencia, y escaso sentido de la oportunidad, un proyecto de ley de acción sindical que, de hecho, entra en colisión con otro de objetivo similar propuesto por los socialistas y con el titulado "código de los derechos de los trabajadores" avalado por el PCE.

La iniciativa, ni es oportuna en el tiempo ni en el contenido, al ofrecer un proyecto regulador de la vida sindical mucho más restrictivo que los que se encuentran en debate. En definitiva, se anuncia un espinoso debate parlamentario sobre el tema, justo en los momentos en que menos conveniente: parece establecer diferencias entre los dos lados de la mesa donde se firmaron los pactos de la Moncloa.

Finalmente queda la negativa de CNT a aceptar estas elecciones, aconsejando el boicot radical de los trabajadores a los futuros comicios. El juego radicalista, una vez más, sigue la tentación de pescar peces revolviendo las aguas, lo que, si en parte es indicio de debilidad, por otro lado hace el juego a la política de freno propiciada por el Poder, y confunde aún más el ya confuso debate parlamentario sobre el grave problema de la futura vida sindical de ¡os trabajadores españoles.

 

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